Mi primera vez en la Feria del Libro.

Feria del Libro

Ya se ha terminado la Feria del Libro de Vigo 2017. Para muchos habrá sido una más, para algunos una menos, y habrá gente que haya pasado por la Feria (o la Feria por ellos, como en el dicho) sin pena ni gloria. Pero para mí ha sido «mi primera vez».

Sí, vale, es un chiste muy fácil, porque es la primera vez que firmo en un sitio tan importante, y la tentación de hacer la broma subida de tono es muy grande. Hasta podría completarlo con otro doble sentido aún más elaborado, y soltar algo como «Y la verdad es que me salió muy bien, y mira que dicen que la primera vez siempre es mala». Dios mío, cuánto daño ha hecho en este país el humor de máquina de café…

Lo que yo venía a contar aquí, después de tanto prólogo, es que este año, por primera vez, he participado como autor en la Feria del Libro de Vigo. Los maravillosos amigos de Librouro guardaron una fecha para mí y mis locuras, el 5 de julio a las 20 horas (en adelante declarado de interés general para mí y todos mis descendientes), y metieron mi nombre en el programa oficial. No pueden ni imaginar lo agradecido que estoy por algo así (aunque tampoco pienso llamar Librouro a mi primer hijo, mi agradecimiento no llegará a tanto, por muy contento que esté). Entre tantos grandes autores que han firmado en su caseta (por ejemplo, Davila, el día 6), allí estaba yo, pudiendo presumir de programa oficial. «La reina demonio del río Isis» y Editorial Trymar encontraron su huequecito entre aquel mar de libros de todas las épocas, libreros de oficio, casetas con solera y mucha afición. Los lectores pasaban por delante con los ojos muy abiertos, comiéndose con los ojos aquella infinitud de portadas multicolores, de nombres tan conocidos como miembros de su familia (y que, muchas veces, les han dado mayores alegrías que algunos familiares), y de alegría. Se palpaba la alegría en el ambiente, las ganas de disfrutar y de llevarse a casa obras que nunca hubieras sospechado, porque abundaban los deseos de dejarse sorprender. Algunos optaban por ir a lo seguro («Yo sólo leo novela negra, desde hace años», decía uno, «pero el niño que se lleve uno de Salgari, para que aprenda a leer de verdad»). Otros eran capaces de pronunciar los más extraños nombres nórdicos, con tal de encontrar el último éxito de su autor favorito.

Y allí estaba yo, armado tan sólo con la pluma de firmar (la buena, ésa que hace el trazo más fino que la Z del Zorro) y las más imaginativas dedicatorias. Porque claro, todo el mundo quiere que le pongas algo bonito, algo ocurrente y que no se parezca en nada a lo que le pusiste a la anterior. Por algo eres escritor, ¿no? Para currártelo. Y debo admitir (ahora que no me escucha nadie) que repetí algunos párrafos entre dedicatorias, pero juro que intenté ser lo más original y exótico posible (admiro a esa gente que incluye dibujos abigarrados o un intento de caligrafía medieval… eso no lo busques en mi caseta).

Resultado final: un sold-out total. Vamos, que nos quedamos sin libros, y se me pasó el tiempo de un plumazo, entre risas, recuerdos al gran Salgari (en una próxima entrada explicaré por qué hace años que le venero como a un dios) y muchas compras. Cómo no. Yo también padezco tsundoku, y a mucha honra.

Mil gracias de nuevo a los maravillosos libroureros, porque sin ellos nada de esto habría sido posible.

Tres apuntes, antes de que se me olviden:

  1. El emplazamiento de la Feria junto al Sireno es mil veces mejor que en la Alameda. El público llega en oleadas proveniente de la calle de las tiendas de moda, esto es, con ganas de gastar dinero. Y entonces se encuentran la Feria de bruces. Un acierto de marketing.
  2. Otra de las maravillas de esta Feria (aparte de conseguir una firma y caricatura de Davila) ha sido conocer finalmente en persona a Fran Zabaleta, impresionante escritor de novela histórica y aún mejor persona. Da gusto encontrar en la vida gente tan campechana, tan risueña y tan ilusionada con todo, además de ser un maestro de la literatura.
  3. No quería dejar de agradecer su detallazo a las chicas de Espazo Lector Nobel Vigo, que me llamaron por teléfono a propósito para ofrecerme firmar en su caseta, cuando ya me había comprometido con Librouro. Sólo por ver actitudes tan positivas y tanto trabajo por la cultura viguesa, vale la pena haber escrito una novela.

Un comentario en “Mi primera vez en la Feria del Libro.

  1. ¡Eh, me parece que salgo por ahí! Y conste, estimado lector, que todavía no le he entregado el jamón ibérico prometido. Aunque quizá me menciona por eso mismo, ahora que lo pienso…

    Bueno, sea como sea, Gabriel, tienes razón: esa primera vez es difícil de olvidar. Sin ir más lejos, recuerdo que mi primera vez fue… Esto, en fin, fue. Qué cosas, justo ahora mismo no me viene a la cabeza, pero fue muy chula. Creo.

    ¡Por muchas ferias y sobre todo muchos libros más!

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