Una promoción exclusiva para esta página web gracias a La Boutique de Zothique

Una de las ventajas de tener gustos literarios especiales es que te encuentras por el camino con otros locos semejantes a ti y juntos localizáis rincones mágicos donde todo es posible, no solo dar con obras de fantasía, ciencia ficción, terror y pulp que llevabas años buscando y por las que ya habías perdido la esperanza, sino además descubrir auténticos tesoros de las letras de los que no tenías noticias y resulta que hay gente que se ha ocupado de darlos a conocer.

Como lector, adoro las novelas de aventuras, esas obras llenas de piratas, bárbaros, hechiceros, detectives, exploradores, monstruos y dioses cósmicos imposibles de entender con nuestra pobre mente humana. Me fascinan los desiertos, las selvas, los mares azotados por tormentas, los planetas lejanos o las cuevas que llegan hasta el centro de la Tierra. Necesito emocionarme al leer, verme obligado a pasar la página y que mi mente no encuentre la paz hasta saber qué le ocurre al protagonista de la historia, quién es el responsable de esos crímenes rituales o si el hombre mono logrará escapar de esa atractiva reina de una nación primitiva que quiere sacrificarlo sobre un altar por haber rechazado sus proposiciones de amor.

La Boutique de Zothique es todo eso y más cosas todavía. Es una librería especializada en obras de emociones fuertes, en esas historias que no quieres soltar por nada del mundo, aunque llegues tarde al trabajo o a la cita de tus sueños. En sus estanterías —tanto físicas como virtuales— encontrarás a Robert E. Howard, H. P. Lovecraft, Seabury Quinn, P. Djèlí Clark, Catherine L. Moore, Robert Bloch, Ursula K. Le Guin, Javier Jiménez Barco, Clark Ashton Smith, Algernon Blackwood, Edmond Hamilton o August Derleth. Es decir, lo mejor del pasado y el presente en cuanto a la literatura de evasión, joyas universales que se comerán tu tiempo porque serás incapaz de soltarlas hasta la última página.

Recientemente, La Boutique de Zothique ha iniciado un boletín informativo diario mediante correo electrónico que merece mucho la pena. Solo con darte de alta en su página web, recibirás todos los días un mensaje de Jorge Plana avisando de novedades que han llegado a la tienda o recomendando textos que no conocías pero que, de pronto, se convierten en tus mejores amigos. El buen librero no es solo el que tiene los ejemplares que buscas, sino sobre todo el que te conoce mejor que nadie y saca de un rincón escondido un extraño libro del que no has oído hablar, que te llevas a casa y gracias al que disfrutas de un momento de placer enorme que esa persona te ha concedido. Jorge es esa clase de librero y sus boletines lo demuestran. Además, es escritor del género, con obras maravillosas como Más allá de la Costa Nómada y la saga de Honora Brim, y eso se nota en sus correos, que tampoco puedes abandonar hasta la última línea y que siempre te alegran el día.

Personalmente, me da mucho gusto ver su nombre entre los mensajes que llegan cada día a la bandeja de entrada, porque sé que adentrarme en sus locuras será una ocasión para evadirme de la rutina, el estrés y las obligaciones, exactamente igual que ocurre con los libros de La Boutique de Zothique.

Pues bien, aquí viene la promoción especial: si te suscribes a su lista de correo desde esta página web —algo totalmente gratuito y que podrás deshacer cuando quieras—, obtendrás un regalo muy valioso, Lázaro, un relato del escritor ruso Leonid Andréiev. Esta es la macabra historia de qué ocurrió con el personaje bíblico que volvió de entre los muertos, qué fue de él una vez resucitado. Y no tiene mucho que ver con lo que hemos sabido por los textos sagrados durante todo este tiempo.

Andréiev fue uno de los escritores más valorados por el público ruso de finales del siglo XIX y principios del XX. Autor sobre todo de relatos cortos y obras teatrales, su interés se centró en las angustias propias de la vida en su tiempo, con especial atención a la guerra, el sexo, la miseria, la locura, el terror, la maldad y la llegada inevitable de la muerte. Supo mezclar el realismo que imperaba entonces en las corrientes literarias de su país con un simbolismo proveniente de la Biblia o la mitología griega, lo que tuvo muy buena acogida, tanto como para que abandonara su trabajo como abogado y se dedicara plenamente a la escritura. Fue muy amigo y rival literario de Maksim Gorki, estuvo implicado de forma directa en el desarrollo de la revolución rusa y finalmente cayó en desgracia debido a su oposición al auge de los bolcheviques, lo que le hizo caer en la miseria, la enfermedad y la muerte con solo 48 años. Su obra, muy abundante, ha sido traducida con regularidad a nuestro idioma y, de hecho, existen numerosas ediciones en español desde los años veinte. Sin embargo, Lázaro es una pieza no muy conocida dentro de su vasta producción, una historia corta de una atmósfera angustiosa que utiliza como base el relato bíblico para hablar sobre cuestiones espeluznantes.

Sabemos por el Nuevo Testamento que Lázaro de Betania era un joven amigo de Jesús que contrajo una enfermedad de evolución muy rápida que lo llevó a la tumba. La familia contó a todo el mundo lo que sucedía, pero el Mesías no pudo llegar a tiempo de salvarlo y, cuando puso un pie en Betania, Lázaro llevaba tres días muerto. Aun así, el cariño que había sentido Jesús por el muchacho lo llevó a resucitarlo y otorgarle así una nueva oportunidad, lo que, según cuenta la Iglesia católica, duró varios años. Sin embargo, no tenemos noticias fiables de lo que ocurrió con Lázaro a partir de ese hecho. Unas tradiciones afirman que se convirtió en obispo en Chipre y otras que lo fue en la Galia.

Andréiev toma ese episodio bíblico para crear un relato estremecedor sobre un hombre que, durante tres días, ha contemplado lo que hay al otro lado de la muerte y se ve arrastrado de vuelta a la vida.

Si quieres conseguir este relato, date de alta en La Boutique de Zothique haciendo clic en este enlace y te aseguro que no te arrepentirás.

Más historias tétricas, autores malditos y resucitados a los tres días —o no— en este enlace.

Nominados a los Premios Ignotus y Premio Matilde Horne 2022

Pórtico, la Asociación Española de Fantasía, Ciencia ficción y Terror, ha hecho pública la lista provisional de nominados de este año a los Premios Ignotus. Este galardón, creado en 1991, se entrega anualmente para resaltar las mejores obras de estos géneros en cualquiera de sus formatos: novela, novela corta, cuento, antología, libro de ensayo, artículo, ilustración, producción audiovisual, tebeo, revista, novela extranjera, novela corta extranjera, cuento extranjero, sitio web y libro infantil–juvenil.

Según aclaran las propias bases, tienen derecho a voto los socios de Pórtico, los miembros en activo de las asociaciones afines con las que se hayan establecido convenios de colaboración, los mayores de 14 años que se inscriban libremente en el registro de votantes abierto para cada convocatoria y los mayores de 14 años inscritos en el Congreso Nacional de Ciencia Ficción (HispaCón) inmediato al proceso electoral.

Se considera candidata a los Premios Ignotus cualquier obra publicada en el año anterior, desde el 1 de enero al 31 de diciembre.

Los nominados del 2022 son:

En la categoría de mejor novela:

Brujas de arena, de Marina Tena Tena (editada por Insólita).

Dientes rojos, de Jesús Cañadas (editada por Obscura).

Innombrable, de Caryanna Reuven (editada por Crononauta).

La luna de Gathelic, de Inés Galiano (editada por Malas Artes).

Las edades de Itnis, de Salvador Bayarri (editada por Premium).

Omega, de Isabel Pedrero (editada por Insomnia).

En la categoría de mejor novela corta:

Carcoma, de Layla Martínez (editada por Amor de Madre).

El asesinato de Leah Phar, de Rafael de la Rosa (editada por Cerbero).

La caza del último ojáncano, de G. G. Lapresa (editada por Cerbero).

Pollo en pepitoria, de Andrés Zelada (editada por Cerbero).

Sagato, de Enerio Dima (editada por Cerbero).

En la categoría de mejor cuento:

Cinco mil dólares, de Isabel Pedrero (en Literentropía nº 3)

Interregno, de Nieves Delgado (en el sitio web Patreon).

No te sientes a la mesa de la bruja, de Marina Tena Tena (en el sitio web Patreon).

Sentir lo suficiente, de Caryanna Reuven (en el sitio web Patreon).

Vallparadís, de Inés Galiano (autoeditado).

En la categoría de mejor antología:

Bestiario de Tierra y Tinta, de Clara Dies Valls (autoeditada).

Cuentos para Algernon: Año IX, de autoría múltiple (editada por Marcheto).

Exilium: Primer Impacto, de autoría múltiple (editada por Cerbero).

La hermandad de la noche: cuentos de sangre y oscuridad, de autoría múltiple (autoeditada).

Todas las chicas descalzas, de Nieves Mories (editada por Dilatando Mentes).

En la categoría de mejor libro de ensayo:

Domingo Santos. Una vida de ciencia ficción, de Mariano Villarreal (editado por El Transbordador).

Infestación, de Érica Couto–Ferreira (editado por Dilatando Mentes).

La Nave Invisible: 5 años de travesía, de autoría múltiple (autoeditado).

Todas Gamers quinto aniversario Vol. 2: Con más esdrújulas, de autoría múltiple (autoeditado).

Soy lo que me persigue, de Ismael Martínez Biurrun y Carlos Pitillas Salvá (editado por Dilatando Mentes).

En la categoría de mejor artículo:

Autistas esisten o el fascinante (no) proceso de buscar ficción especulativa autista, de Andrea Penalva (en el sitio web La Nave Invisible).

¡Houston! ¿Houston? ¿Me recuerdas?, de Laura Huelin (en el sitio web La Nave Invisible).

La importancia del espejo: por qué hacer reescrituras queer de clásicos, de Andrea Penalva (en el sitio web La Nave Invisible).

Las 40 mejores novelas de viajes en el tiempo, de David Nel (en el sitio web David Nel).

El universo en F del genio de Maine, de David P. Yuste y Tony Jiménez (en Círculo de Lovecraft nº 17).

En la categoría de mejor ilustración:

Cubierta de En las profundidades, de Joey Hi–Fi (editada por Crononauta).

Cubierta de Exilium: Primer Impacto, de Juan Alberto Hernández (editada por Cerbero).

Cubierta de Innombrable, de Sara H. Randt (editada por Crononauta).

Cubierta de Las bestias olvidadas de Eld, de María Matos (editada por Duermevela).

Cubierta de Vallparadís, de iSouru (autoeditada).

En la categoría de mejor producción audiovisual:

Café librería, canal de Twitch de Carla Plumed.

Droids & Druids, pódcast de Amanda Iniesta, Elena Torró e Inés Galiano.

La cuarentena, programa de Editorial Cerbero.

Las escritoras de Urras, pódcast de Maielis González y Sofía Barker.

Lumak, pódcast de Ander Mombiela y Eleazar Herrera.

En la categoría de mejor tebeo:

Calavera lunar, de Albert Monteys (editado por Mai Més).

Chocozombi apocalíptico, de Felipe Arambarri, Miguel Ángel Sánchez y Samir Karimo (autoeditado).

Enseñanza Mágica Obligatoria, de Sergio S. Morán (autoeditado).

Nada del otro mundo, de Laurielle (editado por Fandogamia).

Villanueva, de Javi de Castro (editado por Astiberri).

En la categoría de mejor revista:

Círculo de Lovecraft, de Amparo Montejano.

Droids & Druids, de Inés Galiano y María Dolores Martínez.

Supersonic, de Alicia Pérez Gil, Cristina Jurado y Nieves Mories.

Tentacle Pulp, de Francisco Javier Giménez Carrero.

Windumanoth, de Álex Sebastián, David Tourón y Víctor Blanco.

En la categoría de mejor novela extranjera:

Gideon la Novena, de Tamsyn Muir (con traducción de David Tejera Expósito, editada por Nova).

La ciudad justa, de Jo Walton (con traducción de Blanca Rodríguez, editada por Duermevela).

Las mareas negras del cielo, de Neon Yang (con traducción de Carla Bataller Estruch, editada por Duermevela).

Piranesi, de Susanna Clarke (con traducción al castellano de Antonio Padilla Esteban, editada por Salamandra, y con traducción al catalán de Ferran Ràfols Gesa, editada por Amsterdam).

Reyes de la tierra salvaje, de Nicholas Eames (con traducción de David Tejera Expósito, editada por Gamon).

En la categoría de mejor novela corta extranjera:

En las profundidades, de Rivers Solomon, Daveed Diggs, Jonathan Snipes y William Hutson (con traducción de Carla Bataller Estruch, editada por Crononauta).

La belleza, de Aliya Whiteley (con traducción de José Ángel de Dios, editada por Dilatando Mentes).

La maldición del tranvía 015, de P. Djèlí Clark (con traducción de Rebeca Cardeñoso, editada por Duermevela).

Los hilos rojos de la fortuna, de Neon Yang (con traducción de Carla Bataller Estruch, editada por Duermevela).

Se buscan mujeres sensatas, de Sarah Gailey (con traducción de Carla Bataller Estruch, editada por Crononauta).

Ser devorado, de Sara Tantlinger (con traducción de José Ángel de Dios, editada por Dilatando Mentes).

En la categoría de mejor cuento extranjero:

Guía para razas trabajadoras, de Vina Jie–Min Prasad (con traducción de Carla Bataller Estruch, editada por Crononauta).

La mujer de terracota, de Zen Cho (con traducción de Rebeca Cardeñoso, editada por Duermevela).

Madres cañeras en el apocalipsis zombi, de Rae Carson (con traducción de Carla Bataller Estruch, editada por Crononauta).

Me casé con un monstruo del espacio exterior, de Dale Bailey (con traducción de Marcheto, en Cuentos para Algernon).

Señor Muerte, de Alix E. Harrow (con traducción de Marcheto, en Cuentos para Algernon).

En la categoría de mejor sitio web:

ConsuLeo, de Consuelo Abellán.

Cuentos para Algernon, de Marcheto.

Matreon, de Crononauta.

La Nave Invisible, de autoría múltiple.

La Tercera Fundación, de la asociación Los conseguidores.

En la categoría de mejor libro infantil–juvenil:

Catalejos para mirar muy de cerca, de Maielis González (editado por Cerbero).

El campamento, de Rocío Remesal (editado por Cerbero).

El ciclo de vida de la mariposa nocturna, de Bruno Puelles (editado por Dolmen).

El medallón de la luna, de Alba G. Callejas (editado por Selecta).

La hija de la bruja, de Yolanda Camacho (editado por Cerbero).

Ahora queda la segunda fase, en la que los votantes eligen la obra ganadora en cada categoría. ¿A qué estás esperando para votar? ¿Ya has hecho tu quiniela sobre los Ignotus?

Si quieres más información, te cuento que sobre algunos de estos seleccionados he escrito anteriormente, tanto en el boletín mensual de las mejores novelas y cómics de aventuras ⸺que puedes encontrar en este enlace⸺, como en las reseñas que hago para la web Libros Prohibidos ⸺que encontrarás aquí⸺.

Además, desde este año, Pórtico entrega también el Premio Matilde Horne a la mejor traducción, cuyos nominados son los siguientes:

El único indio bueno, de Stephen Graham Jones. Traducción de Manuel de los Reyes (editada por La biblioteca de Carfax).

Gideon la Novena, de Tamsyn Muir. Traducción de David Tejera Expósito (editada por Nova).

Las mareas negras del cielo, de Neon Yang. Traducción de Carla Bataller Estruch (editada por Duermevela Ediciones).

Ring Shout. Nuestro cántico, de P. Djèli Clark. Traducción de Raúl García Campos (editada por Obscura Editorial).

Yo soy el río, de T. E. Grau. Traducción de José Ángel de Dios (editada por Dilatando Mentes Editorial).

Los nombres están dados. Ahora, ¡que gane el mejor!

Más información, nominaciones y noticias extrañas en este enlace.

¡Feliz Día del Orgullo Friki!

Desde el año 2006, se celebra en España, y posteriormente en todo el mundo, el Día del Orgullo Friki —Geek Pride Day, en inglés—. Esta festividad tiene la intención de popularizar una forma de pensamiento imaginativo, solidario y asociacionista, que nace de las viejas leyendas y abarca distintas generaciones.

Superhéroes, stormtroopers, orcos, zombies, camisas rojas o cazadores de monstruos se unen hoy en una celebración común, de la misma forma que antiguamente se reunían las tribus en torno a una hoguera y se contaban sus historias. Es el día de los gamers, los trekkies, los muggles y unos cuantos grupos más, miembros de una comunidad creciente, que ha visto cómo sus planteamientos salían a la luz y se convertían en la generalidad. Hoy en día todo el mundo sabe dónde nació Thor, quién era el portador del Anillo Único o qué reglas no debe saltarse un gremlin, pero hace un tiempo ese conocimiento formaba parte de una especie de culto secreto. Los frikis éramos una subespecie rara, con un idioma propio y reuniones clandestinas para hablar de «nuestras cosas» —generalmente el nuevo uniforme de Lobezno o la resurrección de Fénix—. Gracias a eso, aprendimos que hay distintos colores de estrellas, cada uno con su propio tipo de radiación; supimos de la teoría de universos paralelos o de los viajes en el tiempo; o descubrimos el amor adolescente a la vez que nuestro trepamuros favorito. También supimos lo que implicaba la pérdida, cuando ni siquiera el Último Hijo de Krypton pudo salvar a sus padres. Eso, de algún modo, nos preparó para las pérdidas que cada uno de nosotros tendría que asumir en el futuro.

Desde hace 14 años, el 25 de mayo es el Día del Orgullo de Friki, porque un 25 de mayo de 1977 se estrenó «Star Wars episodio IV: Una nueva esperanza» —que en aquel entonces se llamaba «La guerra de las galaxias»—. También el 25 de mayo se conmemora el Día de la Toalla —en recuerdo de «La guía del autoestopista galáctico»— y el Magnífico 25 de mayo —de la saga del Mundodisco, de Terry Pratchett—.

Es la fiesta de la imaginación, de los sueños compartidos, de las ilusiones ficticias. Es el legado de los mitos antiguos, del fuego de los dioses y de las musas que susurraban al oído de los artistas.

Es el recuerdo de los niños que fuimos y que se quedaron para siempre en el País de Nunca Jamás.

Más celebraciones, recuerdos, sueños y locuras variadas en este enlace.

«De viva voz», la lectura de terror dramatizada

Recientemente asistí, vía streaming, a un evento de lectura dramatizada. «De viva voz» es un proyecto actoral sorprendente, que aúna lectura de relatos clásicos, música e interpretación. El espectador siente la narración de una forma mucho más participativa, más envolvente. Puedes verte inmerso en la época en la que transcurre la acción, gracias a la labor de estos «lectores», que sirven como unos juglares modernos.

De la misma forma que aquellos narradores iban por los pueblos llevando la fantasía a la gente, con su habilidad para contar hechos reales o ficticios, pero de una manera apasionante, «De viva voz» trae la literatura a la gente, la personifica y la renueva. En una época en la que parece que todo está inventado, y en la que además España no es una de las mejores potencias en estadísticas de lectura, este proyecto me ha parecido revolucionario. El placer de asistir a un evento de esta clase es inmenso, te lo aseguro.

«De viva voz» tiene una larga experiencia en lecturas en vivo pero, lamentablemente, la situación de epidemia por coronavirus paralizó la gira que estaba prevista y obligó a que sus responsables se quedaran en casa. Por suerte, no estuvieron ociosos y reinventaron su espectáculo, con la posibilidad de llevarlo a cabo online.

Estos días pude asistir, desde el sillón de casa, a una terrorífica lectura de dos relatos de Edgar Allan Poe y de «Las que pintaron la oscuridad», de Óscar Navas; todo en la voz de Carlos Tolmo y Raúl García. Te aseguro que aún me dura el escalofrío en el cuerpo. Su interpretación llega de una forma tan intensa que pasas a formar parte de la acción, te implicas y te estremeces como uno más de los personajes del cuento. Es un deleite añadido a la simple narración de un texto escrito. Es una forma nueva y maravillosa de disfrutar de la lectura.

Si aún no los conoces, échale un vistazo a su página de Facebook en este enlace: «De viva voz».

Más locuras apasionantes en este otro enlace de aquí.

Pon un bote literario en tu vida y ahorra leyendo

Bote literario

Leí la idea hace poco en un blog e inmediatamente lo he hecho en casa. Yo siempre he sido muy lanzado para algunas modas, no tanto para los bailes con coreografia, pero sí para estas cosas intelectuales.

El concepto es muy sencillo: el bote literario consiste en ahorrar un euro por cada libro que hayas leído y guardarlo. Su contenido no se puede tocar hasta final de año, y todo lo que hayas acumulado no se puede gastar más que en nuevos libros.

¿Qué te parece?

Por fin podrás sentir que todo ese tiempo empleado en leer te resulta rentable, más allá de ganar cultura, entender el mundo, enriquecer tu vocabulario, crear espíritu crítico y disfrutar. Sí, además ahorrarás dinero.

Pero es que encima los libros del año que viene te saldrán gratis, o al menos en parte. O ya los habrás pagado durante este año, que es más o menos lo mismo. Unos libros atraen a otros, se llaman y se atraen a las estanterías de tu casa. Lo de que cada vez ocupen más espacio y ya no tengas dónde meterlos no lo vas a solucionar con esta idea, ni seguramente con ninguna otra, pero tampoco podemos pedir milagros.

Yo ya llevo 15 euros ahorrados en este 2018.

¿Te apuntas?

Más locuras semejantes, o todavía peores, en este enlace.

¡Éxito apoteósico de la celebración verniana en Vigo!

Verne y yo

La semana pasada la ciudad de Vigo se volcó con Jules Verne, recordando que, según la novela «20.000 leguas de viaje submarino», el capitán Nemo entró en la ría de Vigo hace exactamente 150 años, para apropiarse de los tesoros que aún yacen en su fondo. Verne aprovechaba el pasaje para contar a sus lectores la batalla de Rande y declarar que la riqueza del capitán Nemo provenía del oro y la plata que rescataba de aquellos galeones hundidos.

Y la ciudad de Vigo se ha llenado de capitanes Nemo, de «Nautilus», de charlas, de rutas literarias y de un montón de proyectos de futuro. Han sido unos días sensacionales dedicados al genio de Nantes, que pretenden convertirse en tradición para los próximos años. Pueden consultarse algunos artículos relacionados con el evento en este enlace, este otro enlace, y este otro de aquí.

Y yo terminé la celebración montando en un moderno «Nautilus», donde un robot submarino llamado Nemo enseña la impresionante riqueza de la ría de Vigo, tanto en especies animales y vegetales como en restos de navíos que se hundieron en sus aguas. Nunca pensé que los cañones sepultados hace tres siglos pudieran distinguirse con tanta facilidad. El viaje es muy recomendable, tanto para expertos como aficionados, y toda la información se encuentra en la página web de la naviera Ocean Secrets.

La aventura no queda tan lejos. A veces no hace falta llegar hasta los Polos, como hizo el capitán Nemo, sino que el viaje más maravilloso puede encontrarse en tu propia ciudad.

De Verne a Vigo

Más aventuras, más viajes y más historias apasionantes en este enlace.

2017 en «Vigo é»: un vigués de adopción en la sección cultural de un periódico.

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¿Alguna vez te has sentado a ver la ría de Vigo desde el impresionante mirador del Paseo de Alfonso XII? ¿O has visitado la antigua fortificación del monte del Castro? ¿O la villa romana de Toralla, la ensenada de San Simón o las islas Cíes? Vigo es una ciudad llena de aventuras, por donde caminaron personalidades tan significativas como Francis Drake, Jules Verne o Cachamuíña. Sus calles están plagadas de historias fascinantes, y su presente es tan dinámico, tan vivo y tan puntero que hace falta un medio realmente propicio para seguirlo de cerca.

«Vigo é» es el gran periódico digital de la ciudad olívica. Cada día publica la actualidad más inmediata y los artículos más interesantes. Algunos de ellos, míos. Su trabajo resulta tan apasionante que es un honor formar parte de la tripulación de ese barco (aunque yo sólo me dedique a limpiar la cubierta).

Este año ha sido especialmente rentable a la hora de publicar artículos y relatos en «Vigo é», además de hacerme sentir como en casa. Incluso, al tratarse de un periódico digital, puedo estar de verdad en casa mientras escribo, incluso con pantuflas y taza de café. Y luego lo llaman trabajar…

Aquí van los artículos más destacados de este año que termina hoy:

 

«Las hadas de los recuerdos»

En enero tocó ponerse sensible, con un relato sobre los últimos coletazos de la Navidad y una peculiar Oficina de Ajustes, personificada en su agente más problemático. Una obra de teatro breve dedicada a la ciudad de Vigo y a uno de sus personajes más conocidos.

 

«La verde espada»

En abril se cumplieron 401 años de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, así que repetí la osadía de escribir teatro, o por lo menos una obrita no demasiado vergonzosa. Espadachines, duelos y una trama de espionaje para intentar el rescate de un preso muy especial, que se encuentra bajo custodia otomana. ¿Lograrán devolverlo a territorio cristiano?

 

Rande, la batalla que hizo arder la ría de Vigo.

Octubre es, sin duda, el mes de la batalla de Rande. Habían pasado ya 315 años de uno de los eventos más cruciales que han marcado la historia de la ría, una batalla que cambió el mundo y sobre la que escribí uno de los artículos de los que estoy más orgulloso en toda mi vida. Quizá no sea bueno, pero a mí me gustó. No, ya en serio, es muy bueno, hablando de manera objetiva.

 

Días de difuntos: distintas culturas y países recuerdan a los que ya no están.

El día de todos los santos y Halloween son celebraciones muy extendidas en España actualmente, pero en absoluto son festejos autóctonos ni tampoco inventados. En este artículo repaso los distintos cultos alrededor de la muerte que ha habido en la historia de la humanidad, incluyendo los megalitos prehistóricos, el animismo, el barquero Caronte, el juicio de Osiris, el entierro celestial o el año nuevo celta, de donde provienen las tradiciones que disfrutamos ahora. Un vistazo rápido a milenios de creencias en «otra vida».

 

Robert Louis Stevenson: hoy el patriarca de la novela de aventuras cumpliría 216 años.

No es sólo que creara prácticamente solo todo un género literario, o que sus obras sigan estando, tantos años después, en lo más alto de cualquier ranking de las mejores novelas de aventuras de la historia, sino que encima la imagen que asociamos de manera automática con los piratas (parche, pata de palo y loro en el hombro) se la inventó él. Nunca hubo piratas de esa guisa, sólo en su imaginación. Por cosas así, había que rendirle un homenaje.

 

«La librería», de Penélope Fitzgerald, la novela de la que habla todo el mundo.

Hay obras que, por mucho tiempo que pase, merecen ser desempolvadas cada cierto tiempo, no sólo por lo mucho que nos hacen aprender, sino también por puro deleite. Esta novela es una de ellas. Breve y directa, la recordarás durante años. Y encima dio pie a la última película de Isabel Coixet.

 

Un clasicazo que vuelve al cine: «Asesinato en el Orient Express», de Agatha Christie.

¿Ya he confesado públicamente mi amor por los clásicos? No lo suficiente, ¿verdad? En noviembre llegó a las pantallas la última cinta de Kenneth Branagh, basada en una novela corta pero terriblemente compleja de la reina de la literatura policiaca. Hercule Poirot se queda encerrado en un tren con un montón de sospechosos de un horrendo crimen. ¿Serás capaz de adivinar el nombre del asesino antes que él?

 

«Tierra de campos», de David Trueba: una novela sobre padres que se convierten en hijos e hijos en padres.

Una de las fases más complicadas de la vida es ésa en la que tus padres se hacen ancianos y tú pasas a ser su referente, en la que son ellos los que se vuelven dependientes y tú pasas a ser el jefe del grupo. Mentalmente es terrible darte cuenta de que son ellos los que te necesitan ahora, que las tornas han cambiado. David Trueba consigue transformar ese sentimiento en una divertida historia sobre el retorno al pueblo de origen a bordo de un coche fúnebre, con un conductor muy extraño y mil recuerdos estrambóticos. Una de las historias más recomendables del año.

Feria del Libro

Y esto es lo que ha dado de sí el año, que ya es mucho.

Allá adelante encontraremos artículos muy prometedores, como el de «Una bolsa de canicas», de Joseph Joffo (entre los clasicazos); o «Más allá del invierno», de Isabel Allende (entre las novedades literarias).

Nos queda un universo entero de aventuras por descubrir ahí fuera, y 12 meses cargaditos de ideas.

¿Me acompañas?

 

 

10 de noviembre, Día de las Librerías: yo soy persona gracias a una librería.

Cinania

Hoy se celebra la séptima edición del Día de las Librerías, un evento nacional que busca sensibilizar acerca de la importancia de estos lugares y festejar su existencia. Y un año más me sorprende que esto sea una noticia (puedes ver mi artículo del año pasado en este enlace).

Yo me hice persona en una librería. Mi infancia la pasé en un rincón fabuloso de una callejuela de Madrid, Librerías Sánchez, se llamaba. Allí tenían comics retapados de los clásicos de Ediciones Zinco, que mi padre me compraba cuando no era más que un mocoso. Mi primer cómic fue de Superman, una historieta de Cary Bates y Curt Swan donde el Hombre de Acero se enfrentaba a su viejo villano Quimik, una central nuclear andante que regresaba a la Tierra montado en un meteorito. Sí, así de loco era todo en aquellos tiempos, un derroche de imaginación que se metió en mi cabeza para siempre. Gracias a eso pasé a las ediciones ilustradas de obras de Jules Verne y Emilio Salgari, y de ahí a Robert Louis Stevenson, Robert E. Howard y otros genios similares. Así me hice adulto, así aprendí valores y enseñanzas básicas. Así descubrí el mundo que me rodeaba.

Hoy las librerías también son mis lugares favoritos: Trotalibros, Librouro, Norma, Sousa, Rayuela y Hobbit en Vigo; Cinania y Paz en Pontevedra; el Pozo de los Tres Deseos en Cangas… Los sueños, la aventura y la ilusión habitan en sus estantes, y su magia se desborda por la puerta, buscándote. Burroughs, Baricco, Pérez-Reverte, Madrid, Gaiman y Moore han creado un universo variado que devorará las horas de tus días, te engrandecerá y te hará un mejor humano.

Te hará creer que un mundo mejor es posible.

¿Hay algo más maravilloso que eso?

Más librerías, más viajes y más aventura en este enlace de aquí.

Por qué decidí ser escritor: A propósito de Literania 2017

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Esta semana tuve la enorme fortuna de participar en Literania 2017. Feria atípica donde las haya, celebraba su primera edición en el Parque de La Vaguada, en Madrid, y derrochaba constantemente ilusión. Desde su organizadora, la fantástica Lusa Guerrero, cuyo amor por los libros superaba cualquier expectativa; hasta los muchos locos, soñadores y emprendedores que nos juntamos bajo aquellas carpas blancas. Ha sido increíble formar parte de un proyecto así, ha sido ilusionante y me ha llenado de energía para unas cuantas vidas más. Pasear entre aquellas mesas suponía disfrutar de la magia de la creación, conocer autores de obras apasionantes y compartir su empeño por mostrar al mundo su trabajo, armados tan sólo con una sonrisa esperanzada y un bolígrafo bueno de firmar. Y una infinita ilusión por la literatura.

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Por eso decidí ser escritor, para compartir yo también mi empeño y recibir el de otros, para conectar de maneras que resultan imposibles sólo con el lenguaje hablado, para ocupar la misma mesa de novedades que autores grandísimos, para coger un micrófono y explicar ante una multitud lo que he hecho (justamente el mismo micrófono que habían utilizado Alberto Vázquez-Figueroa y Ana González Duque, de los que intento aprender día a día), para expresarme con palabras escritas que durarán para siempre.

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El tiempo pasa y cada vez soy más viejo, pero eventos así servirían para llenar de alegría una veintena de vidas, si mi dichoso karma tiene a bien concedérmelas. Salí de Literania con la convicción de que hay grandes personas dedicándose a las letras, y es un orgullo enorme poder codearse con ellas un solo día, un momento del tiempo efímero o una eternidad. Quién sabe.

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Qué he aprendido como autor de novela histórica de aquellos pueblos que han logrado perdonarse.

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Dos de mis pecados capitales son la Historia y los realitys, supongo que por eso me encantan las novelas de aventuras, porque están a medio camino de ambos. Alejandro Dumas nunca fue un historicista, y de hecho presumía de manipular los hechos reales a su antojo para que casaran mejor en sus novelas. Todo estaba supeditado a la trama, y nadie se llevaba las manos a la cabeza, pues las reglas del juego estaban expuestas desde el principio. Las obras de Arturo Pérez-Reverte, en cambio, sí hacen gala de una corrección histórica exquisita, que de igual modo está supeditada a lo que él quiere contar. Cuentan que se enfadó hasta límites insospechados cuando vio ondear una bandera errónea en la serie de televisión basada en sus personajes. Era sólo una bandera de fondo, pero no era la correcta para ese período histórico. Él tenía claro que la trama del capítulo no era la bandera, ni siquiera influía lo más mínimo, pero estaba ahí, en el plano final, así que no podía permitir que estuviera equivocada.

Ésa es una de las mayores lecciones sobre autoexigencia en el trabajo literario. No hacía falta que nadie protestara por esa incorrección: él mismo protestaría más que ningún otro.

¿A dónde quiero ir a parar?

A la moraleja del día: puedo aceptar que se altere la Historia real en aras de la trama de una novela (explicando en algún apéndice del libro cómo y por qué se tomaron esas decisiones, como hace por ejemplo Manfredi), pero lo malo es que hoy en día se recurre a ello sobre todo por corrección política. No querer molestar, no ofender susceptibilidades, no causar enfados… Ésas son las razones principales para decir las cosas de un modo elegante. Olvidando los pasajes más terribles para que nadie se altere.

Anoche descubrí otra razón aún más importante. Por absolución.

Fue cuando vi «Planeta Calleja», un buen programa de aventuras en el que determinados famosos, uno por semana, exploran selvas perdidas en África, o vuelan sin motor en lo más remoto de Asia o cosas parecidas. Para un soñador como yo, éstas son quizá las últimas oportunidades para vibrar con un auténtica aventura, inmersos como estamos en un mundo donde todo ha sido descubierto, donde ya no quedan manchas borrosas en los mapas ni territorios inexplorados. ¿Qué romanticismo puede haber ya? ¿Diseñar un mundo nuevo por ordenador o volver una y otra vez a momentos pasados? ¿Las aventuras sólo pueden transcurrir en el pasado, nos hemos vuelto demasiado aburridos (Clive Cussler tendría mucho que decir al respecto, pero eso será tema para otra entrada)?

El caso es que anoche Jesús Calleja y Carles Francino recorrían Cabo Verde, donde se encuentran algunos de los rincones más bellos del mundo. Corrían por sus infinitas playas, buceaban en sus aguas de un azul de ensueño y finalmente descendían haciendo rapel por una de las gargantas de roca más altas que existen, y por la que nunca había pasado nadie. Una auténtica proeza. Una delicia.

En un momento determinado, Calleja y Francino conversaban con algunos chavales de la zona y les preguntaban cómo era la vida por allí.

—Muy pobre —decía uno de ellos —. Nuestra vida es muy pobre, pero vamos saliendo adelante.

—¿Y qué tal la relación con los portugueses? —preguntaba Francino —. Porque aquí hubo «de todo».

—¡Ah, nos llevamos bien! Algunos todavía les guardan algo de rencor por el tema de los esclavos, pero nada más. Los demás, muy bien.

Y esa contestación me golpeó en el estómago como un puño.

Los portugueses, igual que muchas otras grandes potencias colonizadoras, cometieron un sinfín de atrocidades en Cabo Verde. El comercio de esclavos arrasó el África negra durante siglos, granjeando enormes fortunas para los imperios del norte, que no temblaron a la hora de destruir a pueblos enteros, coronar y deponer reyes a su antojo, bombardear cuando les venía en gana, y en definitiva marcar las leyes de unos territorios que siempre fueron salvajes y de unos grupos humanos que durante mucho tiempo fueron considerados menos que bestias. Las caravanas de esclavistas árabes, las torturas, las mutilaciones y barcos cargados de hombres, mujeres y niños. El horror en todas sus formas, no sólo a cambio de riquezas, sino también del poder.

¿Y ahora ya todos se llevan bien?

Es sin duda un ejercicio de borrón y cuenta nueva similar al que hicieron los alemanes para olvidar el nazismo, o tantos otros pueblos que deciden valientemente encarar el futuro sin tener siempre presente el horror del pasado. Aceptar quiénes fueron pero no dejar que eso les robe el porvenir. Es realmente precioso, y muy admirable.

Ojala todos los pueblos seamos capaces de algo así. De perdonarnos.

Yo escribo novelas ambientadas en ese turbulento pasado, pero agradezco que el resto de la humanidad no piense en eso día a día, que ya no queden revanchas, sino sólo material para estupendas novelas de aventuras.

Moraleja:

El mundo, sobre todo Cabo Verde, es un lugar demasiado bonito para seguir odiándonos, y la emoción debería reservarse para las aventuras, no para la guerra.

Por eso adoro escribir aventuras.