Proyecto #CalendarioLiterario: Las mejores novelas de aventuras a un solo clic.

Calendario literario febrero

Desde que somos niños y vamos a la escuela, nos bombardean con la misma cantinela: los clásicos de la literatura están ahí por algo. Hemingway, Steinbeck, Dickens, Verne, Salgari…. Sus nombres están grabados a fuego en los libros de texto, las estatuas de los parques y las mentes de los influenciables chiquillos.

¿Y de verdad valen para tanto?

Algunas de las mayores obras de la literatura universal han sufrido reescrituras y adaptaciones con el paso de las décadas, para llegar mejor a los gustos, costumbres y mentalidades de las nuevas épocas. Que si el Quijote y su castellano antiguo, la rimbombancia de Homero o las frases machistas y racistas de Salgari. ¿Eso hace sus obras peores, o sólo más ancladas en la época en que fueron concebidas?

¿Qué es lo que determina que una obra sea buena, objetivamente buena, más allá de los gustos y querencias de cada lector, o cada época, o cada sitio?

Pues eso es lo que me he propuesto averiguar este 2018. Durante todo el año revisaré la obra de un montón de autores clásicos, su importancia en la evolución de la literatura y el valor actual que tiene (si ha quedado desfasada o si es vital que te lances ahora mismo). Todo con la etiqueta #CalendarioLiterario.

¿Te apuntas?

Los escritores propuestos son los siguientes. En cada nombre encontrarás el link que te lleve a la reseña correspondiente, y al lado un link a otro artículo acerca de su influencia literaria, y todo se irá actualizando mes a mes:

José Mallorquí

En febrero:

Valerio Massimo Manfredi

En marzo:

Mathias Malzieu

En abril:

Benito Pérez GaldósEn mayo:

  • A. E. W. Mason.
  • J. M. Barrie.
  • Benito Pérez Galdós.
  • Sir Arthur Conan Doyle.
  • Ian Fleming.

Hugo Pratt

En junio:

Jesús Sánchez Adalid

En julio:

  • Jesús Sánchez Adalid.
  • Nathaniel Hawthorne.
  • Clive Cussler.
  • Alexandre Dumas.

Mary Shelley

En agosto:

Emma Orczy

En septiembre:

Alberto Vázquez-Figueroa

 

 

En octubre:

Robert Louis Stevenson

En noviembre:

Joseph Conrad

En diciembre:

  • Joseph Conrad.
  • Patrick O´Brian.
  • Juan Gómez-Jurado.
  • Burne Hogarth.
  • Rudyard Kipling.

Mes tras mes, la idea es ir felicitando a cada autor en el día de su cumpleaños, compartiendo con todo el mundo sus mejores trabajos. Claro, todos los seleccionados son autores de obras de aventuras, porque ésta es la página de las aventuras, que trata sobre los autores y las novelas y cómics de aventuras de todos los tiempos.

¿Me acompañas?

(Por cierto, yo aún no soy un clásico, pero mi cumpleaños es el 9 de diciembre y también acepto regalos, ahí lo dejo).

Más locuras sobre los clásicos, sobre las aventuras y sobre los cumpleaños en general en este enlace.

Spanish_Galleon

10 asombrosas aventuras en lugares exóticos que descubrimos durante este 2017.

El año llega a su fin, al menos en nuestro calendario. Lo del Año Nuevo Chino lo dejaremos para un artículo más específico, porque también es una gran historia.

En estas fechas todo el mundo corre a hacer balance de lo ocurrido, lo bueno y lo malo, lo esperado y lo insólito. Y si yo llevo tiempo dedicándome a las novelas de aventuras, no podía dejar pasar esta oportunidad de hablar de viajes a parajes recónditos, de historias asombrosas y héroes desconocidos.

Concretamente de 10 historias maravillosas que he descubierto en el 2017.

¿Empezamos? (haz click en cada título y verás el impresionante contenido que alberga)

1

 

1. La seductora reina de la isla de Anatahan:

El viaje comenzó en mayo, cuando supe de la llamada «Locura de Anatahan», un mal que desquiciaba a todo hombre que pusiera un pie en esta isla volcánica situada en el Océano Atlántico. Durante la Segunda Guerra Mundial, treinta marineros japoneses se atrincheraron en la isla, sin sospechar que caerían en las garras de Kazuko, su despiadada reina, cuya principal diversión era hacer pelear a los hombres por sus favores.

Anatahan8

 

2. Las casa de piedra de Matera y la Cripta del Peccato Originale: Sólo unos días después descubrí los secretos de Matera, una pequeña localidad italiana cuyas grutas excavadas en la piedra caliza han estado habitadas, de forma ininterrumpida, desde el Paleolítico. Y en su interior albergan pinturas y decoraciones que hablan sobre las distintas épocas de la Humanidad. Una de las zonas más interesantes es la Cripta del Peccato Originale, habitada por monjes benedictinos durante el siglo IX d.C., y que muestra frescos tan valiosos como el de Adán y Eva, donde puede verse que el «fruto prohibido» del que habla la Biblia no era originalmente una manzana.

Caveof100saintsentrance

 

3. El fastuoso palacio sumergido de Jal Mahal: Ésta es una de mis historias favoritas de todos los tiempos, la del impresionante palacio construido en el siglo XVIII dentro de las aguas del lago Man Sagar, en Jaipur, al oeste de la India. Lo sorprendente es que el palacio presenta cuatro de sus cinco plantas sumergidas, y en ellas no hay absolutamente nada, ni muebles, ni dependencias utilizadas con ningún fin. Sólo cuatro plantas vacías y ubicadas bajo el agua. No es extraño que se hable de «la maldición de Jal Mahal».

Mahal 2

 

4. Danzan Ravjaa, el Lama de Gobi, y su comportamiento licencioso: En junio escribí sobre un verdadero «hombre del Renacimiento», que vivió en la Mongolia del siglo XIX: Danzan Ravjaa pintaba, componía canciones, escribía poemas y obras de teatro, y dominaba un sinfín de ciencias, sobre las que llegó a escribir importantísimos tratados. También bebía y practicaba sexo con desenfreno, como parte de unos famosos rituales en los que afirmaba combatir espíritus malignos a través de la magia de su cuerpo. El gobierno lo combatió con ahínco y finalmente murió en extrañas circunstancias, parece ser que por obra de una amante que lo envenenó. Y eso que él mismo había predicho su muerte.

Danzan_Ravjaa,_Sainshand

 

5. La impresionante Capella de Nossa Senhora das Vitórias, uno de los más hermosos regalos de amor: Si Danzan Ravjaa era un intelectual admirado, no menos lo fue José do Canto: bibliográfo, botánico y repoblador de las islas Azores. Su obra más impresionante es la Capella de Nossa Senhora das Vitórias, de estilo neogótico, erigida en recuerdo de su amada esposa, a la que perdió demasiado pronto. Y ahora ambos descansan en su interior, rodeados de la maravillosa vegetación que José ayudó a plantar.

Capela_de_Nossa_Senhora_das_Vitórias,_(Ermida_de_José_do_Canto),_fachada,_Lagoa_das_Furnas,_ilha_de_São_Miguel,_Açores

 

6. La guerra que hizo cerrar unas termas y acabó con el estilo de vida imperial: En julio me puse nostálgico, pero también muy realista, quizá demasiado. Las termas del Gran Hotel Wildbad, en los Alpes italianos, fueron durante largo tiempo el símbolo de las monarquías dictatoriales europeas, que acudían allí a disfrutar del lujo, la diversión y la opresión de sus súbditos. Todo eso acabó durante la Primera Guerra Mundial, y ahora aquel lugar exclusivo es sólo un edificio ruinoso, cargado de fantasmas caducos que hablan sobre tiempos olvidados.

01

 

7. Caterina Cornaro, la última reina de Chipre, o el papel de la mujer en las (antiguas) monarquías: Hablando de mujeres fuertes y poderosas (la otra vendrá en el punto número 10), supe, gracias a Salgari, de la existencia de la reina Caterina de Chipre, célebre por salir airosa de la terrible pugna entre Venecia, Nápoles, Egipto y Turquía por la posesión de la isla, que ella gobernaba tras su matrimonio (y posteriormente viudedad) con el rey Jacobo II de Chipre. Pactos, traiciones, embarazos fallidos y mucha crueldad en este episodio de la fascinante historia del Mediterráneo, que deberías leer ya mismo.

Catherine_Cornaro

 

8. La espeluznante Capilla de los Nueve Fantasmas, en Luková, República Checa, y su maldición de más de 600 años: En septiembre traté el tema de los lugares encantados, en referencia a una pequeña ermita construida en 1352, cuyos muros han sentido los macabros efectos del nazismo, el comunismo y los miedos ancestrales. Desde siempre se dijo que estaba embrujada, y ahora muestra en su interior unas impresionantes figuras que rememoran a aquéllos que han sufrido persecuciones a lo largo de los siglos. Fantasmas artísticos para honrar a los sufridos ciudadanos de Luková, cuya existencia no ha sido nada fácil.

Fantasmas 7

 

9. La espeluznante historia de Charles Lindberg Jr.: Reconozco que me encantó leer en noviembre «Asesinato en el Orient Express», con motivo del estreno de la película. Pero en ningún caso habría podido imaginar que esa estupenda novela policíaca estaba basada, casi palabra por palabra, en el asesinato del hijo del famoso aviador Charles Lindberg. Ni que la identidad del asesino permaneciera todavía, a día de hoy, plagada de dudas. Que si la criada, que si un inmigrante alemán o incluso el propio Lindberg… Una historia sorprendente sobre la que merecía mucho la pena escribir.

Lindberg 3

 

10. Sayyida al-Hurra, la reina pirata que nació en Granada: ¿Os acordáis de la reina de Chipre, de la que averigüé tantas cosas durante el verano y de la que os he hablado en el punto 7? Pues su contrapartida en el mundo árabe fue Sayyida al-Hurra: reina de Marruecos, gobernadora de Tetuán y matriarca de corsarios. Que se dice pronto. Su mano guió con firmeza los destinos del norte de África durante décadas, y su impresionante poder marcó la nueva época que estaba naciendo en el Mediterráneo: la Edad Moderna. Sultanes y reyes se rindieron a su tremenda personalidad, e incluso en sus momentos más bajos no está claro cómo terminó sus días. Hay pocas vidas más interesantes que la de esta mujer.

Sayyida

 

¿Y bien? ¿Qué te parece este repaso al 2017?

¿Conoces alguna otra historia que merezca formar parte de este ranking?

¡Nos vemos en el 2018 con muchos más viajes exóticos y aventuras a vida o muerte!

Lecturas veraniegas: «Tarzán de los monos» y «El regreso de Tarzán», de Edgar Rice Burroughs, o por qué llegué a echar de menos a la mona Chita.

The return of Tarzan

Ilustración de portada a cargo de Neal Adams.

 

Mañana se acaba el verano, así que tenía que darme prisa en publicar este artículo (después esta sección pasará a llamarse «Lecturas otoñales», como es lógico).

El escritor y dibujante John Byrne llamaba «el síndrome de Mickey Mouse» (ver esta entrada en su web) al hecho de que ciertos personajes populares reescriban su historia para adaptarse a los nuevos tiempos, manteniendo así su popularidad. James Bond ha dejado de fumar, Batman no lleva pistolas (lo que lo aleja de su referente más completo, el personaje pulp The Shadow) y Tarzán… bueno, lo de Tarzán da para todo un artículo.

El personaje de Tarzán nació en 1912 en las páginas de la revista pulp All Story Magazine, obra del escritor de Chicago Edgar Rice Burroughs, y su historia inicial sería publicada en forma de novela dos años después. La popularidad del personaje fue inmediata, llevando al autor a continuarla hasta crear un ciclo de 27 novelas, la última de ellas publicada en 1995 a partir de un fragmento inconcluso que continuó el escritor de Texas Joe R. Landsdale (Chicago y Texas distan más de mil kilómetros, pero Landsdale consiguió acercarse lo bastante a la peculiar prosa de Burroughs como para que no se notase la diferencia de estilos. La única vez que yo escribí algo a medias con otro autor, el resultado nunca salió publicado, nos timaron un montón de dinero y la editorial se esfumó como por un sueño… pero ésa es historia para otro día, que hoy me he levantado de buenas).

Y además el hombre-mono ha sido uno de los personajes más versionados de la Historia, con una presencia casi constante en otros medios. En 1918 apareció su primera película, muda, con el actor Elmo Lincoln interpretándolo. Lincoln fue un prolífico actor que llegó a aparecer en más de treinta películas entre 1913 y 1952, pero es conocido sobre todo por haber sido el primer Tarzán cinematográfico de la historia: en  «Tarzan of the apes» (1918), en «The romance of Tarzan» (1918) y en  el serial de quince capítulos «The adventures of Tarzan» (1921); estos trabajos, y otros como una versión muda de «La isla del tesoro» en 1918, le valieron la distinción de una estrella con su nombre en el Paseo de la Fama de Hollywood. Curiosamente, tras él vinieron Dempsey Tabler, James Pierce y Frank Merrill, siendo éste último quien protagonizó el primer film sonoro del personaje, «Tarzan, the tiger», en 1929, pasando a engrosar la lista de actores que perdieron su trabajo con la llegada del cine sonoro, ya que su voz resultaba «desafortunada para el personaje» (fueron muchos los actores que no pudieron sobreponerse a la reconversión de la industria del cine, como puedes ver en esta lista). Después llegó el más famoso de todos, Johnny Weissmüller, pentamedallista olímpico de natación y hombre-mono en doce películas.

Tarzan family

La mayoría de lo que el público general sabe sobre Tarzán proviene del ciclo de películas protagonizado por Weissmüller, desde «Tarzan, the ape man» (1932) hasta «Tarzan and the mermaids» (1948): el hombre-mono era representado como un salvaje fornido y sin vello en el cuerpo, criado por monos, vestido con taparrabos y de escasa capacidad para el lenguaje, a pesar de los esfuerzos del resto de personajes. Su vocabulario consistía en unas pocas palabras sueltas, frases mal construidas y varios infinitivos que servían para todo (es mítico el diálogo «Yo Tarzán, tú Jane», que en realidad nunca fue pronunciado tal cual, pero que ilustra sus incoherencias verbales). Del mismo modo, su actitud hacia el mundo civilizado era hostil, con una nula habilidad para integrarse y un rechazo a la mayoría de cuestiones relacionadas con los blancos que se internaban en su selva. Tarzán era un hombre-mono verdadero, y su hábitat era la jungla africana, en concreto una enorme cabaña sobre las ramas de un árbol, que construyó como nido de amor para su querida Jane Porter, y donde también vivió el hijo (adoptivo) de ambos, Boy. La relación entre Tarzán y Jane era equívoca, sin que pasaran por el altar y con ella dedicada a las tareas del hogar pero en la selva, limpiando el polvo en la cabaña africana, vestida con un pudoroso bañador de piel. Como no podía demostrarse en pantalla que mantuvieran relaciones sexuales, no podían tener hijos, de modo que los guionistas repitieron el accidente de los padres de Tarzán y la pareja salvaje encontró a un pequeño entre los restos de un avión caído en la selva, lo adoptaron y lo llamaron «Boy» (para qué darle un nombre o, mejor aún, un apellido, pudiendo ponerle sólo un mote).

Pero sin duda el mejor personaje de esta época es la mona Chita. Dado que tampoco podían representar en el cine la violencia y el erotismo de las novelas originales de Burroughs, los guionistas le dieron un componente cómico para toda la familia, con un pequeño monito / monita (su sexo nunca estuvo claro, y en unas películas se dijo que era macho y en otras hembra) que servía para hacer gracietas, transportar mensajes o guiar a otros animales hasta Tarzán (ese elefante que siempre le salvaba en el momento más peliagudo). Además, con la llegada de Boy, Chita se convirtió en su mascota, y la selva pareció más bien un patio de juegos donde el peligro no era para tanto. Desde 2004 existe una petición mundial para que le sea otorgada a Chita una estrella en el Paseo de la Fama, incluso recogiendo firmas en Internet, pero de momento no ha tenido éxito.

Después de Weissmüller ha habido muchos más Tarzanes, desde la versión erótica de Miles O´Keeffe y Bo Derek («Tarzan, the ape man», de 1981), la purista y burroughsiana de Chistopher Lambert («Greystoke, the legend of Tarzan, lord of the apes», de 1984), las de animación (Disney creó varias películas y series de televisión, con mucho más contenido para niños, pero versionando también algunos conceptos de las novelas originales, como la ciudad perdida de Opar) y la última de todas, «The legend of Tarzan», protagonizada en 2016 por Alexander Skarsgard y Margot Robbie, en la que por primera vez se explora en toda su crudeza el horror de la esclavitud sufrida en el territorio del Congo durante el reinado de Leopoldo II de Bélgica. Que fue mucho.

Bueno, en realidad la última versión no ha sido ésa, sino una serie de animación por ordenador de Netflix, estrenada en junio de 2017, y cuyo tráiler podéis ver en este enlace.

Pero entonces, ¿ése es el verdadero Tarzán? ¿O cuál es el verdadero? ¿Es el de los cómics, dibujados por genios como Hal Foster o Burne Hogarth?

Ésta siempre es una pregunta complicada, ya que cada personaje es fruto de su época original y de todas las que la siguieron, y los únicos personajes que no se adaptan a los nuevos tiempos son los que desaparecen. El Superman de Jerry Siegel y Joe Shuster no se parece mucho al de Mort Weisinger, ni al de John Byrne, ni al de Jim Lee, porque cada uno es producto de su tiempo y de todas las versiones anteriores a él. El James Bond de Ian Fleming se parece al de Sean Connery, pero también al de Daniel Craig, aunque entre ambas versiones disten 50 años.

Así que, habiendo conocido ya el concepto del «síndrome de Mickey Mouse» y sus consecuencias (ya hablé de eso en este artículo sobre «Los tres mosqueteros» y lo poco heroicos que eran en realidad), este verano decidí tener base para opinar por mí mismo y leí de un tirón «Tarzán de los monos» y «El regreso de Tarzán» (antes había leído «Thuvia, doncella de Marte», así que este veranito llevo una notable dosis de Burroughs en vena).

Y menuda sorpresa me he llevado.

Siempre leí que las mejores novelas de Burroughs eran las del ciclo marciano, bastante mejores que las de Tarzán, a pesar de que éste último sea mucho más famoso, y temo que es cierto. Frente a las guerras maravillosas y las escenas prodigiosas que protagoniza John Carter, lo de Tarzán no pasa de simples escaramuzas en la selva, y la mayoría de situaciones se resuelven de forma rápida, anticlimática y casi siempre por azar. Cuando alguno de los personajes naufraga en cualquier punto de la costa africana, nunca dista mucho de la cabaña de los padres de Tarzán. Cuando alguien está en peligro, el hombre-mono siempre anda por las cercanías de manera casual, sin una justificación clara, y siempre en el momento preciso en que la fiera salta hacia su pobre víctima o el puñal está a punto de descender. Por favor, Edgar… ¿No se te ocurrió nada más brillante? O mejor dicho, ¿no se te ocurrió nada más?

Pero analicemos por partes, en cada uno de los elementos básicos de las novelas de aventuras: los personajes, el entorno narrativo y la trama.

JuskoLa3

Ilustración de la ciudad perdida de Opar a cargo de Joe Jusko

 

  • Los personajes siempre son memorables, arquetípicos. Burroughs construye el paradigma del «buen salvaje» criado por bestias, similar a Rómulo y Remo o a Mowgli. Además, con Tarzán como vehículo, el autor critica «desde fuera» a la sociedad de finales del siglo XIX y principios del XX, mostrando el salvajismo que ésta presenta aunque lo disfrace de civilización (algo parecido a lo que hiciera Robert E. Howard con sus relatos de Conan o Aldous Huxley en «Un mundo feliz»). Por contra, la jungla aparece como un entorno sencillo en el que los enemigos se muestran a las claras: Kerchack el simio, Bolgani el gorila, Numa el león o Sabor la leona. Tarzán es una amalgama de orígenes, pues lo mismo actúa como una bestia salvaje luchando entre árboles que se proclama rey de las tribus aborígenes o viaja a Europa y América como un lord inglés. Su dominio de los idiomas es formidable, así como su capacidad de mimetización, siendo capaz de integrarse en cualquier país, aunque pocos le hacen tan feliz como su selva de origen, a la que regresará una y otra vez. Por tanto, nada que ver con el bruto de los monosílabos que personificó Johnny Weissmüller (y, a partir de su interpretación, muchos más). Por desgracia, sus secundarios y villanos decaen muchísimo respecto a la figura principal, y Jane es sólo una damisela en apuros, el profesor Porter es un chiste y Nikolas Rokoff es malo porque sí. No hay matices ni complejidad en esos personajes, cuyas andanzas se viven con hastío a través de las páginas. Y no sale Chita. No hay ninguna Chita en las novelas, tan sólo el personaje de Nkima, un chimpancé que acompañaba a Tarzán y también se dedicaba a hacer gracietas, pero no vería la luz hasta la novela número 12, «Tarzan and the lost empire» (1928). Por tanto, aún no había humor en el ciclo selvático de Burroughs, y los personajes en general eran serios, hieráticos y con escasísimo trasfondo. Vamos, clichés con patas (y si creéis que eso se debe a la época en la que fueron escritas las novelas, o al medio en que aparecieron, recordad que Robert Louis Stevenson, Alejandro Dumas y Lovecraft también escribieron en folletines y revistas pulp, y sus personajes, sobre todo los villanos, eran un ejemplo de cómo debe trabajar un escritor).
  • El entorno narrativo es fantasía pura. No esperéis una descripción realista de animales y plantas (Burroughs no es Salgari), sino que la selva de Tarzán es representada de manera tan ficticia como el propio Marte de John Carter: simios con capacidades similares a las humanas (los mangani, que son los que crían a Tarzán), bestias que se comunican entre sí con un lenguaje elaborado, ciudades perdidas provenientes de la Atlántida, mundos subterráneos donde aún perviven dinosaurios, tribus caníbales… Uno de los mejores ejemplos es la ciudad perdida de Opar, impresionantes ruinas colmadas de oro y diamantes donde habita una raza de hombres simiescos y mujeres bellísimas, que realizan sacrificios humanos al Dios Sol. Y éste también es el ejemplo de cómo desperdiciar una gran idea inicial: los oparianos no dan juego ninguno, la gran sacerdotisa La es otro cliché y la situación se resuelve de modo zafio, incluso ridículo, desmereciendo las inmensas posibilidades que tenían. Si «Las minas del rey Salomón» se resuelve deprisa y corriendo, esto ya es de traca.
  • Y por último la trama, que es donde más flaquea Tarzán. Si la trilogía inicial de John Carter («Under de moons of Mars», «The gods of Mars» y «The wardlord of Mars») es una crítica feroz a las diferencias raciales, las guerras religiosas y las mundiales, respectivamente, en la serie de Tarzán no hay ningún trasfondo de este tipo. Existe una tímida comparación entre el supuesto salvajismo de la selva y la pretendida civilización de los hombres blancos, mientras el personaje vaga por el mundo sin saber cuál es su lugar, aprendiendo tanto de las tribus negras como de los nómadas del desierto del Sáhara o de los soldados europeos. Pero nada más. El resto es vagar, no sólo el personaje sino la trama en sí. Lo mismo hay elementos de espionaje que de aventura o de exploración, pero sin saber realmente lo que quiere contar, o a dónde pretende llevar al héroe. La primera novela sí cierra un círculo completo (desde la llegada de lord y lady Greystoke a la costa africana hasta el conocimiento de Tarzán de ser su heredero y a la vez su negativa a asumir el título, cuando le preguntan por su origen y él, de manera muy demostrativa, responde: «Mi madre fue Kala, una mona y, como es lógico, no pudo contarme gran cosa acerca del asunto. Nunca llegué a saber quién fue mi padre»). Sin embargo, su secuela no hace más que embrollar más el asunto con tal de conseguir un final feliz, y la aparición de la ciudad perdida de Opar más parece una ocurrencia de última hora para terminar una novela que antes no sabía cómo hacerlo que una idea que estuviera en la trama desde el principio. Viajes y aventuras que se presentan como vaivenes incoherentes de una trama cogida con alfileres, y a la que le falta humor, buena resolución y sobre todo un timonel que sepa marcar el rumbo. Es una historia que más parece un barco a la deriva que una novela.

 

Así que terminé por echar de menos a Chita, a Boy, el sentido del humor tonto de los años 30, la cabaña en el árbol y el bañador de piel de Jane. Todas esas cosas ridículas que de niño te parecían formidables, aunque entonces las tramas fueran igual de incoherentes. Eché de menos que la historia me fascinara, porque sé que el personaje ya lo hizo desde siempre. Y sobre todo eché de menos divertirme, lo cual, en una novela de aventuras, es absolutamente imperdonable.

alexander-skarsgard-as-tarzan-4k-pic-1200x675

Imagen de Alexander Skarsgard como Tarzán en «The legend of Tarzan»

 

Moraleja:

Si vas a las fuentes de los héroes que disfrutaste de niño, lo más probable es que no los reconozcas en absoluto.

 

Más sorpresas analizando viejos personajes de la infancia, en este enlace.

N. C. Wyeth, el pintor de piratas rabiosos, barcos en guerra y mares encrespados por la tormenta

Treasure_Island_title_1911

Complementando a mis anteriores artículos sobre la mejor novela clásica de aventuras, «La isla del tesoro», y sobre la serie (supuestamente) derivada de ella, «Black Sails» (artículos que podréis encontrar, respectivamente, en este enlace y este otro), hoy toca hablar del que está considerado como el mejor ilustrador de esta novela en todas sus ediciones, y posiblemente el mejor pintor de piratas de todos los tiempos (sólo rivalizado por el que había sido su maestro, el mítico Howard Pyle, que trabajó con autores como Mark Twain o Washington Irving, y fue autor del maravilloso «Howard Pyle’s Book of Pirates», publicado de manera póstuma en 1921): estoy hablando, por supuesto, de Newell Convers Wyeth, que ha pasado a la Historia como N. C. Wyeth.

Nacido en 1882 en Needham, Massachusetts, su familia paterna provenía de Inglaterra, mientras que la materna era de origen suizo, y el joven Newell se crió en una granja en el corazón de América, dedicando la mayor parte de su infancia a cazar, pescar y cabalgar. Los estudiosos de su arte han llegado a la conclusión de que gran parte del extremo realismo que aparece en las pinturas de Wyeth se debe a sus propias experiencias en libertad, hasta el punto que nunca solía requerir modelos para pintar, por ejemplo, una escena a caballo. Sin embargo, nada cambió tanto su vida como la admisión en 1902 en la Escuela de Arte de Howard Pyle, en Wilmington, Delaware. Por aquel entonces, Pyle ya se había convertido en el referente absoluto en pintura histórica, con obras tan significativas como «The Merry Adventures of Robin Hood of Great Renown in Nottinghamshire», de 1883.

Wyeth aprendió muchísimo de su estancia en la prestigiosa escuela, sobre todo el respeto por el trabajo artístico y por la verosimilitud de la obra. Se cuenta que Pyle solía incluir en sus lecciones visitas organizadas a lugares históricos significativos, así como dramatizaciones de hechos notables, incluyendo ropajes, armas y actitudes específicas, que los estudiantes tomaban como referencias. La luz, los encuadres, el movimiento físico… Wyeth se empapó de aquellas vivencias, pero al mismo tiempo no tardó en desarrollar su propio estilo, que difería en gran medida del del maestro. Mientras que Pyle dibujaba figuras llenas de nobleza y romanticismo, Wyeth se caracterizaba por la tensión, la rapidez y la permanente sensación de movimiento. Dos caras de una misma moneda, que son las historias de aventuras.

TI-billy

En 1904, nuestro protagonista fue contratado por The Saturday Evening Post para ilustrar un relato del Oeste, y Howard Pyle, fiel a sus métodos, le recomendó que viajara a esos lugares que pretendía reflejar y los conociera de primera mano. Así, pasó años en el Oeste americano, trabajando como cowboy y cartero, y en contacto directo con los colonos yankees y los nativos, a los que después representaría en muchas de sus ilustraciones. Esto le valió un éxito cada vez mayor y un contrato con Scribner´s, una de las principales editoriales de la época. Scribner´s Classics fue la colección donde anidaron la mayor parte de sus trabajos más reconocidos, como las ilustraciones para las ediciones de «La isla del tesoro» (1911),  «Robin Hood» (1917),  «El último mohicano» (1919) o «Robinson Crusoe» (1920). Se cuenta que el compromiso que ponía en su trabajo era de tal grado que siempre leía el libro completo antes de ilustrarlo, y con frecuencia incluía detalles que no provenían del texto, sino más bien de su propia imaginación y del conocimiento que tenía de la vida salvaje.

Curiosamente, su éxito fue tan enorme que los encargos editoriales y publicitarios se sucedían en su mesa y le impedían dedicarse a su verdadera pasión: la pintura. Wyeth sostenía que la ilustración sólo era un trabajo, un encargo de alguien que esperaba que él supeditara su arte a unas condiciones, un tamaño o una narración previa, y por eso precisamente adoraba pintar, porque sólo entonces era libre. Con el paso de los años, muchos edificios oficiales le encargaron murales para adornar sus dependencias, mientras que grandes firmas como Lucky Strike o Coca-Cola deseaban contar también con su trabajo. En 1941 fue aceptado en la Academia Nacional de Arte. Había logrado el reconocimiento que deseaba.

TI-JimHawkins

En su vida personal, Wyeth no sufrió la trágica vida que solemos asociar a un artista. Se casó en 1908 y formó una familia en una bonita granja en Pennsylvania, cerca del lugar donde tuvo lugar uno de los más importantes enfrentamientos de la Guerra de Independencia americana: la batalla de Brandywine (podéis encontrar información al respecto en este enlace). En esa época entabló amistad con numerosas personalidades de las letras, como F. Scott Fitzgerald. Tuvo cinco hijos, todos ellos importantes artistas, igual que su nieto y su yerno. Una familia ligada a la creación, la inventiva y la aventura en papel, que aún hoy perdura.

N. C. Wyeth murió en 1945 en un accidente de tráfico junto a su nieto. Para entonces ya había logrado lo que más le quitaba el sueño (y le quita el sueño a muchos artistas más): conjugar el éxito comercial con la reputación profesional, ser famoso y también respetado, pues la fama no siempre lleva aparejado el prestigio en su campo.

Y sin embargo él pudo hacerlo, a base de constancia, trabajo, voluntad y amor por lo que hacía. Estudió, creó y rompió moldes, siendo aún hoy nombrado como uno de los pilares de la pintura durante el siglo XX. Si buscas ilustraciones clásicas de novelas de aventuras, el nombre de N. C. Wyeth aparece en todas las listas (otro día hablaremos de Riera Rojas).

En la actualidad, la casa y el estudio de Wyeth están incluidos, desde 1997, en el Registro de Lugares Históricos de los Estados Unidos, igual que ya lo estaba el campo de batalla de Bradywine, que el artista tanto había admirado.

TI-Israel

Moraleja:

El éxito en tu profesión no debería ser un objetivo a conquistar, sino sólo un acicate para seguir aprendiendo, investigando y llevando los límites aún más lejos. Igual hasta consigues que el Gobierno de los Estados Unidos proteja tu casa.

 

Más autores, más novelas de aventuras y más locuras semejantes en este enlace.

Por qué deberías leer hoy mismo a Salgari (sobre todo si pretendes dedicarte a escribir).

Emilio_Salgari_ritratto

Imagen pública de Emilio Salgari, de autor desconocido, fechada a principios del siglo XX (dominio público).

 

Seamos sinceros: el mundo literario está lleno de modas, igual que todo lo demás.

Que si la última novela negra de origen nórdico, que si el BDSM, la fantasía juvenil, los títulos largos con muchas oraciones subordinadas… Cada cierto tiempo aparece un boom que arrasa en las estanterías y te hace pensar que nunca hubo una novela como ésa. Tan revolucionaria, tan transgresora. De la misma manera, tendemos a rechazar a los clásicos con vehemencia, sobre todo si los leímos de jóvenes, y más aún si nos los recomendaron nuestros padres (por todo eso de la rebeldía de la adolescencia, que a veces se nos prolonga durante varias décadas).

Pues bien, yo voy a hablar de Salgari.

Clásico entre los clásicos, el veronés no ha recibido el justo homenaje de tiempos posteriores al suyo, como sí ha ocurrido con otros genios de las novelas de aventuras como Julio Verne, Robert E. Howard o Edgar Rice Burroughs, que incluso protagonizaron resurrecciones editoriales y múltiples adaptaciones modernas de sus obras (con ese magnífico Tarzán rubio o un Conan proveniente de «Juego de tronos»). La obra de Salgari se hizo muy popular en los años 60 y 70 del siglo pasado, sobre todo a raíz de las películas de Sandokan protagonizadas por Steve Reeves y, mucho más, por la serie de televisión italiana y posteriores películas, en las que el héroe de Malasia era interpretado por el actor indio Kabir Bedi, unido desde entonces al personaje de manera indeleble. Sin embargo, las novelas de Salgari siguen consideradas como «entretenidas» o «juveniles», privándoles del reconocimiento literario que sí se ha dispensado a otros autores de folletines de aventuras, como Verne o Dumas. De hecho, fuera del ámbito latino, rara vez se le tiene en cuenta, y eso es algo que debería cambiar.

Digámoslo sin rodeos: Emilio Salgari fue un maestro de la literatura.

Y el porqué es muy sencillo. Las novelas de aventuras se basan en tres pilares que todo escritor debe conocer: el ritmo narrativo, los personajes y el entorno (lo que ahora se empeñan en llamar worldbuilding, pero que sigue siendo lo mismo). Y Salgari dio lecciones en los tres ámbitos.

  • El ritmo narrativo es el núcleo de la historia, es el que «qué es lo que ocurre y de qué manera». En cualquier género literario es fundamental cuidar el ritmo, pero en ninguno como en la novela de aventuras. Si no hay acción, tensión, drama y emociones, ¿qué porquería de libro es ése? La aventura consiste precisamente en la dinámica con la que ocurren los hechos, y es imprescindible que el lector se sienta dominado por la trama y obligado a seguir leyendo. En esto, especialmente, Salgari es el número uno. Si has leído la primera página de cualquiera de sus novelas, sin duda habrás sentido el arrastre irrefrenable de seguir y seguir y seguir hasta acabarla. No hay posibilidad de escape. Sus trucos son sencillos, en realidad: casi siempre empieza con una escena de acción in medias res, esto es, en mitad de la trama, que luego se dedica a explicar mediante flashbacks o conversaciones breves. Los momentos de introspección escasean, y lo que más utiliza para crear la historia son momentos de tensión sucesivos. Cuando crees que por fin se van a solucionar las cosas, surge una amenaza aún más terrible. Cuando el villano está a punto de ser derrotado, se saca un inesperado truco de la manga para volver las tornas, y tu emoción vuelve a subir. Burroughs también era un experto en este asunto, pero Salgari es el mejor. ¿Has oído la definición de «arquitrama»? Pues proviene de obras como éstas.
  • Los personajes dan pie al «por qué ocurre lo que ocurre y por parte de quién». Esto también es básico. El lector se siente enganchado por los protagonistas de la historia, sus desventuras para que triunfe el bien y su evolución personal durante el proceso. Este es el apartado en el que más duramente se ha tratado a Salgari, tachándolo de repetitivo, simplón y también machista, xenófobo y no sé cuántos calificativos más. Sobre lo primero, es cierto que Salgari aplicaba una fórmula más o menos constante (héroe noble y valeroso acompañado por un escudero fiel y forzudo, y enamorado de una hermosa dama desvalida a la que rescatar, con frecuencia pariente de su peor enemigo, o bien ambos antagonistas pugnan por sus afectos, lo que genera el conflicto de intereses. Esto podemos encontrarlo tal cual en la serie de Sandokán -con el corsario que bebe los vientos por Mariana Guillonk, la Perla de Labuán, sobrina del odiado lord James Guillonk-, el Corsario Negro -que se tortura por su relación con Honorata de Wan Guld, hija del gobernador de Maracaibo, su rival jurado-, en «Las águilas de la estepa» -donde asistimos al largo enfrentamiento secreto entre los primos Hossein y Abrei por la hermosísima Talmá-,  y en «Las panteras de Argel» -en la que el barón de Santelmo, Caballero de Malta, intenta rescatar a su prometida de las garras del corsario otomano que la ha secuestrado para casarse con ella-, por citar sólo unos ejemplos). Pero, en vez de considerarlo repetitivo, la fórmula es más bien un arquetipo de las novelas de aventuras, presente de la misma manera en la búsqueda de Dejah Thoris por parte de John Carter de Marte, o de Jane por parte de Tarzán. En aquellos tiempos, los héroes rescataban a sus damas, como trama fundamental, derivada de las novelas de caballerías y el amor cortés. Y sin embargo, Salgari ya adelanta a las primeras heroínas de acción, mujeres fuertes decididas a pelear sus propias guerras (como el Capitán Tormenta, que no tiene nada que envidiar a las Bêlit o Sonya de Rogatine que escribió Howard, o incluso la Talmá de «Las águilas de la estepa», a la que tampoco le tiembla la mano a la hora de empuñar una pistola y defender su casa). No podemos entender este asunto como machismo, al menos no como lo vemos en el siglo XXI, ni juzgar a los autores del XIX con nuestros ojos presentes. Por supuesto que eran machistas, y colonialistas, y antidemocráticos, si pretendemos utilizar los criterios de hoy en día, pero incluso en esos parangones Salgari rompió barreras. Frente a la evidente defensa del colonialismo británico realizado por H. Rider Haggard en «Las minas del rey Salomón» o por Rudyard Kipling en toda su obra, Sandokán era un príncipe de Borneo expulsado de su trono por esos mismos británicos, a los que combatía. Teniendo en cuenta que su primera aparición data de 1883, la figura del pirata debe ser entendida como absolutamente revolucionaria.
  • Y llegamos al asunto más crucial: el entorno narrativo. Las novelas de aventuras se caracterizan por la presencia de lugares exóticos, cuyas costumbres, flora y fauna resultan determinantes en el desenlace de la historia. Y nadie sabía más de entornos que el veronés, ya que los cultivó todos: la Malasia del siglo XIX, el mar Caribe en el XVII, el Mediterráneo en el XVI, las Guerras Púnicas, el Salvaje Oeste, la estepa turana, Siberia, Alaska, el desierto del Sáhara… Todas las épocas y todas las localizaciones sirvieron de escenario a sus aventuras, y en cada una de ellas hacía gala de un enorme conocimiento sobre la geografía, los pueblos, los rituales, las lenguas y demás técnicas de inmersión del lector. Siempre había espacio en la novela para explicar una forma específica de tortura, muy típica en aquel entorno; o una manera de navegar, o de alimentarse. Toxinas, frutas, velas. Nada escapaba a su conocimiento, en un tiempo en el que no existían maneras de documentarse como las de hoy en día, y a un ritmo de producción inimaginable, llegando en algunos momentos a escribir cuatro novelas al año. Y cada una con su propia idiosincrasia. Se cuenta que pasaba horas y horas en la biblioteca pública de Turín, obteniendo mil datos para documentar sus historias, y también en tabernas portuarias, recabando anécdotas, explicaciones, chanzas de mar… Su fin era entretener pero también enseñar, divulgar entre sus contemporáneos las maravillas que investigaba sobre los lugares más remotos.

Tigri_1900

Portada original de «Le tigri di Mompracem» (1900)

 

Pero hay algo aún más fascinante que todo esto: la propia vida del autor. Salgari es un misterio en sí mismo, un personaje de aventura tan increíble como los de sus páginas. Imaginativo y voluntarioso, se reinventó mil veces, a veces de verdad y a veces sólo en las historias que contaba de sí mismo, tan abigarradas como las literarias. Nacido en Verona en 1862, ni viajó tanto como dijo, ni tuvo una vida tan apasionante. Muchas historias se han contado de él, y pocas formas tenemos de verificarlas. Se ha dicho que era cínico y mentiroso, violento, bebedor compulsivo, de ánimo cambiante y frecuentes períodos de locura, al igual que su esposa, Ida Peruzzi, a la que se ha tildado de demente, ninfómana descontrolada y contagiada de sífilis por el autor, tras uno de sus frecuentes viajes. Aun así, dicen que se amaban locamente, dominados por sus extraños temperamentos pero sin separarse jamás, como si fueran los protagonistas de la saga de los piratas de Malasia. Prueba de ese temperamento es el hecho de que el autor pasó seis meses en prisión durante el año 1893 debido a un duelo con el periodista Giuseppe Biasioli, tras el que éste tuvo que ser hospitalizado.

Ganó celebridad en vida, pero siempre vivió en la miseria, en gran parte por la explotación a la que lo sometían sus distintos editores. Y esto sólo acrecentó su desequilibrio mental, descontrolado tras el ingreso de su esposa en una clínica psiquiátrica. Su padre se había suicidado en 1889, y él mismo lo intentó en 1909 arrojándose sobre una espada, sin éxito, debido a la oportuna intervención de su hija Fátima. En 1911 finalmente lo consiguió, en Turín, a los 47 años, realizando el tradicional rito japonés del seppuku o harakiri, tal y como si fuera uno de sus nobles personajes. Después se cortó la garganta. Lo encontró una lavandera que iba al bosque a por leña, y aún agarraba con fuerza la navaja en la mano. Su funeral no fue especialmente noticia, y eso a pesar de ser enormemente popular en aquel entonces, y de que la Casa de Saboya (que reinaba en Italia desde 1861) le había nombrado caballero en el año 97.

emilio-salgari-francobollo

Pero el drama familiar no terminó ahí, pues dos de sus hijos también se quitaron la vida (Romero, en 1931; y Omar, en 1963). Los héroes de Salgari siempre deseaban morir en combate, defendiendo sus ideales, pero, a diferencia de él y los suyos, nunca murieron de verdad, porque viven para siempre en la imaginación de varias generaciones de lectores entregados.

A sus hijos les legó una carta póstuma: «Queridos hijos míos, ya ahora estoy vencido. La locura de su madre me ha destrozado el corazón y todas las energías. Espero que mis millones de admiradores, a quienes durante tantos años he divertido e instruido, los ayudarán. No les dejo más que 150 liras, más un crédito de 600 liras… Háganme sepultar por la caridad dado que estoy completamente arruinado. Los besa a todos con el corazón sangrante su desgraciado padre, Emilio Salgari.

Post data: Voy a morir al Valle de S.Martino, cerca del lugar donde, cuando vivíamos en la calle Guastalla, íbamos a merendar. El cadáver se encontrará en uno de los barrancos que conocen, porque íbamos allí a recoger flores».

Y a sus editores les escribió en un tono muy distinto: «A ustedes, que se han enriquecido con mi piel, manteniéndonos, a mí y a mi familia, en una continua semi miseria o aún más, sólo les pido que, en compensación por las ganancias que les he dado, piensen en mis funerales. Los saludo quebrando la pluma. Emilio Salgari».

Salgari escribió ochenta y cinco novelas y unos ciento cincuenta cuentos, casi todos enmarcados en el género de aventuras. Su dominio de esos tres pilares de los que hemos hablado es portentoso, hasta el punto que es imprescindible que lo conozcas si deseas dedicarte a escribir. Sólo podrás ser buen escritor si antes eres un lector apasionado, y sólo podrás escribir buenos libros hoy si antes conoces al dedillo a los maestros de antaño, los que crearon los mitos y asentaron los cimientos del género.

Salgari_casa_Torino

targa_commemorativa_salgari1

Hogar de Emilio Salgari en la ciudad de Turín, cuya placa reza:

«Entre estas paredes Salgari vivió en la pobreza mas absoluta, poblando el mundo de los personajes nacidos de su imaginación inagotable, fiel a un ideal caballeresco de lealtad y valor. Debido a que los italianos no olvidan su genio aventurero y su doloroso calvario. La revista «mar italiana» realiza este recordatorio. Turin 30 de abril de 1959».

 

Yo estoy acabando «Las águilas de la estepa» y después me lanzaré a «El león de Damasco». ¿Y tú? ¿Qué joya de las novelas de aventuras vas a leer este verano?

Más información acerca del autor en este enlace.

Más de mis experiencias pasadas con la literatura y el cine, en este otro enlace.

Por qué decidí ser escritor: A propósito de Literania 2017

18406396_10210858295167926_565626964_o

Esta semana tuve la enorme fortuna de participar en Literania 2017. Feria atípica donde las haya, celebraba su primera edición en el Parque de La Vaguada, en Madrid, y derrochaba constantemente ilusión. Desde su organizadora, la fantástica Lusa Guerrero, cuyo amor por los libros superaba cualquier expectativa; hasta los muchos locos, soñadores y emprendedores que nos juntamos bajo aquellas carpas blancas. Ha sido increíble formar parte de un proyecto así, ha sido ilusionante y me ha llenado de energía para unas cuantas vidas más. Pasear entre aquellas mesas suponía disfrutar de la magia de la creación, conocer autores de obras apasionantes y compartir su empeño por mostrar al mundo su trabajo, armados tan sólo con una sonrisa esperanzada y un bolígrafo bueno de firmar. Y una infinita ilusión por la literatura.

18406142_10210858293247878_2138486748_o

Por eso decidí ser escritor, para compartir yo también mi empeño y recibir el de otros, para conectar de maneras que resultan imposibles sólo con el lenguaje hablado, para ocupar la misma mesa de novedades que autores grandísimos, para coger un micrófono y explicar ante una multitud lo que he hecho (justamente el mismo micrófono que habían utilizado Alberto Vázquez-Figueroa y Ana González Duque, de los que intento aprender día a día), para expresarme con palabras escritas que durarán para siempre.

18362782_10210858293607887_630937144_o

El tiempo pasa y cada vez soy más viejo, pero eventos así servirían para llenar de alegría una veintena de vidas, si mi dichoso karma tiene a bien concedérmelas. Salí de Literania con la convicción de que hay grandes personas dedicándose a las letras, y es un orgullo enorme poder codearse con ellas un solo día, un momento del tiempo efímero o una eternidad. Quién sabe.

18362455_10210858292847868_958306886_o

Un cuento: «El palacio de las catacumbas habitadas por dioses».

1

I

UN NUEVO AMANECER

Escuchadme, gentes de bien, y aprended la verdad: aquellos que juegan con poderes innombrables, que convocan a los mismísimos infiernos en busca de un conocimiento que no deberían poseer, están llamados al sufrimiento eterno, y tanto ellos como su linaje estarán malditos hasta que la cólera de esos infiernos se aplaque.

 

Que el horror en que se ha convertido la existencia de sir James Brogdan Kane, héroe de guerra y gobernador de Nilidia, os sirva de lección para el futuro. Él, que abrió las puertas que debían permanecer cerradas, a pesar de mis muchas advertencias y del pavor que causó en los que lo conocían, ahora sufre las consecuencias de sus actos, tal y como los dioses decretaron.

Yo fui testigo de su ascenso y caída, de cómo se dejó tentar por los adoradores del Maligno y cometió actos impuros, hasta que su alma no tuvo salvación. Yo, Taymullah Farûq, consejero del Gobierno de Nilidia, supe del oscuro destino que le aguardaba en el mismo día en que llegó a nuestra patria, un cuatro de febrero de 1901, una fecha aciaga que los más viejos aún recordaréis.

Era un día gris, con un viento gélido que azotaba el puerto de Baal Azur, congelándonos los huesos a pesar de la ropa de abrigo. Ninguno de los que estábamos allí sabíamos nada del misterioso hombre de guerra al que enviaban a gobernarnos, más que la historia de que había obtenido una Cruz Victoria en el conflicto contra los holandeses en Sudáfrica y que gozaba de la total confianza del nuevo rey. Nilidia iba a ser su gran prueba, una nación de la que él tampoco podía decir mucho, aparte de que era una posesión británica desde los tiempos de la reina Victoria y que sus habitantes, los azura, pobres e incultos gracias a ellos mismos y antes al Imperio otomano, les debíamos pleitesía.

Su barco llegó muy de mañana, ante la mirada expectante de un millar de personas que abarrotábamos el puerto, temerosos y congelados. El portentoso navío HMS Oedipus atracó en Baal Azur y vació su carga: alrededor de un centenar de nobles y soldados que acompañaban al nuevo gobernador Era un hombre extremadamente fuerte, de un tamaño colosal y vestido con uniforme de gala. Sus ojos recorrieron la multitud como el amo que revisa sus caballerizas antes de una gran carrera. Mientras su camarilla se esparcía por el puerto y recibía los honores de la clase gobernante, él se zafó de todos y caminó hasta nosotros, encarando a la muchedumbre que se agolpaba en las vallas y quería tocarlo, hablar con él, suplicar que fuera benévolo.

El gran caballero se aupó sobre la masa informe de los azura y nos dijo:

«¡Saludos, pueblo de Nilidia! Mi nombre es sir James Brogdan Kane, cabeza de la baronía de Kane, y he sido designado por la Corona británica para gobernar estas tierras. Para mí resulta un tremendo honor estar hoy aquí, y sabed que trataré de ser lo más magnánimo posible con vosotros. Habrá que trabajar duro para hacer algo bueno de este país, pero estaré siempre a vuestro lado para lograrlo. Vamos a demostrarle al Gobierno de Londres lo que se puede hacer en las Colonias. ¿Estáis conmigo?».

Entonces, cuando aún no le conocíamos ni podíamos opinar de él, nos pareció sincero, y le aclamamos como a los héroes que llegan a casa, aunque este héroe a lo que venía era a esclavizarnos.

Pronto le abordó ese monstruo cruel y degenerado que era lord Kendrick de Braemar, gobernador de este bello país hasta que sus propias atrocidades lo condenaron, y con él venía sir Philip Cartwright, portavoz del Consejo de Gobierno. Ambos le hablaron bien de Nilidia y le dijeron que sería fácil someternos. Le mintieron vilmente y él lo sabía, pues ya había leído informes acerca de nuestra revuelta y el mismo rey le había dicho que debía sofocarla lo antes posible. Pero aquel día, por lo menos, fingió aceptar sus palabras.

Quién sabe los horrores que ya pasaban por su mente, si la semilla de la maldad anidaba ya en su pecho y solo buscaba una tierra fértil en la que germinar.

Si es así, desde luego en Nilidia la halló, pues todo lo bueno y lo malo de lo que es capaz la Humanidad yace en sus castillos abandonados, sus criptas fantasmagóricas y sus secretos prohibidos, que este hombre sin decencia se empeñó en despertar.

Arabesco

Extraído del diario de sir James Brogdan Kane:

Lunes, 4 de febrero de 1901:

Hoy por fin he llegado a Nilidia. Después de una travesía horrible en la que parecía que el Diluvio Universal venía con nosotros, el barco al fin ha tocado puerto. El HMS Oedipus es una antigualla que a duras penas ha logrado traerme hasta aquí, y eso no ha conseguido más que empeorar mi humor. La jaqueca también me ha acompañado hasta este nuevo destino, y ninguno de los supuestos remedios de los médicos ingleses ni holandeses ha podido hacer nada por aliviarla. Estoy desesperado y grito con facilidad a los que me rodean. Mis propios hombres desconfían de mí, y reconozco que cada vez los trato peor.

Aun así he logrado sobreponerme y dar un breve discurso a los que me esperaban, sucios mendigos que se resisten a hablar inglés y a abandonar sus viejas costumbres bárbaras, como esa historia del rezo y el sacrificio de los animales. ¿Cómo pueden creer en esas cosas? Las grandes naciones venimos a África y les traemos riqueza y progreso, y en cambio ellos nos responden con violencia. Sé que varios consejeros del gobernador Braemar han sido asesinados por rebeldes, y eso no podemos consentirlo.

Esto no va a ser como lo de El Mahdi en Jartum, y yo soy el hombre encargado de esa tarea.

Nilidia no posee recursos naturales demasiado valiosos ni una posición especialmente estratégica para el control del Mediterráneo, rodeados como estamos por la Libia otomana al Oriente y el Túnez francés al otro lado, pero de un modo u otro este lugar pertenece al rey Eduardo y así debe seguir siendo, pese a quien pese.

Aquí no hay nada que conservar más que el honor, y eso, para un Imperio como el que yo represento, es una razón de Estado. Así que a mí me corresponde preservar el honor de la Corona a cualquier precio, y para ello me han investido con plenos poderes y estoy dispuesto a usarlos, empezando hoy mismo.

Sin embargo hay una única cosa que no está a mi alcance, y es esa mujer que me han regalado. No puedo tocarla, no puedo hacerla realmente mía, pero a la vez me dicen que esa extraña dama de ojos profundos está aquí para servirme en todos mis deseos. Ahora mismo duerme en la habitación contigua.

¿Qué esperan que haga con ella…?

Qué gente más extraña son estos nilidios.

Arabesco

Yo mismo me presenté ante él aquella mañana turbulenta y mostré mis respetos, convocado por sir Philip Cartwright y otros miembros del Consejo a los que conocía bien, y que no se habrían atrevido a desobedecerme.

La voz del pequeño castor que era sir Philip me invitó a acercarme, mientras el nuevo Gobierno en pleno me observaba.

«Sir James», le dijo, «permítame que le introduzca a un buen amigo de Nilidia: Taymullah Farûq, consejero del rey en estas tierras perdidas».

Kane mostró su repulsa de una forma instintiva, pero al oír aquellas palabras se calmó, al menos en parte.

«¿Consejero del rey?», preguntó, «¿desde cuándo la Corona busca a lagartos azura para que le aconsejen?».

Tranquilos, tranquilos, hermanos, no os dejéis llevar por la ira. Eso fue lo que dijo, sí, y mis ojos le transmitieron la maldición que mis labios no podían formular entonces, pero que no tardaría mucho en golpearle de lleno. Me incliné ante él y mostré un respeto que no se merecía, pero que en ese momento no podía rebatir o se habría producido un baño de sangre.

Dije: «Señor gobernador, mi sabiduría, mucha o poca, está a vuestro servicio, como lo ha estado desde hace siglos a través de toda mi familia, en la que se cuentan grandes visires y nobles que sirvieron como mano derecha de los monarcas. Espero poder serviros a vos en la misma forma».

Él se acercó a mí y gruñó como las bestias, sin que llegara a entender el regalo que le estaba ofreciendo. Se giró hacia Cartwright y le preguntó:

«¿Hay muchos traidores colaboracionistas como este en Nilidia? Porque entonces mi trabajo va a ser muy fácil».

El portavoz del Consejo tragó saliva mientras yo abandonaba la reverencia y clavaba mi mirada en la suya, y fue Cartwright quien respondió, con un finísimo hilo de voz:

«Los llamamos askaris, señor. Son soldados indígenas que ayudan a nuestras tropas y sirven de mediación con la población general».

¿Os podéis creer que esa fue su explicación? Realmente a día de hoy aún creen que estamos deseando ayudarlos, que en verdad hemos creado la figura de los askaris, los azura colaboracionistas, en su beneficio y no en el nuestro propio. ¡Ah, qué equivocados están! Casi siento pena por ellos, que ni se dan cuenta de la manera en que nos hemos infiltrado en su mundo y lo hemos hecho nuestro, esperando el momento en que los expulsemos de aquí.

Y como un arma más en esta lenta guerra, acerqué hasta su mano la de la bellísima joven que me acompañaba, cubierta por el velo ceremonial, como manda la tradición de nuestro pueblo.

«Señor gobernador», seguí diciendo, «deseo hacerle un regalo de bienvenida. En mi tierra es costumbre que los hombres más poderosos tengan a su servicio a una mujer que se ocupe de cuidarlos, una criada que mande sobre todas las demás criadas y gobierne la casa para que seáis feliz. Esta figura, que recibe el nombre de ekkra, os obedecerá en todo, pero hay una condición que estaréis obligado a cumplir: debe ser siempre virgen, para que su afecto hacia vos sea puro y no se enturbie con el deseo carnal».

Kane asintió a la vez que yo descubría el velo de la muchacha, de modo que solo él pudiese verla, y los ojos más hermosos de toda Nilidia se clavaron en los suyos. Era una mirada intensa que brillaba con la luz de la luna de plata del desierto, con la magia de los pozos secretos que ellos nunca conocerán y los conjuros de las ancianas brujas de la arena. Era una diosa y un demonio, con la que espero que nunca os crucéis, porque en verdad os atraparía por siempre, como hizo con el incauto sir James.

«Señor gobernador», concluí, sabiendo que ya no me estaba haciendo caso, «esta es Umara Aziz, princesa del pueblo nómada de los hari, que os la entrega en señal de buena voluntad».

Y ya no hicieron falta más presentaciones, porque esa mujer hecha de fuego se había tragado por completo el alma corrupta del gran soldado inglés, y era cuestión de tiempo que lo demostrase.

II

EL DOLOR

Extraído del diario de sir James Brogdan Kane:

Viernes, 8 de febrero de 1901:

He podido finalmente conocer los principales logros del gobierno de la familia Braemar, y también sus desgracias. No me extraña que Su Majestad tuviera tanta prisa por sacarlos de su asiento de poder y entregarme a mí el mando de esta pobre nación, porque se había convertido en el hogar de los horrores más sacrílegos de los que pueda tener conciencia el ser humano.

La llegada a la capital, Nilur, fue un auténtico suplicio, atravesando caminos enfangados y casuchas de barro cocido, como si estuviéramos en la Prehistoria. La ciudad es hermosa, eso sí, pero está rodeada por enormes barrios2 de mendigos que destilan su pobreza y su mal olor hacia nosotros. Ya he ordenado derribarlos y que se marchen a vivir hacia el interior, a Basser u otras localidades que no estén cerca de mí. Dejaremos únicamente las construcciones básicas para que se alojen los criados que trabajan para las familias británicas de la ciudad, pero ni una más. Tengo muchos planes para Nilidia, pero va a ser un trabajo inmenso que tardará en dar sus frutos. Coches, carreteras, conducciones de agua potable, medicinas… Hacen falta tantas cosas para garantizar el bienestar de mis conciudadanos que a veces las obligaciones me abruman. Aún es pronto para nada, pero juro que lo conseguiré.

Este viejo azura que me sigue a todas partes, Taymullah, me ha recomendado encarecidamente que no me instale en el Palacio del Alba, donde hasta ahora se encuentra la vivienda del gobernador. Dice que está maldita y que fue la causa de la locura de la familia Braemar, lo que les llevó a desmanes sin fin con la población nilidia. He oído esas historias y no me gustan. Cuentan que sus propios soldados se rebelaron y atacaron el palacio en la noche, expulsando al gobernador y a toda su familia. Leí en el informe que las catacumbas habían sido utilizadas para encuentros depravados con animales y con mendigos de las aldeas circundantes, torturas y mutilaciones, una suerte de ritos paganos de una brutalidad nunca vista en los que lord Kendrick se entregaba a un frenesí carnal absolutamente indigno.

No sé qué pudo pasar por la cabeza de ese hombre, si es que todavía se le puede llamar hombre, pero las pinturas con las que decoró el palacio, cuyo autor no he podido identificar, son tan horribles, tan intranquilizadoras, que dan buena cuenta de lo monstruoso de su carácter. Cosas que reptan desde el interior de sarcófagos, ojos no humanos que nos vigilan entre la niebla, incluso cuerpos desmembrados y vísceras repartidas por el suelo. ¿Qué clase de persona decoraría con eso su salón?

Cuentan que es un loco que habla solo por las calles, y su familia ha vuelto a Londres mientras no se tengan noticias de él. Algunos afirman haberlo observado de lejos junto al oasis de Deleh, en la entrada del maligno desierto de Azura, del que ningún hombre blanco ha salido jamás. Si eso es cierto, temo que la familia Braemar no volverá a contemplar el rostro desencajado de lord Kendrick, ni a oír su risa inhumana, que a veces aún parece flotar por estos tétricos pasillos.

El palacio, sin duda, es la obra de otro loco parecido, pues ninguna estancia conduce directamente a otra, y el corredor gira y se retuerce sobre sí mismo como si fuera una cobra. Hallar cualquier lugar concreto es casi imposible, y si no fuera porque no creo en asuntos de fantasmas, diría que las habitaciones juegan a intercambiarse entre sí y confundirme. Los techos y la columnata del patio central están decorados con figuras horripilantes que sin duda representan a musulmanes condenados por la Inquisición durante la Edad Media, ya que, igual que pasó con Túnez, a Nilidia llegaron muchos de los adoradores de Alá que huían de la represión llevada a cabo por los cristianos. Ahora sus bocas sin dientes y sus ojos desorbitados gritan una agonía de hace cinco siglos desde el techo de mi alcoba o desde la bóveda bajo la que escribo en estos momentos.

Normalmente no me preocupa, pero en noches como la de hoy, cuando la jaqueca no me deja dormir y deambulo sin saber hacia dónde, esas nefastas presencias del techo me intimidan. La guerra con frecuencia es un asunto despiadado, pero hay ocasiones en las que la paz es mucho peor.

Umara, mi jefa de criadas, no tiene ningún problema para orientarse en palacio o para dormir con esas imágenes sobre ella, y me pregunto cómo lo hace. ¿Estará durmiendo ahora mismo? ¿Cómo será su respiración? ¿Estará intranquila?

No lo sé y, por alguna extraña razón, eso me produce un enorme desasosiego.

Arabesco

Pero él no quiso hacerme caso nunca, a pesar de mis advertencias sobre las criaturas que habitan en el Palacio del Alba, seres sin cuerpo que juegan a manipular a los hombres, invaden su corazón y es imposible expulsarlos. Eso es lo que le había ocurrido al depravado lord Kendrick, del que hasta los más ancianos han borrado cualquier recuerdo, pero Kane resultó no ser mucho mejor, o al menos igual de vulnerable a aquellas presencias.

Él no podía entender nada, no sabía lo que era el palacio o por qué estaba allí, y no atendía a razones.

Intenté convencerlo para que trasladara la capital al norte, a Baal Azur, donde en la Antigüedad reinó la dinastía de los Huymánidas, pero su curiosidad venció a la lógica y no se mudó. Y entonces esa mujer lo controló por entero.

Arabesco

Extraído del diario de sir James Brogdan Kane:

Lunes, 11 de febrero de 1901:

No lo soporto, no puedo vivir así. Esa maldita princesa del desierto se contonea delante de mí con sus ropas de color y sus joyas tintineando, pasea sus manos por mi rostro y me seca el sudor, cuida mi ropa, limpia mis zapatos y hasta me baña. Su tacto es como de seda y su voz es dulcísima, y sin embargo no me está permitido siquiera tocarla. Solo con dirigirme a ella provoco un delicado rubor en sus mejillas que me encanta, y en cambio con lo que sueño cada noche es con agarrar y someter su cuerpo a todas mis fantasías, destrozar su túnica y hacerla mujer, aunque para eso tenga que romper mil tradiciones de este país sin sentido. ¿Quiénes se creen que son para negarme a mí nada, para imponerme esta estúpida norma?

¡Yo soy el gobernador de Nilidia y de toda su gente, y si deseo tomar a una mujer de su raza, deberían sentirse honrados!

No, no estoy siendo racional. Es esta maldita jaqueca, que no me abandona ni de día ni de noche. Vago desesperado por los más oscuros rincones de palacio y ya apenas salgo al exterior, consciente de que la luz del sol aumentaría mis padecimientos. Las Juntas de Gobierno únicamente pueden celebrarse aquí, y sé que mis enemigos políticos se están aprovechando de ello para confabular. Algunos miembros de la familia Braemar han sido vistos acudiendo a reuniones secretas en las que sin duda buscan recuperar el poder, aun sin la presencia de lord Kendrick, del que nadie sabe nada. Pretenden evitar que me asiente en mi cargo, ahora que apenas acabo de llegar y que ya conocen mis debilidades, pero no se lo permitiré. Hoy mismo he ordenado una purga de los barrios donde viven los altos cargos que se opusieron a mi nombramiento, y en breve tendré la piel de algún traidor.

Ah, qué bajo he caído en tan poco tiempo, ordenando represalias contra familias enteras en vez de enfrentarme a otros soldados en el campo de batalla. Es este país, sin duda, es maligno, destila crueldad en cada rayo de sol y cada brizna de hierba. ¿Cómo pude aceptar venir aquí?

Yo que era un héroe de guerra condecorado, y ahora me arrastro como un fantasma por un castillo plagado de dolor. Los rostros en piedra de los torturados aún me observan, y empiezo a sospechar que esta gente no murió en España por culpa de la Inquisición, sino que fue aquí mismo donde se infligieron tales castigos de una monstruosidad infinita. Hay noches que me complace imaginarlo, pensar cómo pudo morir uno u otro, qué tipo de atrocidades practicaron en ellos, qué causó cada rictus mortal.

De joven, cuando estudiaba en la Real Academia Militar de Woolwich, como hicieron antes que yo todos los varones de la familia Kane, leí un tratado sobre las técnicas de la Inquisición que nunca he sido capaz de olvidar. Aquellas prácticas inhumanas se me quedaron grabadas en la mente. Ratas masticando las tripas de los prisioneros, ruedas que les arrancaban los brazos y las piernas, mazas que trituraban dedos… ¿Cómo es posible que alguien idee esas cosas? ¿Qué clase de demonios…? Porque demonios es lo que eran en realidad, aunque con apariencia humana.

Ahora, en este siniestro lugar donde se cometieron actos similares, creo que puedo entender la fascinación que sintió el escultor por esas mandíbulas desencajadas y esos ojos que nunca tendrán paz, porque a mí me ocurre lo mismo. Cada vez me siento más identificado con el sufrimiento de estas personas, no con su raza, su lengua o sus creencias religiosas, pero sí con la manera en la que experimentaron dolor.

Tal vez el dolor sea el único lenguaje universal de los hombres, y hubo alguien que lo descubrió, en este mismo palacio, hace muchos siglos.

Taymullah me ha prometido que me traerá opio para calmar mi jaqueca, y es posible que entonces ya no piense estas cosas tan extrañas.

III

LOS DEMONIOS

El paso de los días probó que este nuevo gobernador era un hombre débil que no se merecía el cargo. La flaqueza que mostró a la hora de acometer sus obligaciones hacia esta nación fue aprovechada por los turcos para anexionarse las montañas de Urgo, en una rápida maniobra que nuestro ejército no supo contrarrestar. Los cuerpos de cientos de soldados nilidios regaron una amplia frontera que ya nunca hemos recuperado, y en la que desde entonces se yergue un monolito de piedra en honor a sus víctimas.

El efecto moral de esta derrota fue inmenso, y de no ser por el propio sir Philip Cartwright, que asumió el mando del ejército y se atrincheró en el norte para detener la invasión, es posible que la capital hubiera caído en un par de semanas.

Nilidia era un baluarte que todos querían: los ingleses para demostrar que podían cons3ervarla, y los turcos porque conocían la leyenda de la Primera Ciudad y ardían en deseos de comprobar si era cierta. Sus consejeros les habían dicho que incontables tesoros aguardaban ocultos bajo las arenas del desierto de Azura, donde una vez existió la prodigiosa ciudad de Urm, la de torres más altas que el sol y hombres de una belleza y una sabiduría que no podrán igualarse nunca. Urm, que fue creciendo hasta abarcar toda África y Asia, hasta que su propia culpa la hizo mortal, y por decreto de los dioses las arenas la sepultaron por completo, con todas sus familias y sus maravillosas construcciones, que ahora no son más que recuerdos. Esto era lo que ansiaban los turcos, la riqueza y el poder de otro tiempo, aunque la misma leyenda les decía que tales logros les estaban vedados, pues sobre Urm había caído una maldición que afectaría a todo aquel que pretendiese liberarla, generación tras generación, hasta el fin de los días.

Pero como ya he dicho antes, la codicia es una de las fuerzas más poderosas de la humanidad, y así lo fue para el Imperio otomano, para sir James Brogdan Kane y para su ekkra, Umara Aziz, y ninguno de ellos salió bien parado de este drama.

Arabesco

Extraído del diario de sir James Brogdan Kane:

Miércoles, 13 de febrero de 1901:

Hoy lo he comprendido por fin, ya sé lo que vio lord Kendrick en las catacumbas del que ahora es mi palacio, me ha sido mostrado el Mapa de la Creación y sé lo que somos.

Y me aterra.

Anoche probé a fumar el opio que me trajo Taymullah, tan desesperado estaba por mi horrible dolor de cabeza como para probar cualquier clase de sustancia que me facilitara cualquier clase de hombre, incluso un sucio chamán de una tribu de beduinos, de cuya lealtad ni siquiera estoy muy seguro. Pero algo tenía que hacer, mi cordura y mis logros estaban desapareciendo, mi posición de gobierno se tambaleaba, mi imagen de líder fuerte se había evaporado, fruto de una campaña de desprestigio extendida por mis enemigos, e incluso mi capacidad para discernir la realidad de la fantasía era cada vez más escasa.

Todo eso ha desaparecido hoy.

Por alguna extraña razón me he despertado con la cabeza lúcida y el corazón tranquilo, seguramente como nunca en mi vida, y he sido capaz de salir a la luz del sol y hablar con mis criados sin gritarles. La paz ha vuelto a mis manos, que ya no tiemblan más, y mi paso es firme de nuevo. En mis labios se dibuja una sonrisa un poco estúpida, y no me extraña, porque parece que al fin soy libre de años de sufrimiento y de pesar. ¿Cómo podría dar gracias por mi inmensa fortuna?

Sin embargo, en mi memoria siguen clavados los actos que tuve que realizar para ganarme este don, y es posible que ni yo ni mis descendientes nos veamos nunca libres de la penitencia que me corresponde por ello. Anoche probé el extraño opio de Taymullah y sin quererlo liberé mis instintos más primarios, haciéndome vulnerable a las malignas presencias que desde siempre han habitado en este palacio, y a las que ahora me debo, pues son las que me han curado.

Mis recuerdos son confusos, sobre todo en lo que atañe a los detalles más precisos, pero sé que me vi a mí mismo desde fuera y que caminaba por un bosque rodeado de bestias salvajes, un lugar tenebroso en el que todos los seres eran depredadores, tanto los animales como las mismas plantas, y podía sentir su aliento amenazándome desde los bordes del camino. Sus dientes y espinas se dirigían hacia mí, sus gruñidos, sus zarpas… hasta que fui capaz de sobreponerme al miedo, desenvainé la espada y me lancé fuera del camino, para combatirlos en su propio terreno. Corté miembros y troncos mientras me bañaba en su sangre y su savia, sin que yo recibiera ni una sola herida. Recuerdo la ferocidad de la batalla, el placer que sentí al destrozarlos a todos, hasta el punto que, cuando no quedó en pie ni uno, me puse en cuclillas y devoré su carne, disfrutando como si yo también fuera una bestia igual que ellos.

Entonces se apartó el velo de mis ojos, y entendí que esos enemigos a los que había matado no eran otros que los hermanos pequeños de la familia Braemar, cuyos cadáveres desmembrados y parcialmente devorados yacían ahora a mis pies, entre los llantos inconsolables de sus viudas. No podía controlar mi propio cuerpo ni la maravillosa sensación de placer por la victoria, y lo siguiente que recuerdo es verme a mí mismo desgarrando la túnica de Umara con los dientes y tomándola por la fuerza. No estoy orgulloso de lo que hice, pero incluso ahora, cuando la borrachera del opio ya ha pasado, sigo estremeciéndome de placer al recordarla. Fue un acto salvaje en el que no medió ni una sola palabra, pero no hizo falta, porque tanto ella como yo sabíamos que lo estábamos deseando hace tiempo, así que en cierto modo fue como una liberación.

Pasado el éxtasis, quedamos tirados en el suelo con nuestros cuerpos mezclados, sabiendo que no queríamos separarnos. Sin embargo, la droga fue evaporándose de mi organismo y mi conciencia volvió plenamente, momento en el que me sentí avergonzado de lo que había hecho y rompí a llorar.

Umara me rodeó con sus brazos para consolarme y dijo: «Mi señor, no te aflijas. Lo que has experimentado es la verdadera naturaleza de los hombres, que toman por la fuerza lo que desean. La civilización que tanto veneras no es más que un disfraz, y esta noche has conseguido desprenderte de él».

Pero yo no quería dejar de ser civilizado, esa brutalidad era tan ajena a mí que sentía que alguien había robado mi cuerpo y lo había utilizado para su propio disfrute. No podía entender algo semejante. Incluso en los peores días de la guerra, siempre había conseguido ser un caballero y no abandonarme a la locura de la violencia sin razón, en la que sí había visto sucumbir a otros, algunos de ellos amigos cercanos.

Y esta vez había sido yo el demente que se entregó a la furia y la sangre, destrozando toda posibilidad de recuperar mi vida normal.

Umara me acunó como a un niño y susurró en mi oído: «Hay dioses de un poder terrible que duermen en las catacumbas de este palacio. Su reinado es de otro tiempo, pero llegará el día en que despierten otra vez y gobiernen un mundo que les pertenece, pues los hombres no somos más que criados que guardamos la casa hasta el retorno del amo».

Y eso me estremeció más todavía.

Hoy en cambio me he levantado pletórico de fuerzas y sin un solo atisbo de debilidad. He dado órdenes con la firmeza de un auténtico líder, y creo que por primera vez los nilidios sienten que tienen el gobernador que se merecen.

Sé que estos dones no vienen sin un cuantioso pago, generalmente no solo por mi parte sino también por los que me hereden. Esta noche bajaré a las catacumbas y me enfrentaré a ellos, y es posible que no vuelva vivo. Si alguien encuentra este diario, sabed que no fui el hombre cruel y despótico que dirá la Historia, ni el títere de poderes oscuros que puede suponer quien lea estas líneas.

Fui un soldado que nunca se cuestionó las órdenes, hasta que me topé con un mal tan antiguo que los hombres a su lado parecemos recién nacidos, unos seres primigenios que se entretienen haciendo que suframos horrores sin fin, porque la inmensidad del Cosmos les ha enseñado a ser atroces y ellos disfrutan siéndolo.

A costa de la pobre alma humana, que destrozan día a día hasta que la consumen.

Arabesco

Sí, hermanos, esta tierra siempre ha sido hollada por conquistadores extranjeros. Romanos, otomanos y ahora ingleses… En nuestros campos siempre ha habido invasores, y con frecuencia también en el lecho de nuestras damas. Los turcos oyeron acerca de la leyenda de Urm y ansiaron poseerla, aunque sé de buena tinta que también les hablaron de la maldición. Ellos conocían la historia completa y aun así anhelaban recuperar este país, aunque sabían del destino aciago de Murtaka, el último de los reyes de Urm, cuya ambición sin límites condenó a la nación y la sepultó bajo la arena del desierto.

Se dice que Urm, la Primera Ciudad, había alcanzado cotas de desarrollo nunca vistas, gracias a la que aquellos seres que una vez fueron monos lograron convertirse en señores de la Creación. Sus máquinas eran portentosas, sus vidas se prolongaban casi hasta el infinito y su permanente contacto unos con otros hacía que siempre estuvieran felices. Sin embargo, nada de esto colmaba a Murtaka, cuyo corazón era una vasija sin fondo que ni con toda la felicidad del universo se habría podido llenar. Él contemplaba a sus súbditos y admiraba su capacidad para la alegría, mientras que él se afligía por no poseer más conocimiento, por no saberlo todo. Rebuscaba en libros prohibidos, conjuraba a entidades que los mortales no deberían ni mentar, y aun así nada le complacía, siempre sombrío, siempre triste.

Siempre solo.

Finalmente un día este rey oscuro convocó al mismísimo dios Baal, el padre de nuestra raza, que nos guía juiciosamente desde los tiempos de los viajeros fenicios. Baal le atendió con el amor de un padre, pero no era amor lo que buscaba el rey, sino el conocimiento prohibido, oculto en los rincones del Cosmos. Buscaba la verdad sobre el infierno y dónde se encuentra, por qué tenemos un alma o cuál es el propósito de la vida humana.

Baal le observó intranquilo y dijo que tales conocimientos están vedados a un hombre mortal, pero Murtaka siguió insistiendo, dispuesto incluso a renunciar a su mortalidad, a su corazón o a su alma si era necesario. Baal dijo que no le costaría solo eso, sino también la vida de todos sus súbditos, la pervivencia de su nación y su lugar en la Historia. Dijo que, si persistía en ese loco intento, Él le concedería su deseo, pero en adelante la figura de Murtaka sería tratada con pavor, se le llamaría loco y mal gobernante, y nunca más se recordaría su nombre, por miedo siquiera a pronunciarlo.

El rey meditó aquellas palabras durante un segundo y a continuación respondió: «Acepto el trato».

Y al alba del siguiente día Urm fue tragada por la más gigantesca tormenta de arena que ha conocido la Historia, dejando tan solo en pie el palacio que por esto se llamaría del Alba, y que había sido hogar de los monarcas de esta gran nación desde el comienzo de los tiempos.

Aprended por tanto la lección que transmiten mis palabras, gentes de bien: hay conocimientos que deben seguir ignorados, demonios a los que no debéis conocer, tesoros que acarrean desgracias para uno mismo y para los que os rodean. Así le pasó al rey Murtaka y desde él a todos los gobernantes de Nilidia, sin que el poderoso sir James Brogdan Kane haya escapado a la maldición de esta herencia nefasta, pues ahora sufre por la oscuridad de su alma igual que sufrimos todos.

Mirad, mirad dónde se encuentra ahora y en qué condiciones.

Compadeceos de él y no repitáis sus pecados.

Epílogo

EPÍLOGO

OTRO NUEVO AMANECER

Carta de sir Philip Cartwright, portavoz del Consejo de Gobierno de Nilidia, a lord Salisbury, Primer Ministro del Reino Unido:

Nilur, a 18 de febrero de 1901.

Estimado señor:

Por la presente le informo de que sir James Brogdan Kane, barón de Kane y gobernador de Nilidia, se encuentra afecto de una enfermedad presumiblemente incurable. Los médicos de la capital ya trabajan para restablecer su salud, pero se muestran poco esperanzados. Sus síntomas son erráticos pero muy incapacitantes, alternando momentos de locura, en los que profiere gritos disonantes y desea escapar de palacio, con días enteros en los que somos incapaces de despertarlo. Su mente parece luchar contra imágenes que él mismo no puede comprender, por lo que sufre de un modo horrible y a veces parece agonizar, haciéndonos temer por su vida.

Tal enfermedad dio comienzo una noche en la que fue hallado corriendo por los pasillos que provienen de las catacumbas. En aquel entonces chillaba frases inteligibles, y ya al día siguiente cayó en el profundo estado que le refiero, del que no ha sido posible que se recupere. Su criada favorita cuenta que esa noche sir James bajó a las catacumbas dispuesto a conocer el motivo de la locura del anterior gobernador, lord Kendrick de Braemar, del que no hemos tenido noticias desde que perdió el sentido. Sin embargo, parece más bien que ha sido al contrario, yCaveof100saintsentrance que la locura ahora ha contagiado a nuestro gobernante. Una desgracia, sin duda.

Lo único que pudimos sacar en claro de su discurso fueron las frases que oímos la criada y yo esa noche en que lo encontramos volviendo de las catacumbas, y que han resultado ser las últimas que pronuncie en esta vida:

«Estamos solos en el Universo».

«No hay nada allí abajo, absolutamente nada».

«Fuimos nosotros».

«Quien cometió esas monstruosidades fui yo, por mi propia mano, y lord Kendrick las suyas, y nadie más».

«Estamos solos en el Universo».

Y así lo repetía una y otra vez, sin un orden establecido. Desconozco a qué se refería, pero desde luego tiene que ser algo terrorífico, ya que lo atormenta de día y de noche.

Esto, como comprenderá, ha revuelto a las masas de Nilidia, sumado a los rumores acerca de la muerte violenta de la familia Braemar, que achacan al propio sir James. La población azura está encendida y es fácil que se produzca un levantamiento armado en los próximos días. Por eso le ruego que nombre a otra persona para el puesto de gobernador, yo mismo, si tiene a bien. El caos empieza a ser incontrolable y es preciso que la estabilidad se recupere enseguida. Mi conocimiento sobre los entresijos del Estado me convierte en el candidato más idóneo, por ello le solicito permiso para asumir el mando del país y encabezar de nuevo al Ejército contra estas revueltas.

Debe ser ahora que todavía estamos a tiempo.

De lo contrario, nos arriesgamos a que Nilidia sea engullida por tanto horror y desaparezca por completo, como se cuenta que sucedió con la antigua Urm en los tiempos del rey Murtaka.

Espero su pronta respuesta.

Atentamente…

Arabesco

Sin embargo, señores, tampoco me hagan demasiado caso. Todo en el fondo son historias, nada es real más que aquello en lo que creemos. Todo es ficticio, todo inventado, incluso nuestras vidas.

Y yo, Taymullah, no soy más que un juglar contando cuentos en una calle mugrienta, una pieza de ajedrez en un tablero que yo no controlo. No fue a mí a quien se le ocurrió esta historia, yo no muevo los hilos del mundo, ese es otro a quien nadie ha mirado hasta ahora.

Yo simplemente me ocupo de contarlo y espero que os guste, porque esa es la única función del cuentista: confundir al espectador hasta que se descubra la trama y entonces ofrecer su sonrisa, agradecer los aplausos y pedir la voluntad.

Gracias por vuestra paciencia. Venid mañana y volveremos a vernos, en la misma esquina, con los mismos sueños.

Estáis invitados al siguiente cuento.

Final

Acerca de la literatura infantil y juvenil

Los tres mosqueteros

Hoy, 2 de abil, se festeja el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, una estupenda celebración que fomenta la lectura en edades tempranas. Sin embargo, hoy me ha surgido una duda: ¿qué entendemos por literatura infantil y juvenil? ¿Quién elige qué materiales deben leer los niños, y en base a qué? ¿Cómo se diseñan las franjas de edad para cada texto?

Es algo que me lleva persiguiendo desde hace tiempo: cuando escribía «Nilidiam», no podía considerarse juvenil porque había demasiada violencia (sólo una ciudad volando en pedazos a causa de explosivos colocados en su subsuelo, tampoco es para tanto);  cuando publiqué «La reina demonio del río Isis», ya no aparecía tanta violencia, pero sí una escena de sexo (sugerido, no explícito) sobre las baldosas de un templo, y un atlas de los besos del que se extraían diversos pasajes.

¿Eso lo invalida para nuestras jóvenes mentes? ¿«Es que nadie va a pensar en los niños»?

Creo que ciertamente me estoy volviendo un viejo insoportable. Ahora es cuando suelto esas batallitas que siempre empiezan con «En mis tiempos…».

En mis tiempos no había estas etiquetas por edades, que sin duda hacen todo más fácil. En mis tiempos había dos rombos en la televisión que significaban que tenías que acostarte. Nadie especificaba las lecturas por edades, y eso hizo posible que en mi época juvenil leyera «Watchmen», la obra completa de Robert E. Howard, bastantes libros de Michael Ende y de Gloria Fuertes, las novelas de aventuras de Julio Verne, «La isla del tesoro», «La república» de Platón, «El discurso del método» de Descartes, «Black Kiss» de Howard Chaykin, «Los tres mosqueteros», «Dark Knight Returns» y cuanto cómic de superhéroes cayera en mis manos. Dudo que la mitad de esta lista pudiera considerarse apto para los jóvenes de hoy en día. Ya hay muchos avisos en contra de la censura y autocensura en la literatura infantil y juvenil, no por mi parte, que soy un neófito, sino por parte de autores consagrados del género, como se puede ver en este enlace. Al mismo tiempo, otras fuentes alertan de graves problemas de incomprensión en las lecturas, lo que lleva a que no tenga sentido leer, el niño se frustra y acaba por aborrecer algo que le imponen sin saber si verdaderamente le gusta.

La lectura debe ser un placer. No entiendo a esa gente que se obliga a terminar un libro si le horroriza. El sadomaso es algo completamente ajeno a la literatura, al menos por mi parte (hay gente que lo cultiva con éxito, incluyendo algunas de mis amigas, pero yo no voy por ahí).

Entonces, ¿qué estamos celebrando hoy? ¿El etiquetado por sistema, para dejar tranquilas nuestras conciencias? ¿La creación de masas bienpensantes y nada transgresoras? ¿Es el triunfo del sistema aleccionador, que impide que ninguna voz se alce más que el resto, que bloquea lo diferente para formar mentes idénticas y nada problemáticas?

Desde luego, es que nadie piensa en los niños…