Cómo puede un escritor cambiar de género literario y no morir en el intento

isabel allende

Al hilo del artículo que escribí hace unos días sobre la marca de autor, y celebrando de paso el cumpleaños de John Boyne, del que hice este otro artículo, se me ocurrió que por qué no podría un autor cambiar de registro si le apetece. Puse el ejemplo de las muchas novelas policíacas de Agatha Christie, u otro tanto de novelas de aventuras de Salgari, pero también es cierto que Isabel Allende ha escrito libros infantiles, juveniles, históricos, biográficos, policíacos, eróticos, de aventuras, cuentos y hasta álbumes ilustrados. Su capacidad para diversificarse y tener éxito con todos ellos rompe con cualquiera de las normas establecidas. Pero también es cierto que ella ya tenía un público fiel cuando se lanzó a hacer eso.

John Boyne, que fue el ejemplo del que hablé con más detenimiento, ha escrito relatos, cuentos, novelas juveniles, históricas y de terror, y en todas esas facetas es un narrador portentoso.

Sin embargo, ¿es recomendable cambiar de género o al final resulta un salto sin red?

Hay dos problemas que conlleva el afán de un escritor por cambiar de género:

  • No se puede ser bueno en todo. La novela histórica no utiliza los mismos recursos, ni tiene el mismo ritmo narrativo que la policíaca o la romántica. Para ser un experto en un género en concreto hay que haber leído a sus autores más significativos y saber aportar algo que ellos no hicieron. Si eso ya es difícil en un solo género, hacerlo en varios resulta casi imposible.
  • Nadie sabrá qué esperar de sus libros. Si sus obras cambian de género sin previo aviso, los lectores quedarán desconcertados y eso generará abandono. Es muy diferente cuando ese autor ya atrae a un grupo de lectores fieles, deseosos de leer cualquier cosa que haga, pero incluso en esos casos suele ser porque ellos cuentan en su cerebro con un modelo determinado de novela, que suele ser el que cultiva esa persona. Los fans de Posteguillo o Pérez-Reverte no suelen serlo por lo guapos o agradables que les resulten, sino porque trabajan de determinada manera y sus seguidores esperan obras similares en el futuro.

 

Por tanto, cierto encasillamiento es habitual en literatura y solo unos pocos autores han sido capaces de saltárselo sin demasiados escollos. También Leonardo Da Vinci construía máquinas voladoras, pintaba, esculpía y cien cosas más.

Pero hace falta ser un verdadero genio para algo así.

John Boyne

Más escritores versátiles y máquinas voladoras en este enlace.

 

¿Qué diferencia hay entre literatura realista, fantástica y ciencia-ficción?

Cielo estrellado

Imagen vista en http://www.meteorologiaenred.com

 

Hace unos días celebró su cumpleaños George R. R. Martin, creador de numerosas novelas fantásticas y de ciencia-ficción. Por eso publiqué un artículo al respecto en «Vigo é», que trata sobre uno de sus cuentos menos conocidos: «El dragón de hielo». Puedes verlo en este enlace.

Y entonces me volvió a surgir la preocupación por los géneros. ¿Martin escribe fantasía o ciencia-ficción? Salvo por la presencia de dragones, tanto «Canción de hielo y fuego» como este cuento se podrían considerar novelas de aventuras ambientadas en un supuesto mundo alternativo, en la época medieval.

¿Si aparecen naves espaciales es ciencia-ficción y si hay magos es fantasía? Pues sí, básicamente es así.

Hay un esquema muy bueno de Rafael de la Rosa, que reproduzco a continuación:

Géneros y subgéneros literarios

También me ha ayudado en este asunto el libro «Cómo escribir fantasía», de Ana González Duque, que puedes encontrar en este enlace.

Es el clásico problema de las etiquetas. Las editoriales y las librerías, y muchas veces también los lectores, tienden a clasificar las novelas de alguna forma, mientras que los escritores prefieren volar libres y escribir lo que les plazca.

Pero hay que organizarse, la verdad. Así que es hora de afrontar el problema.

 

Básicamente la explicación que más me gusta es la siguiente:

Pregunta 1: ¿Todo lo que aparece en la novela existen o ha existido en el mundo real?

  • La respuesta es sí: Literatura realista. Aquí se puede incluir desde la novela histórica a la costumbrista, la de aprendizaje, la romántica o el thriller sobre asesinatos en el Vaticano (si no intervienen dioses).
  • La respuesta es no: Pasa a la pregunta 2.

Pregunta 2: ¿Todo lo que aparece en la novela podría llegar a existir alguna vez, de acuerdo con las leyes de la ciencia?

  • La respuesta es sí, o por lo menos la narración lo pretende: Ciencia-ficción. Aquí se pueden incluir todos los relatos sobre mujeres gigantes radiactivas, arañas alteradas genéticamente, cambio climático destructivo, estaciones espaciales junto a agujeros de gusano, etc. Es posible que nunca lleguen a existir los viajes hiperespaciales, o las máquinas del tiempo o las pistolas láser, pero, si la narración intenta dar una explicación convincente para esos elementos desde las leyes de la ciencia, pertenece a este grupo.
  • La respuesta es no, ni lo pretende: Fantasía. Aquí se incluye cualquier relato en el que algún elemento no es racional ni se da ninguna explicación racional para su existencia, como los unicornios, las tortugas gigantes que sostienen planetas o los magos de barba blanca que lanzan rayos por su báculo con cara de muy enfadados (sin la cara de enfado, también se considera fantasía).

Claro, luego está el tema de los límites, que es lo más complicado de este tema: ¿Dónde queda el realismo mágico (que se llamará así por algo)? ¿Qué pasa con «Star Wars» (el eterno dilema)? ¿Y con las películas sobre zombies nazis que se escondieron en la cara oculta de la Luna?

Pues bien, para los que no encajan bien en ningún sitio, se inventaron los subgéneros: fantasía heroica, espada y brujería, grimdark, sexo con dinosaurios, etc.

Y también está el tema de la ambientación. Puede que una novela no se centre en la cuestión histórica, sino que la utilice tan solo como fondo para contar una investigación policíaca, como hizo Agatha Christie en «La venganza de Nofret», o que se trate de una novela romántica en el futuro, o una de fantasía en el pasado. ¿Eso también se considera una novela de género, o más bien una mezcla de ellos?

La respuesta es muy sencilla: mientras la sociedad intenta catalogar el arte y embolsarlo para regalo, el deber del artista es romper esas bolsas, saltarse cualquier límite que le quieran imponer y reconstruir los géneros. Solo así podrá avanzar el arte, y a partir de eso, la sociedad entera.

Más locuras, más límites saltados y alguna explicación más (pero no sexo con dinosaurios) en este enlace.

Frazetta 4

Ilustración de Frank Frazetta