«¡Por los dioses!», capítulo noveno: Una lección de Historia Antigua.

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«¡POR LOS DIOSES»

LA HISTORIA DE NILIDIA (RESUMIDA) A TRAVÉS DE SUS MITOS

Por Allan Walker, periodista e historiador.

Publicada originalmente en The New York Times Magazine el 16 de marzo de 1930.

En ocasiones este oficio de historiador acarrea momentos preciosos. Hace un año llegó una carta a la redacción de este periódico, dirigida a mí y firmada por el profesor Taymullah Farûq, de Nilidia. No tenía el gusto de conocer a tal caballero. Él se presentaba como gran estudioso de la Historia Antigua, en concreto de la de su región, y por ello había obtenido un lugar privilegiado en el gobierno, sirviendo de consejero para la familia de sir James Brogdan Kane —a quien el propio rey Eduardo VII había ordenado guiar los destinos de Nilidia, tras sus éxitos militares en la batalla de Ladysmith—. Taymullah había actuado también como preceptor del hijo mayor de los Kane, Jonathan, hasta que el padre lo envió a estudiar al castillo familiar, en Northumberland.

Por tanto, la posición de este hombre como intelectual reputado era indudable. Sin embargo, su carta mostraba una enorme hostilidad hacia mi trabajo. Me acusaba de mentir a los lectores del periódico y de tergiversar hechos históricos irrefutables para mantener la hegemonía de los hombres blancos. Taymullah es un firme defensor de los derechos de la población árabe, ha creado escuelas en viejos cobertizos abandonados, ha llevado la cultura a los pueblos nómadas mediante una compañía de teatro itinerante y, en definitiva, ha intentado que la población nilidia sea lo bastante independiente como para que nadie la pueda manipular. Ni el Imperio otomano, ni el británico, ni Mussolini ni cualquier otro. Ha intentado que piensen por sí mismos para que ninguna consigna, discurso ni libro sagrado les diga lo que tienen que creer, y que sean capaces de cuestionar hasta los preceptos más sagrados.

Eso es lo que distingue a un gran líder: aquél que pretende servir a su pueblo, y no que el pueblo le sirva a él.

Huelga decir que, desde entonces, Taymullah y yo nos hemos vuelto grandes amigos. Intercambiamos cartas repletas de información acerca del presente y del pasado —buen ejemplo de ello es el cuadro que adjunto con el presente artículo, y que Taymullah emplea en sus clases acerca de Historia Antigua—. Nilidia es un lugar apasionante cuya contribución a la Historia de la Humanidad resulta innegable: los amores de Aníbal y la reina Nilat, fundadora de la nación; el clan de los Huymánidas, cuyos restos descansan en una cripta secreta; las invasiones romanas; el éxodo hacia nuevas tierras…

En estas semanas iniciaré un nuevo viaje a aquella región, buscando el encuentro con mi buen amigo Taymullah. Compartiremos charlas eternas bajo las palmeras que contemplaron a las tropas cartaginesas. Nos bañaremos en el mismo mar donde morían los corsarios otomanos. Reiremos como reía Napoleón al contemplar las yeguas de Ranuhi.

¿Qué será de nuestras vidas? ¿Cómo asumirá el mundo la nueva realidad a la que nos enfrentamos, desde el horror que nos produjo la Gran Guerra?

Nilidia ahora contempla cómo resucita un antiguo enfrentamiento racial, que en realidad es el mismo que ya existía en la época de las guerras púnicas: colonizados rebelándose contra los colonizadores, víctimas que se convierten en verdugos, y mucha, mucha sangre derramada.

Espero que algún día los hombres de bien sepan escuchar la lección de la Historia y no derramen más sangre. Que amen más y lo demuestren, que se desvivan por los demás y no cobren sus deudas.

Espero que algún día los hombres blancos podamos aprender la amarga verdad que cuenta África: que allí nació la humanidad hace millones de años, y es donde menos respeto se tiene por la vida, en todas sus formas.

Espero que mi visita traiga a Nilidia menos muerte y más historias grandiosas, por la cuenta que nos trae.

Corolario:

Éste fue el último artículo de la vida de Allan Walker. Poco después viajó a Nilidia y se implicó en los movimientos culturales encabezados por Taymullah Farûq. Walker participó en la elaboración de obras de teatro como «La reina demonio del río Isis», actuó en pequeñas representaciones por todo el país, enseñó a leer y escribir a pueblos enteros, y finalmente asesoró al Gobierno británico en materia de educación. Por desgracia, el enfrentamiento entre árabes y británicos terminó en guerra, llevándose consigo a muchos intelectuales que no pretendían luchar.

El 13 de mayo de 1930, el Movimiento de Liberación Nilidio atacó la ciudad de Ranuhi, en la costa norte, iniciando una batalla casa por casa que costó la vida a más de mil personas blancas y provocó una intensa respuesta armada por parte del Ejército británico. Allan Walker fue una de esas mil personas blancas, y sus restos nunca pudieron ser identificados.

El Movimiento de Liberación Nilidio consideraba que toda persona de raza blanca era culpable de la situación de falta de derechos humanos en la que vivía la población árabe, y por tanto debía ser castigada. Esto llevó a una guerra atroz donde ambos bandos perdieron.

Sirvan estos textos como homenaje a un grandísimo historiador que amaba su trabajo, amaba Nilidia y, por encima de todo, amaba la vida. Y todo eso se lo quitó la guerra.

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