Historias asombrosas de la vida real: Cuando marinos estadounidenses fueron esclavizados por piratas de Berbería.

carte ancienne / old map - Barbarie (Maroc, Algeria, Tunisie, Lybia) - Mercator - 1630

«Mapa de Berbería», de Gerardo Mercator (1630).

 

Hoy, 23 de agosto, se celebra el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición. Cada año la UNESCO recuerda las atrocidades que se cometieron sobre poblaciones de todas las razas, pero en especial sobre la raza negra, y lo difícil que resultó acabar con ello. Puede consultarse la información referente al evento en este enlace.

Berbería fue un enclave fundamental en el desarrollo de la trata de personas. Desde la región al oeste de Egipto y hasta el estrecho de Gibraltar, el nombre de Berbería designó, a partir del siglo XVI, la costa norte del continente africano, que abarcaba en aquellos tiempos los territorios semiindependientes de Trípoli, Túnez, Argel y Marruecos. Los tres primeros estaban gobernados por beyes o responsables de la provincia, que respondían ante el sultán otomano pero gozaban de una enorme libertad de actuación. En ocasiones dispusieron incluso de su propia bandera.

Nombres ilustres como el de Cervantes se incluyen en las interminables listas de esclavos que fueron apresados, sometidos y/o vendidos en Berbería, punto clave de conexión entre los piratas que capturaban barcos cristianos y las rutas guiadas por esclavistas árabes que atravesaban el desierto del Sáhara con numerosas poblaciones de piel negra. El descubrimiento de América (1492) también supuso un aumento de la demanda de esclavos, y la caída de Constantinopla (1453) polarizó el enfrentamiento religioso en dos bandos claramente antagónicos: los reinos cristianos (encabezados por la Corona de España, que por entonces se ceñía a la cabeza de los Austrias) y el Imperio otomano (gobernado, por medio de la fe islámica, por la Casa de Osmán).

Narraciones pormenorizadas de las terribles condiciones de vida de estos esclavos pueden leerse en novelas como «Corsario», de Tim Severin; o «Las panteras de Argel», de Emilio Salgari.

Pero, aunque parezca lo contrario, la cuestión de la esclavitud en Berbería no estuvo, ni mucho menos, limitada a la Edad Moderna ni a las naciones del área mediterránea, sino que incluso los Estados Unidos estuvieron implicados en este asunto.

Ésta es la historia de la que hablaremos hoy: las Guerras Berberiscas, que enfrentaron a los Estados Unidos con Trípoli (1801-1805) y con Argel (1815).

La Guerra de Independencia de los Estados Unidos había concluido con la firma del Tratado de París en 1783 y la ratificación de su nueva Constitución en 1788. Estos nuevos ciudadanos estadounidenses sufrieron el ataque continuado de los piratas de la costa berberisca, que llevaban siglos dedicándose a capturar barcos de potencias extranjeras y luego cobrar un rescate por ellos. Y durante años el Congreso se vio obligado a pagar tributo para lograr el bienestar de los apresados, hasta que, al mismo tiempo, desarrolló una poderosa Armada que le permitiera enfrentarse a estas potencias.

En 1801 comenzó la Guerra de Trípoli, a la que se sumaron Túnez, Argelia y Marruecos, en un enfrentamiento básicamente naval que se prolongó durante cuatro años.

Se hizo célebre durante este conflicto la batalla del puerto de Trípoli, en la que los marines estadounidenses bloquearon Trípoli entre 1803 y 1804, y protagonizaron diversas escaramuzas que incluyeron asaltos furtivos a naves enemigas, enfrentamientos a pecho descubierto y el famoso incendio de la fragata USS Philadelphia, que había sido capturada por los tripolitanos. Un pequeño comando a las órdenes del teniente Stephen Decatur se infiltró en la fragata, acabó con sus guardianes y le prendió fuego, para que nunca más pudiera ser utilizada en su contra. Esta operación se convirtió en un símbolo de heroísmo.

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«Burning of the USS Philadelphia», por Edward Moran (1897).

 

Pero aún más impresionante fue la toma de la ciudad de Derna, que dista unos 1300 km de Trípoli y unos 800 de Alejandría, en Egipto. Desde esta última ciudad organizó en 1805 el Ejército estadounidense una durísima expedición de 50 días a través de lo mas terrible del desierto libio, protagonizada por siete marines y unos 400 mercenarios entre turcos, griegos y árabes, bajo las órdenes del primer teniente Presley Neville O’Bannon y el teniente William Eaton. La larga caminata incluyó privaciones e intentos de sublevación, pero finalmente llegaron a Derna y la conquistaron de una forma absoluta, sin apenas bajas. Esta victoria afectó duramente al ánimo del bey de Trípoli, que poco después firmó un nuevo tratado con el Congreso de los Estados Unidos. Ésta fue la primera batalla terrestre de la historia del Ejército norteamericano, y su influencia simbólica resultó decisiva. En su honor, el himno de los marines comienza así:

«Desde los salones de Montezuma
A las costas de Trípoli;
Vamos a luchar las batallas de nuestro país
En el aire, por tierra y mar».

 

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«Attack on Derna», por Charles Waterhouse.

 

En 1815 comenzó un nuevo enfrentamiento, la Segunda Guerra Berberisca, esta vez entre los Estados Unidos y Argelia, igualmente motivada por la captura de ciudadanos americanos y la petición de rescate. E igualmente la victoria fue para la recién formada nación, con su ejército novato y sus ganas de encontrar su propio espacio en el mundo.

Las Guerras Berberiscas sentaron las bases de la influencia militar de los Estados Unidos en el resto del mundo, haciendo que este joven país empezara a ser respetado por las viejas potencias.

Y el esclavismo tampoco terminó ahí, pues el Imperio otomano aun habría de durar hasta la Primera Guerra Mundial.

Pero ésa, sin duda, es una historia para otro día.

emperorsuleiman

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