Documentándome: El anillo de Giges o la tentación del poder absoluto.

La escuela de Atenas

«La escuela de Atenas», de Rafael

 

Continúo documentándome para mi nueva novela, sobre la cual ya hablé en los artículos incluidos en este enlace.

Sabiendo ya, por tanto, que en su trama aparecerán, entre otros muchos personajes, unas sibilas y unos beduinos, hoy toca hablar sobre el tema de la novela, es decir, la respuesta a la eterna pregunta: «¿de qué va tu novela?».

Pues mi novela va sobre la tentación del poder absoluto.

Es un tema clásico, hay miles de historias acerca de grandes personajes corrompidos por un poder terrible, como «El señor de los anillos» o «El retrato de Dorian Gray».

Pero sin duda uno de los primeros, y que fue el que realmente me llevó a escribir la novela, es el mito del anillo de Giges, que relató Platón en el libro II de «La república».

En un diálogo entre Glaucón y Sócrates, el primero expresa:

«Demos a todos, justos e injustos, un poder igual para hacer todo lo que quieran; sigámoslos, y veamos a dónde conduce la pasión al uno y al otro. No tardaremos en sorprender al hombre justo siguiendo los pasos del injusto, arrastrado como él por el deseo de adquirir sin cesar más y más, deseo a cuyo cumplimiento aspira toda la naturaleza como a una cosa buena en sí, pero que la ley reprime y limita por fuerza, por respeto a la igualdad».

Éste es, pues, el planteamiento que desarrollará Glaucón: que el hombre justo lo es porque no puede hacer otra cosa, mientras que, si tuviera el poder suficiente y la impunidad para saltarse esa ley que lo reprime, no sería muy diferente del criminal, del asesino o del ladrón. Para demostrarlo, cuenta la leyenda del rey Giges:

«Giges era pastor del rey de Lidia. Después de una borrasca seguida de violentas sacudidas, la tierra se abrió en el paraje mismo donde pacían sus ganados; lleno de asombro a la vista de este suceso, bajó por aquella hendidura y, entre otras cosas sorprendentes que se cuentan, vio un caballo de bronce, en cuyo vientre había abiertas unas pequeñas puertas, por las que asomó la cabeza para ver lo que había en las entrañas de este animal, y se encontró con un cadáver de talla aparentemente superior a la humana. Este cadáver estaba desnudo, y sólo tenía en un dedo un anillo de oro. Giges lo cogió y se retiró».

Ésa es la clave de la leyenda, el anillo que tenía el poder de volver invisible a quien lo portase:

«Sucedió que, habiéndose vuelto por casualidad la piedra preciosa de la sortija hacia el lado interior de la mano, en el momento Giges se hizo invisible, de suerte que se habló de él como si estuviera ausente. Sorprendido de este prodigio, volvió la piedra hacia fuera, y en el acto se hizo visible».

Y lo que pretende demostrar Glaucón (y reflejar Platón en su obra) es que esa clase de poder conduce irremediablemente a cometer injusticias, atrayendo a su alrededor a otras personas parecidas:

«Seguro de su descubrimiento, se hizo incluir entre los pastores que habían de ir a dar cuenta al rey. Llega a palacio, corrompe a la reina, y con su auxilio se deshace del rey y se apodera del trono».

Pero, ¿es esto cierto? ¿El poder conlleva necesariamente la injusticia?

«Ahora bien, si existiesen dos anillos de esta especie, y se diesen uno a un hombre justo y otro a uno injusto, es opinión común que no se encontraría probablemente un hombre de un carácter bastante firme para perseverar en la justicia y para abstenerse de tocar los bienes ajenos, cuando impunemente podría arrancar de la plaza pública todo lo que quisiera, entrar en las casas, abusar de todas las personas, matar a unos, liberar de las cadenas a otros y hacer todo lo que quisiera, con un poder igual al de los dioses en medio de los mortales».

Esta leyenda ha dado pie a un sinfín de interpretaciones a lo largo de los siglos, cundiendo la explicación de que las personas sólo cumplimos las leyes porque estamos obligados a ello y tememos el castigo que recibiríamos en caso de desobediencia; pero si no hubiera castigo, si fuéramos realmente invisibles a la ley como era Giges, ninguna moral personal sería tan dura como para resistirse.

Bueno, eso es lo que opinaba Glaucón.

Quizá no todos los personajes vayan a actuar así. O quizá sí lo hagan.

Habrá que verlo en mi próxima novela.

Busto de Platón

Busto de Platón

 

Más documentación, más anillos mágicos y más locuras en este enlace.