La ambientación histórica en la novela de aventuras.

sunset-86214_1920

El pasado 8 de abril fue el cumpleaños del profesor Bartolomé Bennassar, uno de los mayores expertos mundiales en la Edad Moderna y la Edad Contemporánea, y por eso publiqué una reseña en «Vigo é» de su obra más reputada: «El galeote de Argel» (puedes leer el artículo en este enlace).

Ahora toca hablar de un tema muy, muy importante a la hora de escribir novela de aventuras: la ambientación histórica. ¿Por qué hay tantas novelas de este género ambientadas en el pasado? ¿Es que ya no hay imaginación más que si miramos hacia atrás?

Hay tres elementos fundamentales que caracterizan a la novela de aventuras (ya traté sobre ello, hace algún tiempo, en el artículo «10 consejos para escribir novela de aventuras» que puedes leer en este enlace): el ritmo narrativo (qué es lo que pasa), los personajes (por qué pasa) y el entorno o worldbuilding (cómo pasa).

  • Los personajes son la base de la historia. Todos (pero sobre todo el/los protagonista/as) deben mostrar tres elementos de forma clara: un objetivo (busca/an algo), una motivación (hay una/as razón/razones para ello) y un conflicto (aparecen obstáculos para que no lo consiga/an). Es la «clave OMC».
  • El ritmo narrativo tiene que ser rápido. La aventura se define por la acción y el riesgo, y ninguna novela de este género puede desperdiciar páginas. Es la diferencia básica con otros géneros narrativos, que se permiten dedicar más tiempo a la caracterización, los sentimientos o las descripciones. Todo eso en la novela de aventuras estará claramente supeditado a la emoción de la trama central.
  • Y llegamos al entorno narrativo, que será exótico. El propio concepto de la aventura conlleva que el/los protagonistas se encuentren en un ambiente que no es el suyo, lo cual genera riesgo, y aun así tendrá/án que superarlo para obtener su objetivo. Por identificación, el lector sentirá ese mismo riesgo por medio de la exploración de ese ambiente extraño. Puede tratarse de un remoto pasado, una región inexplorada, un futuro salvaje u otro mundo. Puede ser incluso que el/los protagonista/as ya dominen ese lugar o situación (como un policía o un soldado, que han sido entrenados específicamente para esa tarea), pero aun así la aventura exige que afronte/en retos que en principio le/es superan, para acabar triunfando.

RemainsofTintagel

Ejemplos hay muchos, y sobre algunos de ellos ya he escrito artículos, en esta misma página o en «Vigo é»:

  • «El galeote de Argel», de Bartolomé Bennassar: Trata sobre la vida del hijo de un marino cristiano, que resulta atrapado por corsarios berberiscos a finales del siglo XVI y convertido en galeote, y cómo va poco a poco ascendiendo hasta convertirse él mismo en uno de los más terribles corsarios del Mediterráneo. El protagonista no conoce Argel ni las costumbres musulmanas, de forma que el lector las va descubriendo al mismo tiempo que él, y de paso siente identificación hacia la búsqueda del personaje de su lugar en el mundo.
  • «El caballero invisible», de Valerio Massimo Manfredi: La historia de un caballero andante y su escudero (narrada por éste último) que realizan un viaje a través de la Península Ibérica para salvaguardar una extraña reliquia de los ataques continuados de los sarracenos. El narrador no conoce la región más que de oídas, ni la naturaleza de la reliquia ni su destino, por lo que no entiende el motivo por el que sus enemigos les persiguen de forma tan persistente. El lector se identifica con su extrañeza y, entre lo que él sabe y lo que descubre, se va metiendo en la historia.
  • «La taza de oro», de John Steinbeck: La recreación de la vida del bucanero Henry Morgan, desde una perspectiva mítica y en ocasiones mágica. El protagonista abandona su hogar familiar en Gales y afronta el viaje al Nuevo Mundo, donde espera obtener fortuna y, sobre todo, aventuras. Morgan no sueña con riquezas sino con explorar el mundo. Por eso acaba convirtiéndose en una figura casi mitológica. El lector le acompaña en su exploración de una América no siempre realista (Steinbeck aprovecha la narración para introducir algunos elementos propios muy interesantes) y se identifica con sus anhelos de libertad y realización.
  • «El prisionero de Zenda», de sir Anthony Hope: Curiosamente, el único de esta lista ambientado en su propia época de publicación, aunque en un entorno totalmente ficticio y apartado de lo habitual: la nación ficticia de Ruritania, en el corazón de Europa, que tiene mucho de medieval y de aventurera. El protagonista se embarca en un complot político en una nación desconocida, sólo por ser fiel a su honor, y de paso se enamora de quien no debe (otro tema clásico). El lector viaja con él hasta ese lugar y se identifica con sus altos valores caballerescos, al tiempo que desea que el desenlace sea positivo.
  • «La isla del tesoro», de Robert Louis Stevenson: La novela de aventuras por antonomasia, la gran novela de aprendizaje y también de exploración. El protagonista es un chaval que sueña con la aventura y descubre, por casualidad, el mapa de un legendario tesoro pirata, que se encuentra enterrado en una isla muy lejana. La novela cuenta la manera en que encontró el mapa y la expedición que se organiza para recuperarlo. El protagonista desconoce absolutamente todo: cómo son los piratas, dónde está la isla, qué se va a encontrar, si puede confiar en sus compañeros o no, e incluso (sobre todo) qué clase de persona quiere ser en el futuro. Todas esas incógnitas se irán desvelando a lo largo de los trepidantes capítulos, y el lector se identifica con todas ellas, porque cualquiera que lea esta novela habrá soñado alguna vez con recorrer el mundo en pos de un tesoro, y también se habrá preguntado qué clase de persona quiere ser. Por eso ésta sigue siendo la mejor novela de aventuras de todos los tiempos.

Como vemos, la ambientación histórica no es estrictamente necesaria en la novela de aventuras, pero sí muy conveniente. El escritor debe sacar al lector de sus patrones conocidos y soltarle en mitad de un ambiente hostil, para que no tenga más remedio que seguir la trama, mientras que necesita identificarse con las dificultades de los personajes. El exotismo y la emoción son los pilares básicos de esa construcción, que requiere una ambientación detallada, con el fin de crear verosimilitud. Es un juego delicado, difícil de alcanzar en la medida justa.

Pero es un juego maravilloso: el juego de crear una aventura.

¿Y puede haber algo mejor en el mundo que una buena novela de aventuras?

Más ambientaciones históricas, héroes, villanos y lugares exóticos en este enlace.

TI-JimHawkins

 

Cómo mezclar ficción histórica con fantasía.

John_Steinbeck_1962

En 1927, un escritor desconocido llamado John Steinbeck publicó su novela de debut: «La taza de oro, vida de sir Henry Morgan, bucanero, con ocasionales referencias a la historia». Esta obra no obtuvo reconocimiento de ninguna clase, y ese escritor desconocido tuvo que esperar hasta 1935 para triunfar, con la impresionante «Tortilla flat». Steinbeck se hizo célebre por su descarnada representación de la vida en California, que luego repetiría en las renombradas «De ratones y hombres» (1937) y «Las uvas de la ira» (1939). Sin embargo, «La taza de oro» contiene elementos de fantasía poco corrientes en la obra de Steinbeck, sólo presentes en «Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros», novela publicada de manera póstuma en 1976.

Puedes leer una amplia reseña de «La taza de oro» en este artículo de Vigo é.

Sin embargo, es importante detenernos en esta habilidad tan poco frecuente en un escritor: mezclar con sabiduría el fiel retrato realista de la novela histórica con elementos de fantasía, en este caso pertenecientes al mito artúrico. «La taza de oro» trata sobre la vida de sir Henry Morgan, corsario galés del siglo XVII que atacó numerosas ciudades del Caribe, como Portobelo, Maracaibo y sobre todo Panamá (conocida entonces como «la taza de oro», por sus enormes riquezas), pertenecientes a la Corona española. Estos hechos le sirvieron para obtener el beneplácito de su rey, que le otorgó el título de caballero y lo nombró vicegobernador de Jamaica. Pero Steinbeck no se limita a retratar los hechos históricos constatados, más bien eso le importa poco, y en su novela mezcla a Morgan con otro galés bastante más famoso que él: el mago Merlín.

Incluso la famosa «taza de oro» de Panamá queda reflejada como una gran copa con asas a ambos lados, lo que nos recuerda bastante al Santo Grial, del que hablaría Steinbeck años después en «Los hechos del rey Arturo».

Es decir, que, a pesar de tratarse de una novela de piratas en el Caribe, se notan de sobra las alusiones al ciclo artúrico, del que Steinbeck era un fan absoluto.

Merlín es uno de los personajes principales de ese ciclo, casi con la misma importancia que el trío central: Arturo, Ginebra y Lanzarote del Lago. Según la leyenda, Merlín era hijo de un íncubo y de una monja seducida por éste. El niño resultante vino al mundo con el fin de propagar el mal, y para ello contaba con grandes poderes sobre la naturaleza, el clima, los espíritus y los animales. Pero Merlín rechazó el mal y se convirtió en consejero de grandes reyes, primero Uther Pendragon y después su hijo Arturo. Uther fue un gran rey de Britania, en la época posterior a la caída del Imperio romano. Sus hazañas están presentes en numerosas historias locales, y se dice que su estandarte era un dragón. Sin embargo, Uther cayó perdidamente enamorado de Igraine, la esposa de Gorlois, duque de Cornualles, con quien ésta había tenido tres hijas: Elaine, Margawse y Morgana. Gorlois y Uther se declararon la guerra, y el primero encerró a su mujer en el castillo de Tintagel, para evitar que Uther se hiciera con ella.

RemainsofTintagel

(Restos del castillo de Tintagel, en Cornualles, Reino Unido)

Entonces el rey pidió ayuda a Merlín, ya que con el poder de su espada no podía alcanzar a Igraine. Entonces el mago le propuso un trato: la magia haría posible la unión de Uther e Igraine, pero deberían entregarle a Merlín el fruto de esa unión. El rey aceptó, y esa noche su apariencia se transformó en la del duque Gorlois. Atravesó sin problemas las defensas del castillo de Tintagel y yació con la duquesa. Por la mañana, Gorlois murió, por lo que Uther se hizo con sus tierras y se casó con Igraine. De esa unión nacieron dos hijos: Arturo y Ana.

Así pues, Arturo fue el resultado de una unión impía, como el propio Merlín (a diferencia de los mesías y los héroes clásicos, que eran producto de la unión entre un dios y una mortal). Merlín se comprometió a educar al niño para que trajera el bien al mundo y no el mal, y por ello se lo entregó a sir Héctor, un poderoso noble que prometió enseñarle junto a su propio hijo, sir Kay. Con el paso de los años, el rey Uther falleció, y entonces se reveló que tenía un hijo natural, Arturo, oculto hasta entonces. Se ha hecho famosa la imagen de Arturo proclamado rey al extraer de una piedra la espada mágica llamada Excalibur. No hay gran consenso sobre el origen de esta espada: unos autores afirman que era la espada del rey Uther, que la dejó clavada en la piedra a su muerte, y que sólo un heredero directo suyo podría empuñar; otros cuentan que la forjó Merlín en la mítica isla de Avalon; y algunos dicen que se la entregó la Dama del Lago, que era amante de Merlín.

Nimué, conocida como la Dama del Lago, es otro de los personajes fundamentales de esta historia. Según se refiere, Nimué era una joven de quien se enamoró profundamente Merlín, y por ello le enseñó todo cuanto sabía sobre la magia, a cambio de su amor. Pero ella temía al brujo, por ser hijo de un demonio, y decidió encerrarlo en una cueva por toda la eternidad. De ese lugar no podría salir nunca Merlín, pero ella podría entrar y salir libremente. Algunos autores cuentan que Merlín había podido ver su destino con claridad, pero era tan intenso su enamoramiento por Nimué que no hizo nada por evitarlo.

Pues bien, ésa es la imagen que emplea John Steinbeck para representar a Merlín: la de un venerable anciano que aconseja a los héroes desde tiempos remotos, encerrado para siempre en las montañas galesas y envidiando la libertad y el poder de la juventud. Cuando el joven Henry Morgan acude a la cabaña del mago para que éste le aconseje, Merlín le dice:

«—Así que te vas a ir a las Indias. Siéntate aquí, muchacho. ¡Mira!, puedes contemplar tu valle natal para que no se vaya volando a Avalon. (…) ¿Debes dejar a tu padre, muchacho… solo completamente en un valle de hombres que no son como él? Sí, creo que tienes que irte. Los planes de los muchachos son serios e inamovibles. ¿Qué puedo decirte yo para retenerte aquí, joven Henry? Tarea difícil de cumplir me encomienda tu padre.»

El viejo mago aparece de nuevo como mentor, convertido en un símbolo, en un arquetipo junguiano que pasaría a la posteridad. Y Morgan se eleva por tanto hasta ser más que un hombre y más que un pirata: es un ser mítico, un nuevo Arturo buscando su Camelot y su Ginebra, aunque en la novela de Steinbeck, y ésta es una más de sus genialidades, nunca llegue a encontrar ninguna de las dos, y su frustración le consuma.

Por tanto, el escritor californiano toma lo que quiere de la historia y del mito, los mezcla a su antojo y crea una historia fascinante, que ni es novela histórica, ni fantasía ni moraleja: es un canto a los sueños de juventud y a la desesperación de ver que no se cumplen.

Y pensar que esta novela no le gustó a nadie en su tiempo…

Boys_King_Arthur_-_N._C._Wyeth_-_p4

(De N.C. Wyeth – The Boy’s King Arthur: Sir Thomas Malory’s History of King Arthur and His Knights of the Round Table, Edited for Boys by Sidney Lanier (New York, Charles Scribner’s Sons, 1922). Scanned by Dave Pape., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2897164)

Más reyes, magos, piratas, aventuras y locuras varias en este enlace.