2016, un año de aventuras que no se detiene

Nunca había estado dispuesto a hacer un balance de fin de año, de ésos tan cansinos en los que el autor juzga qué ha sido importante y qué no, y te lo explica por si no lo has entendido. Vamos a ver, yo también he estado aquí los doce meses y no me habían recluido en ningún monasterio tibetano. Ya me he enterado de la muerte de los famosos, los vaivenes políticos, las noticias del corazón, los accidentes…

Pero esta vez voy a hablar de algo que quizá no todo el mundo ha valorado en su justa medida: la llegada de «La reina demonio del río Isis». En noviembre vio la luz mi segunda novela, una historia de aventuras ubicada en la Nilidia de 1852, por tanto una precuela de la que salió publicada hace dos años: «Nilidiam». Ambas forman una estructura más compleja al estar juntas, y sin embargo pueden leerse de forma independiente.

Nilidia es la localización de la mayoría de mis narraciones, un país ficticio del norte de África que linda, por el este, con Libia; por el oeste con Túnez y Argelia; y por el sur con Níger. En esa estrecha y larga franja de tierra yerma transcurren las aventuras más trepidantes, no sólo las que aparecen en ambas novelas, sino también en los dos seriales de aventuras ya publicados en esta misma web: «Galeras nilidias» y «¡Por los dioses!» (haz clic en los títulos para disfrutar de una lectura emocionante que homenajea a aquellos clásicos folletines de Dumas o Salgari, y también a los tratados de mitología). En el fondo todas son ramas que nacen de un mismo tronco, que es la historia ficticia de un país al que se conoce como la perla del Mediterráneo, codiciado por muchos pero libre a pesar de todo. Libre en su corazón, claro, porque también han sido muchos los imperios que han atravesado la tierra nilidia en busca de sus riquezas, sus habitantes y sus localizaciones estratégicas. En estas publicaciones hallarás a brujas y caballeros, piratas, cañones, galeras y nómadas del desierto. Verás a las tropas de los jenízaros luchando en nombre del sultán Süleyman, a los corsarios nilidios defendiendo su tierra, los esclavistas recorriendo el río Isis en busca de piezas, brujas invocando poderes inmortales, encantamientos elaborados sobre la piel de los hombres, pecados capitales, objetos de poder y guerreros, muchos guerreros. La guerra es el motor que mueve la historia, y en Nilidia no va a ser menos. La historia se mueve en todas direcciones, y aquí podremos verla, por primera vez, mostrándose en todo su esplendor.

«La reina demonio del rio Isis» es la culminación de esa idea sobre la Historia, pues en sus páginas vemos el pasado y el presente de Nilidia, saltando de 1930 a 1852 y de vuelta al presente, de 2016 al lector actual, sin que quede del todo claro qué es cierto y qué no lo es. En cierto modo ésa es la gracia de este proyecto entero: confundir la realidad con la ficción y que ya no sepas distinguir una de otra. Me contaba un amigo que, después de leer «Nilidiam», había ido a consultar Google Earth para asegurarse de que no existía la nación de Nilidia, porque la novela daba tantos datos y tan creíbles que ya no estaba seguro de nada.

En el fondo siempre nos ha gustado que nos engañen. Decía García Márquez que el novelista crea un andamiaje que sustenta la historia, que es un edificio en ruinas que de por sí se caería a pedazos. Escribir una novela consiste en llevar la atención del lector hacia el edificio y que no vea el andamiaje, haciéndole creer que éste no existe. Supongo que a mí me ha gustado mucho el andamiaje y de vez en cuando no está de más señalarlo. Como los árboles que no te dejan ver el bosque, ni falta que hace.

«La reina demonio del río Isis» juega a ese despiste de forma deliberada, desarrollando una historia de amor y seducción en mitad de la guerra que entablaron el Imperio británico y el otomano entre 1852 y 1870 por la posesión de Nilidia. Un espía es el encargado de organizar los planes de la invasión, y frente a él hallará al contrincante más peligroso de todos: la bruja Anofis, la reina del mayor burdel del norte de África, donde los secretos, los placeres y los pecados capitales comparten cada día una taza de té. Ella intentará seducirlo para atraerlo a su bando, y así, capítulo a capítulo, le enseñará el antiquísimo ritual de los diez besos, por el que las mujeres africanas dominan el mundo desde siempre. Un beso por capítulo, una enseñanza, un poder, transmitido de madre a hija desde que la humanidad camina por el mundo.

Presentamos «La reina demonio del río Isis» en Pontevedra el día 26 de noviembre de 2016, y la respuesta fue espectacular. No podía ser en otra ubicación más que en Cinania Libros, claro, un lugar acogedor como ninguno además de divertido, complejo, profundo y sabio, como las mejores librerías del mundo. Allí se reúnen muchos intelectuales y unos cuantos locos —entre los que me incluyo—, capitaneados por el célebre escritor cangués Guillermo Moldes, experto en desembarcos otomanos y tesoros perdidos, con quien ninguna charla, por larga o breve que sea, puede circunscribirse a un solo tema, y su cerebro y el mío bailan la conga entre las historias más diversas. Nunca te aburres, y siempre aprendes algo nuevo. La presentación, en un día frío como las despedidas tristes —más como la de «Robin Hood» que la de «Casablanca»— reunió a un montón de amigos bajo ese techo literario de Cinania. El evento transcurrió como una alocada lluvia de anécdotas, debates sesudos, bromas fuera de contexto y sobre todo risas. Muchísimas risas. La participación de Pablo Morell y Eva del Pozo hizo que mis consabidas cantinelas sobre la conquista del continente africano no resultaran tan aburridas como es habitual, y aun así pudimos meter cada uno nuestras obsesiones: Eva, sus dudas sobre el papel de los personajes femeninos en las novelas de aventuras; Pablo, su preocupación sobre la vida real de los escritores de este género, y si yo pensaba embarcarme en algo parecido; y yo con mis sueños de Burton y Speke, Livingstone, Stanley y otros cuantos genocidas similares. La tarde no defraudó.

El siguiente paso fue el CulturGal, la famosa feria cultural en Pontevedra, donde se juntaron autores, editores y lectores en unos días fantásticos de interacción creativa. Volvimos a estar Pablo, Eva y yo, organizando un debate bastante loco con Ana Pastor y Teresa Egerique, donde ellas dos fueron la parte cuerda y nosotros los extraños especímenes que llevaban la conversación por la senda de lo surrealista. Empiezo a pensar que nos retroalimentamos, y no sé si eso es muy bueno. De aquella ocasión saqué en claro, además, una foto escribiendo con pluma clásica —por fin parecía un escritor de verdad— y el nombre «NILIDIA» trazado con tinta dieciochesca. Me explicaron de qué estaba hecha y me pringué los dedos. Como un niño pequeño.

Lo cierto es que la ocasión fue preciosa. Nunca me había encontrado con tanta ilusión literaria en un mismo sitio. Libros de ilustraciones, poemarios, tazas con la imagen de Rosalía, libretas que muestran el mapa de Galicia como si fuera «Juego de tronos»… El genio no entiende de formas, géneros o materiales, y cuando surge, abrasa como la llama de un dragón.

El tercer paso de esta odisea fue Navia, concretamente la librería El Hobbit, a la que vuelvo siempre, cada vez que tengo un momento libre. Si aún no has visto mi foto saliendo por la puertita de los hobbits, es que no visitas Facebook con asiduidad. Ese lugar es verdaderamente mágico, es el reducto de la fantasía de los niños y los adultos que no quieren ser Hombres Grises como los de Michael Ende. Es el corazón de la ilusión, y como tal valoro cada visita que les hago. El día 16 de diciembre llevamos allí «La reina demonio del río Isis», esta vez presentada por la fantástica Cristina Montañés, que hizo un discurso brillante. Incluso pude leer en alto el primer capítulo de la novela, que representa el primer beso, el más prometedor. Así que todo se volvió magia y todos pudimos compartirla.

Hubo magia en El Faro de Vigo, ha habido magia en La Voz de Galicia, y también en el Benedictus Piano Bar, en el puerto de A Guarda, un local bellísimo donde aún flotan las historias de los marineros de la antigüedad, como si sus espíritus se hubieran enganchado a las redes, a las mesas y sillas donde compartieron tantas cosas, a los rincones perdidos donde se arremolina el calor de la hoguera. Si escuchas con suficiente atención, aún puedes oír sus voces riendo, después de siglos de aventuras, como si fueran el canto de viejas sirenas. Un poco roncas de tanto alcohol, y desgastadas por la miseria de una vida dura, pero sirenas al fin y al cabo. Y su magia no se morirá nunca, porque otros han tomado su lugar, y nadie olvida de dónde provienen. En la noche del 23 de diciembre me dejaron compartir esa magia, y yo les hablé de brujas y piratas, que es mi tema favorito, y todos reímos juntos para celebrarlo.

Ése es el espíritu que anima a esta novela: la magia de los marineros, los corsarios y los hombres de Estado enviados a pacificar una región, frente a los intentos inútiles de los lugareños por resistirse. ¿Es que hoy en día ya no queda nada de eso en el mundo? Hace un tiempo leí que ya todo el planeta está en los mapas, que la cartografía ha avanzado tanto que ya no existen las manchas vacías en el centro del continente africano. Y no hay paraísos exóticos por descubrir, ni pueblos aislados por la climatología.

Así que tal vez sea hora de retomar los sueños, de buscar nuevas aventuras en parajes ficticios, o puede que no sean tan ficticios, porque Nilidia en realidad es una parte de todos nosotros. Es la ilusión por ser libres a pesar de lo dolorosa que puede llegar a ser la vida. Es la aventura en estado puro.

Pontevedra, CulturGal, Navia y A Guarda han sido los cuatro primeros pasos de «La reina demonio del río Isis», conformando una primera fase que ha superado con creces cualquier expectativa. ¿Qué vendrá ahora? ¿Qué nos espera cuando pasen las fiestas?

Paciencia, paciencia, amigos aventureros. Esto no ha hecho más que empezar, y 2017 será el año de la reina demonio.

Respirad hondo.

Luego no digáis que no estabais preparados…

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