Píldoras de historia: 79 años de la fatídica noche en la que llegaron los marcianos.

Orson Welles

Una nota curiosa de este gran momento de la Historia de la Humanidad es el hecho de que tanto Orson Welles (con su compañía de teatro, Mercury Theatre) como el dramaturgo y guionista de radio Howard Koch y la propia Columbia Broadcasting System (la cadena de radio que luego daría lugar a la multinacional CBS) ya habían llevado a cabo juntos otras dramatizaciones radiofónicas de clásicos como «Drácula», pero en la noche del 30 de octubre de 1938 la cosa se les fue de las manos. Su idea era simplemente adaptar la novela «La guerra de los mundos», de H. G. Wells, cambiando la localización británica por estadounidense y escenificándola como si se tratara del boletín de un reportero enviado a la escena. Sin embargo, lo que hizo única esta narración es que la mayoría de la gente que la escuchó creyó que se trataba de un noticiario auténtico, y cundió el pánico por todo el país. La escenas fueron especialmente dramáticas en las regiones de Nueva York y Nueva Jersey (donde se suponía que habían aterrizado los invasores alienígenas), con muestras de pavor, llamadas enloquecidas a la Policía y servicios de emergencia, e incluso intentos de escapar a la temida matanza. En un clima de derrotismo secundario a la Depresión y de miedo prebélico, y con la radio como único medio de información de la época, la población no dudó ni un instante en la veracidad del ataque marciano.

El programa era una adaptación verdaderamente lograda, con una primera parte narrada por Carl Phillips, un supuesto reportero in situ que informaba a la redacción de la llegada de una serie de vehículos de guerra provenientes de otro planeta, cuyas armas, más avanzadas que las terrestres, estaban arrasando las defensas organizadas por el Ejército de los Estados Unidos. Phillips interrumpía de continuo la programación habitual de la emisora (una serie de canciones melódicas interpretadas por una orquesta desde un céntrico hotel de Nueva York), enviando crónicas cada vez más terribles. La narración se volvía truculenta, con la descripción de miles de personas fallecidas por el impacto de las naves espaciales y los rayos de calor y los gases tóxicos de los crueles invasores. En la segunda parte de la transmisión, el propio Phillips moría en la azotea de la emisora de radio, y el resto de la historia era contada en tercera persona por Welles.

Nadie podía resistir la furia de los alienígenas, lo que condujo a los radioyentes a tratar de abandonar las ciudades y ponerse a salvo. Las carreteras se colapsaron, la gente enloqueció y las centrales de noticias no fueron capaces de atender a las miles de llamadas que recibían. Todo el mundo quería saber si aquello era real y cómo podían evitarlo.

Y justo eso era lo que H. G. Wells había tratado de reflejar en su novela, publicada en 1898: la monstruosidad que supone una conquista armada y el caos que se extiende entre las víctimas. Crueldad frente a impotencia. Conceptos ambos demasiado presentes en aquella época de colonialismo, y que Orson Welles adaptó a su propio tiempo. América aún sufría los rigores de los años treinta y se enfrentaba a la incertidumbre de lo que estaba ocurriendo en Europa, siempre pendiente de un posible conflicto bélico con la arrogante Alemania nazi. Así que los americanos de a pie encendían cada noche la radio con la angustia de no saber lo que podría pasar: qué nueva tragedia iba a desatarse sobre sus cabezas, como la furia irresistible de un dios del cielo. Y así exactamente es como llegaron los marcianos.

H. G. Wells había sido un pionero. «La guerra de los mundos» mostró por primera vez una invasión alienígena en la Tierra: un tema que sería después muy habitual durante los años 50 y 60, con la paranoia derivada de las primeras bombas atómicas. Orson Welles tomó esa idea y la modernizó, la despojó de toda herencia victoriana y la convirtió en una narración moderna, atemporal. El miedo a la destrucción en masa es algo común a todas las sociedades industrializadas, y en esos momentos afloran nuestros instintos más primarios. Lo hemos visto durante la reciente crisis de incendios en Galicia, cuando el terror dominó a la población civil y ésta intentó escapar en mitad de las autovías, circulando en sentido contrario o corriendo por los arcenes con sus hijos en brazos. Sin embargo, esa misma población civil es capaz de actos espontáneos de gran heroísmo, como organizar cadenas humanas que transporten cubos de agua y apagar las llamas.

Del mismo modo que los personajes de «La guerra de los mundos» se organizaban entre ellos para combatir a los marcianos, sin esperar a que ningún gobierno arreglase sus problemas.

Han pasado 79 años de la noche del terror, las huidas descontroladas y la reacción espontánea. De todo lo bueno y lo malo que hay en el corazón humano, y que sólo brota en los momentos de auténtica crisis.

H. G. Wells nos legó una metáfora acerca del miedo y de la brutalidad, y Orson Welles la volvió eterna.

79 años después seguimos siendo los mismos.

La guerra de los mundos

Más píldoras de historia en este enlace de aquí.

2 comentarios en “Píldoras de historia: 79 años de la fatídica noche en la que llegaron los marcianos.

  1. Siempre me ha fascinado ‘La guerra de los mundos’
    Como bien cuentas, H.G. Wells fue el primero en mostrar una invasión alienígena, aunque después se hayan usado hasta la saciedad en películas, libros e incluso videojuegos. Fue tremendamente original al hacerlo, y la base, la forma en que se realiza y la solución final del argumento sigue siendo aún en comparación a las obras que se han hecho desde él.
    No me extraña que la dramatización brutal Orson Welles provocará un estallido de pánico con su dramatización. La sola idea de que algo ligeramente parecido a la guerra de los mundos ocurriese es para echarse a temblar.

    Un gran artículo sobre una gran historia.
    Un abrazo.

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    1. Muchísimas gracias, no es tan buen artículo, sólo es normalito, pero le tengo cariño, igual que a la historia en sí. La emisión radiofónica de Orson Welles se utiliza muchas veces como ejemplo del poder de la manipulación de las masas por parte de los medios de comunicación, que luego se ha aplicado al terror nuclear, la inmigración, la política y a mil cosas más. ¡Y todo en base a unos microbios que mataban marcianos!!! Comparto todo lo que dices y me alegro de que haya más locos por Wells como yo.

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