Historias asombrosas de la vida real: El castillo reconvertido a la educación sobre el medio ambiente

La costa gallega tiene una larga historia de ataques navales. Piratas vikingos y corsarios turcos e ingleses recorrieron sus villas en busca de riquezas, posiciones estratégicas o prisioneros a los que vender en los mercados de esclavos. Como consecuencia de esto, surgieron numerosas fortalezas en lugares escogidos, armadas con cañones y vigiladas por tropas del Ejército o por monjes guerreros, según a quien pertenecieran. Sin embargo, el paso del tiempo hizo que dejaran de ser necesarias y en la actualidad muchas de estas fortalezas yacen sin cuidados, olvidadas por todos o con solo unos pocos restos en pie. Otras, en cambio, han hallado un propósito nuevo, muy diferente del original, pero que les garantiza la supervivencia.

El castillo de Santa Cruz en un ejemplo de este último caso. Construido a finales del siglo XVI por orden del capitán general de Galicia, Diego das Mariñas, y reforzado dos siglos después con otros baluartes por orden de Martín Cermeño, se alza sobre la isla de Santa Cruz, en el municipio coruñés de Oleiros. Su finalización en 1640 vino a completar el sistema defensivo de la ciudad de A Coruña, que ya contaba con el castillo de San Antón y al que se uniría más tarde el castillo de San Diego. Entre todas estas fortalezas se evitó que volvieran a ocurrir hechos tan dolorosos como el ataque de sir Francis Drake en 1589, cuando los ingleses lograron desembarcar y la ciudad resistió calle por calle durante catorce días, hasta que solo el valor de civiles como María Pita pudo rechazarlos.

Pero, a partir del siglo XVIII, la actividad corsaria se redujo en esta zona y el castillo quedó obsoleto. Sus cañones dejaron de proteger la ciudad y su mantenimiento resultó demasiado costoso, por lo que terminó subastado. Así, pasó a manos del matrimonio de Xosé Quiroga y Emilia Pardo Bazán, que rehízo el castillo como pazo para sus vacaciones veraniegas, incluyendo en él una capilla, un palomar y un hermoso jardín con árboles exóticos. Su perfil sobre la isla de Santa Cruz se volvió mucho más benévolo y adoptó las principales comodidades de la época.

Más tarde, fue heredado por Blanca Quiroga, hija de la pareja, que durante la Guerra Civil lo donó al Ejército con la finalidad de que sirviera como casa de colonias para huérfanos militares. Recuperaba así un espíritu castrense, pero a la vez acogedor y divertido. Durante cuatro décadas, muchos niños procedentes de hospicios pasaron allí sus veranos, corrieron por sus jardines y se subieron a sus torres, desde las que pudieron contemplar el océano y tal vez recordaron los tiempos en que otros soldados como sus padres veían llegar a los corsarios desde el horizonte.

Pero, en 1978, este fin se perdió. Y, con la llegada del boom de la especulación inmobiliaria, hubo muchos intereses acerca de ese castillo abandonado justo delante de Oleiros, hasta que el municipio lo compró en 1989 para dedicarlo a educación medioambiental. Por medio de un acuerdo con la Xunta de Galicia y la Universidade da Coruña, se estableció allí el CEIDA: Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia. Sus fines son claros: promover la formación en medio ambiente, tanto a profesionales como a población general, por medio de granjas escuela, parques etnográficos, centro de avistamiento de aves y otros recursos gratuitos. Sus principales áreas de trabajo incluyen temas tan variados como el agua, el medio marino, la gestión ambiental, la cooperación a todos los niveles y el cambio climático, sin olvidar las exposiciones acerca de la historia del islote.

Hoy en día, el castillo de Santa Cruz ha vuelto a la vida. Unido a tierra mediante una amplia pasarela de madera peatonal, su visita resulta obligada, igual que la del precioso paseo de Porto de Santa Cruz. Su pasado de cañones y piratas se ha reconvertido en un presente de interés por los ecosistemas y de visitas temáticas, en un tiempo nuevo que ha permitido su supervivencia.

Baluarte, pazo, casa de verano para huérfanos y finalmente sede del CEIDA. Los viejos usos cambian y se adaptan a cada época. Quién sabe qué nuevas situaciones le aguardan al castillo de Santa Cruz. De un modo u otro, merecerá la pena verlo.

Más castillos, corsarios e historias asombrosas en este enlace.