Qué he aprendido como autor de… «El bando perdedor», de Fran Zabaleta.

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A veces las novelas más interesantes llegan a tus manos por la más completa casualidad, como regalos que caen por la chimenea por culpa de algún Papá Noel literario que conoce bien tus gustos. Eso es lo que me ocurrió en este caso.

«El bando perdedor» es un relato / novela corta incluido en el libro «Medievalario», de Fran Zabaleta, y que él te ofrece (de un modo extremadamente generoso) al suscribirte a su página web. De forma que es como abrir una puerta a su fantástico mundo medieval.

Fantástico pero en realidad horrible, pues muestra con toda su crudeza las perversiones de los nobles en su posición de privilegio y la mísera vida del pueblo llano, sometido a una sociedad de castas que no permitía el más leve cambio. Sólo hubo una breve oportunidad de obtener justicia: la revuelta irmandiña, un ejemplo que dio Galicia a todo el mundo, y de la que hoy en día es evidente que no sabemos tanto como deberíamos (yo el primero).

Zabaleta toma un hecho histórico real y lo convierte en punto de partida para unos personajes arquetípicos, reconocibles en nuestro día a día, pues el mundo no ha cambiado tanto. Están el bravucón que se aprovecha de una sociedad injusta para su beneficio, el noble que odia que las cosas sigan así, el niño que aún cree en las gestas que le han contado, el personaje real que entró en la leyenda y el tenente que está dispuesto a todo por conservar su palabra, incluso al sacrificio supremo. La historia es la más sencilla y a la vez la más importante: el bien contra el mal, lo justo por encima de lo que marca la ley.

Pero lo más reseñable de esta novela (más incluso que lo dicho hasta ahora) es el apabullante dominio del lenguaje que muestra el autor, mezclando el castellano antiguo con el actual, para una inmersión completa del lector en aquel mundo antiguo. Los términos saltan entre las frases sin afectar en absoluto al ritmo de la narración, y ésa es sin duda la mayor virtud. Hace poco leí que hay tres elementos básicos que se deben cuidar en la construcción de una novela de aventuras, por este orden: el ritmo narrativo, la fuerza de los personajes y la recreación de mundos (lo que ahora se llama worldbuilding). Muchas veces vemos cómo un autor puede llegar a perderse en su propia documentación, creando textos farragosos que cuesta leer. Pero Zabaleta hace todo lo contrario: su impresionante conocimiento de la Galicia medieval no es la historia, sino un acompañamiento de la historia, y todo, absolutamente todo (cada palabreja extraña, cada personaje inusual y cada escena absolutamente memorable, hasta algo tan simple como un asado) están al servicio de una narración superior, de sensaciones complejas y valores más elevados.

Los nobles valores de la caballería.

Ójala hoy en día también hubiera más caballeros y menos personajes que sólo son nobles, como en aquellos tiempos.

 

Moraleja:

Construye tu mundo como si realmente hubieras vivido en él, pero nunca te olvides de contar una historia, que es a lo que te dedicas.

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