Historias asombrosas de la vida real: Caterina Cornaro, la última reina de Chipre, o el papel de la mujer en las (antiguas) monarquías.

Catherine_Cornaro

Retrato de Caterina Cornaro, por Tiziano.

 

Revisando estos días en mi cabeza momentos históricos significativos, hay tres épocas y lugares que realmente me apasionan, y de los dos últimos apenas se ha hablado (o no en la medida en que se lo merecen):

  • El Mediterráneo de la confrontación entre cristianos y otomanos.
  • La Barcelona de los espías, durante la Gran Guerra.
  • Los combates en la ría de Vigo contra corsarios británicos.

Cada uno de estos planteamientos daría para un millar de apasionantes novelas históricas, y fueron precisamente dos de ellas las que me condujeron a Chipre: la bilogía «El capitán Tormenta» – «El león de Damasco», de Emilio Salgari. El escritor veronés escribió la primera en 1905 y su secuela cinco años después, cerrando un ciclo autoconclusivo dedicado a la caída de Chipre en 1571 y la subsecuente batalla de Lepanto (ya había tratado el asunto de la lucha en el Meditérraneo entre corsarios berberiscos y caballeros de Malta en la también trepidante «Las panteras de Argel», de 1903, y parece que le gustó lo bastante como para retomarlo).

Y así es como llegué a saber de la figura de Caterina Cornaro.

Centremos la historia general: Chipre es una preciosa isla situada en la cuenca oriental del Mediterráneo. Su clima cálido y su magnífico emplazamiento han facilitado que sean muchos los pueblos que se han asentado en sus costas a lo largo de las eras. Micénicos, fenicios, griegos y egipcios visitaron Chipre en tiempos remotos, incluso también los Pueblos del Mar (ésos que algunos dicen que eran los pocos atlantes que escaparon del cataclismo del que escribió Platón, pero de esto hablaremos otro día). Asirios, persas, Alejandro Magno, el Imperio romano, bizantinos y árabes fueron algunos otros que pasaron por allí, pero lo que nos interesa de verdad es que en 1192 Chipre fue conquistada durante la Tercera Cruzada por Ricardo Corazón de León, que la entregó a los Caballeros Templarios, y éstos a Guy de Lusignan, cuyo linaje gobernaría la isla durante 300 años.

Hasta que en 1458 murió el rey Juan II de Chipre, y entonces empezó la disputa sucesoria entre sus dos hijos: Carlota, la heredera legítima (que reinó como Carlota de Chipre entre 1458 y 1464), y Jacobo, el bastardo real (que ese mismo año sesenta y cuatro logró la ayuda del sultán de Egipto para hacerse con la isla, guiando el asalto a la cabeza de los mamelucos y convirtiéndose en Jacobo II de Chipre). Poco después, el nuevo monarca se apoderó de Famagusta, la segunda ciudad en importancia de la isla, sólo superada por Nicosia, la capital. Famagusta (donde transcurre la novela «El capitán Tormenta») pertenecía hasta entonces a Génova, y esta pérdida no es que entusiasmara precisamente a su Dux (magistrado supremo y dirigente), en este caso los Sforza de Milán.

Y ahora por fin llegamos a la apasionante figura de Caterina Cornaro. Vayamos año a año, que la historia tiene tela:

  • 1472: Jacobo II, rey de Chipre, apodado «el Bastardo», contrae matrimonio con Caterina Cornaro (de sólo catorce años), perteneciente a una de las familias más importantes de la República de Venecia. De este modo, el rey busca apoyo en Venecia para asegurar su trono frente a Génova, tras arrebatarle Famagusta. De hecho es en esta ciudad donde la pareja contrae matrimonio, aunque se establecerá en la capital, Nicosia. Las fiestas por la celebración pasan a la Historia, por su fastuosidad y alegría desmedida en las calles chipriotas.
  • 1473: Fallece en extrañas circunstancias Jacobo II, rey de Chipre (aparecen rumores de que pueda haber sido envenenado por agentes de la República de Venecia), legando el trono a su hijo no nacido. Caterina Cornaro actúa como regente, en un clima de gran inestabilidad, sin que tenga claro poder continuar en el cargo (o incluso continuar viva mucho tiempo). Su posición es sumamente delicada, es mujer y consorte, en un país extranjero y sin nadie que la apoye más que por su propio interés. Tal es la angustia que siente Caterina que llega a rezar a Santa Irene para su hijo sea varón, pues de esa manera se aseguraría algo de paz en el trono. Su hijo nace, es varón y recibe el nombre de Jacobo III, apodado «el Póstumo». El rey de Nápoles, el sultán de Egipto (que ya había mandado allí a sus mamelucos cuando la subida al trono de Jacobo) y la República de Venecia pugnan por los favores de la reina regente. Es el mismo año en que nace en la isla de Lesbos un pequeño al que llaman Aruj, y que será conocido como Baba Aruj o Barbarroja, uno de los más importantes corsarios otomanos de la Historia (de ése también hablaremos en otra ocasión, que su vida no es menos apasionante).
  • 1474: Fallece en extrañas circunstancias Jacobo III de Chipre, el pequeño hijo de Caterina Cornaro, cuando apenas ha cumplido un año. Esto provoca una inestabilidad aún mayor en el trono de la isla, sometido a frecuentes conspiraciones e intentos de conquista, auspiciados incluso por el rey Fernando I de Nápoles y por la depuesta reina Carlota de Lusignan. Secuestros, matanzas y ataques de toda clase se suceden.
  • 1487: Fallece en Roma Carlota de Lusignan, lo que apacigua en gran medida a los conspiradores que buscaban su retorno a la Corona de Chipre. La reina Caterina gana un poco de oxígeno, aunque no demasiado, pues Nápoles y Egipto continúan atosigándola.
  • 1489: Presionada por las facciones que desean su trono, y sobre todo por la influencia del Dux de Venecia, Agostino Barbarigo, la reina de Chipre finalmente abdica y cede su Corona a la Serenísima. Caterina Cornaro abandona la isla y se refugia en Venecia (rodeada de nuevos fastos y riquezas para celebrar su llegada), donde mantendrá su título y la potestad del castillo de Asolo. Allí la depuesta reina conformará una corte de unas 4000 personas, entre ellos influyentes artistas e intelectuales, como el cardenal y escritor Pietro Bembo y el pintor Gentile Bellini. Se hacen famosos sus hermosísimos jardines, el hospital de beneficencia, las fiestas hasta altas horas de la noche y, en definitiva, la diversión y el humanismo de su época. La reina en Asolo será feliz, como no lo había sido desde su llegada a Chipre, cuando los sueños de futuro se agolpaban en su mente juvenil, de los cuales muy pocos llegaron a materializarse.
  • 1510Fallece en Venecia Caterina Cornaro, la última reina de Chipre, que recibe en su despedida tratamiento de monarca. Sobre su féretro colocan la corona de Chipre, como homenaje a una mujer que nunca pudo reinar por sí misma, sino tan sólo actuar como sombra de su esposo y su hijo, garante de unos derechos sucesorios y representante de dos Lusignan que murieron demasiado pronto, quién sabe si víctimas de las maquinaciones políticas de su tiempo.

Nunca fue fácil ser mujer en los siglos XVI y XVII, tampoco para aquéllas que formaron parte de las familias más influyentes de Venecia, que se casaron con reyes y dieron a luz a sus herederos. Durante muchos siglos, las mujeres fueron comparsas, títeres y víctimas del poder real, utilizadas para establecer matrimonios de conveniencia y manejadas al antojo de poderes en la sombra. Sólo a veces, y durante algunos períodos, lograron ser felices, como le pasó a Caterina Cornaro. Ella supo establecerse en mitad de una de las conjuras más arriesgadas de la lucha en el Mediterráneo, relacionarse con unos y otros, reinar durante años, defender sus derechos y finalmente retirarse plácidamente. Se cuenta que la corte en Asolo fue una de las más brillantes de su época, a donde acudían los mayores sabios del mundo.

Tan grande fue la influencia de esta mujer que, en 1844, Gaetano Donizetti y Giacomo Sácchero le dedicaron una ópera que se llama justamente así: «Caterina Cornaro». Esta obra se ha representado pocas veces, pero Montserrat Caballé la ha cantado en diversas ciudades del mundo, como Barcelona, Londres o Niza.

Moraleja:

El mundo es un lugar maravilloso que las personas vuelven cruel, cuando abusan de otras personas para obtener poder. Y eso no sólo ocurría en el siglo XVI-XVII.

San Salvador Interno - Tomb of Caterina Cornaro

Tumba de Caterina Cornaro en Venecia (imagen de Didier Descouens).

Más información sobre Caterina Cornaro en este enlace.

Más «Historias asombrosas de la vida real» en este otro enlace.

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