Historias asombrosas de la vida real: La espeluznante Capilla de los Nueve Fantasmas, en Luková, República Checa, y su maldición de más de 600 años.

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Desde hace mucho tiempo, he desarrollado un gusto enorme por las historias especiales, sobre todo en las que aparecen lugares exóticos rodeados de encanto, o leyendas que pasan de padres a hijos, o cuentos que representan a lo común de los mortales. La historia de hoy reúne estos tres elementos. Porque hoy hablaremos de la Capilla de los Nueve Fantasmas, en la pequeña localidad checa de Luková, a unos 200 kilómetros al este de Praga.

Si sueles realizar viajes por rutas poco comunes, seguro que ya sabes de lo que hablo, porque ahora Luková se ha convertido en un reclamo turístico muy habitual, sobre todo entre «cazadores de leyendas» o «buscadores de historias raras». Pero hace sólo unos años nadie más que sus 700 habitantes habría sabido localizarla en un mapa. Ahora bien, pocos de los turistas que la visitan conocen realmente el porqué de sus famosos «fantasmas» o lo que representan.

Vayamos por partes:

Luková es una diminuta aldea checa cuya construcción más querida es la Capilla de San Jorge (en el original: «Kostel svatého Jiří»). Construida en 1352, consiste en un sencillo cuerpo central, una torre y un campanario. Sin embargo, desde el comienzo San Jorge sufrió numerosos incendios bastante inexplicables, con frecuentes reconstrucciones que apenas duraban, por lo que enseguida se extendió por el pueblo la sospecha de que el lugar estaba embrujado. Este miedo a lo que pudiera haber entre los muros de aquel lugar fue pasando de padres a hijos y, aunque seguían reuniéndose allí para realizar sus festejos y rezar, nadie confió nunca en la Capilla.

La leyenda de los fantasmas de San Jorge alcanzó su cénit en 1968, cuando, durante un funeral, el techo se derrumbó sobre los feligreses, que huyeron despavoridos. Nadie se atrevió a volver a entrar, y en adelante las misas se realizarían al aire libre. Cualquier cosa con tal de huir de la influencia de aquellos malignos espíritus.

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Mientras tanto, recordemos que el país había sufrido bastantes cambios durante el siglo XX. Primero como parte del Imperio austrohúngaro hasta 1918, más tarde conformando el nuevo estado de Checoslovaquia (que incluía a checos, eslovacos, rutenos y un numeroso grupo de alemanes), disgregado posteriormente debido a los acuerdos de Múnich del 38, y luego convertido en un estado socialista desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el año 93, en que definitivamente se desgajó en las actuales República Checa y República Eslovaca. Lo de los acuerdos de Múnich fue un intento desesperado de Francia y el Reino Unido por evitar una guerra con Alemania e Italia, de modo que decidieron «revisar» el Tratado de Versalles de 1919 (por el que se ponía fin a la Primera Guerra Mundial) y aceptar la pretensión alemana de anexionarse la región checa de los Sudetes. De esta manera, la minoría alemana de esta zona pasó a ser población del Tercer Reich, mientras que los checos que vivían allí fueron expulsados. El Gobierno checo ni siquiera fue consultado, y mostró su enorme indignación por la manipulación que estaban sufriendo a manos de Francia y el Reino Unido, a cambio (sin duda de un modo demasiado inocente) de impedir la guerra. Los checos llaman a este hecho «la traición de Múnich», ya que dicen que fue una decisión tomada «acerca de nosotros, sin nosotros y contra nosotros». Sin embargo, al final Hitler no respetó lo pactado e invadió el resto de Chequia, por lo que sí hubo guerra, y esta nación sólo fue apoyada por Stalin. En 1945, tras la derrota de Alemania, el Gobierno checo empezó a tender más hacia la órbita de la Unión Soviética, justificándose por la traición que habían sufrido a manos de las potencias occidentales. Los alemanes residentes en su territorio fueron considerados extranjeros, y sus posesiones confiscadas. Un verdadero drama en el que las grandes cabezas europeas jugaban con los pequeños países como piezas de dominó, a veces incluso sacrificándolos cuando creían que era necesario.

Pero llegó 1993. La República Checa se declaró independiente de Eslovaquia, en 1999 ingresó en la OTAN y en 2004 en la Unión Europea.

Diez años después, la Capilla de San Jorge, en la pequeña aldea de Luková, seguía cayéndose a pedazos (¿creíais que nunca iba a volver a lo de los fantasmas?), abandonada en 1968, carcomida por el desgaste y desvalijada por ladrones y desaprensivos. El pueblo había intentado reconstruir por lo menos el techo, pero la recaudación fue insuficiente. El Departamento de Diseño y Bellas Artes de la Universidad de Bohemia Occidental quiso cambiar esto por completo, así que asignó el encargo a un joven estudiante de nombre Jakuv Hadrava, que lo convirtió en su proyecto de tesis. Hadrava, consciente de la terrible historia que rodeaba a la región, fabricó nueve figuras de yeso cubiertas por telas blancas, a modo de fantasmas, y las distribuyó por la ruinosa capilla. Lejos de reconstruir San Jorge, lo que hizo Hadrava fue dotarla de un nuevo significado. En sus propias palabras, lo que buscaba era «representar las almas de los alemanes que fueron expulsados de aquí después de la Segunda Guerra Mundial», y que ahora por fin podían volver a casa, a su capilla, a las misas a las que asistían cada domingo. Era un medio para que nadie se olvidara de lo crueles que pueden llegar a ser los gobiernos, y lo vulnerables que se encuentran las personas ante ello.

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La noticia corrió como la pólvora, y gente de muchos kilómetros a la redonda acudió a contemplar las figuras. El revuelvo fue tanto que ahora San Jorge es conocida como La Capilla de los Nueve Fantasmas (y ello pese incluso a que Hadrava completó la escena con un total de treinta figuras, llenando casi todos los rincones imaginables de la estructura). Las espectrales imágenes han dado la vuelta al mundo, y muchas empresas turísticas ofertan rutas guiadas a la macabra iglesia en el corazón de la República Checa. Los lugareños están felices de esta sorprendente fama, y el dinero obtenido ha conseguido que reparen el techo y puedan volver a celebrarse misas en su interior… con los feligreses sentados entre las horrendas figuras de yeso diseñadas por Jakuv Hadrava.

Hay veces en que las leyendas, el miedo, el nazismo y el comunismo se confabulan a través de los siglos para acabar con un determinado lugar… y parece que sólo el capitalismo más feroz es capaz de salvar su techo. O el morbo de hacerse fotos en una fantasmagórica capilla checa del siglo XIV.

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Podéis ver un acongojante vídeo sobre esta iglesia haciendo click en este enlace.

Pásalo bien con más «Historias asombrosas de la vida real»  en este otro enlace.

Imágenes obtenidas de la web del propio artista, en este enlace.

Más información sobre la Capilla de los Fantasmas en este otro enlace de aquí.

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