¿Es útil la polémica para la carrera de un escritor?

El guerrero de Gor

Esta semana ha celebrado su cumpleaños el polémico autor de novelas de fantasía heroica John Norman, por lo que escribí un artículo para «Vigo é» acerca de su obra fundacional: «El guerrero de Gor». Puedes leerlo en este enlace.

Y entonces me pregunté si una enorme polémica fuera del mundillo literario servía de algo para la carrera de un escritor.

Norman es conocido por el enorme componente erótico de sus escritos, con frecuentes episodios de bondage y sadomasoquismo en sus páginas (BDSM: Bondage, dominación y sadomasoquismo). Son habituales las esclavas sometidas a sus amos, y con menor frecuencia también los esclavos. Hay personas libres en Gor, desde luego, y también relaciones de pareja de igual a igual, pero nunca se les muestra tan felices como a los otros. Eso ha generado, a lo largo de los años, un efecto doble: ha recibido críticas furibundas por parte de editoriales (algunas se negaron a publicar sus obras), congresos literarios (que rechazaron su presencia) y grupos de opinión (sobre todo feministas); mientras que se creaba a su alrededor un fandom poderoso, activo y dispuesto a defender sus planteamientos. Incluso existe una comunidad de nativos de Gor que pone en práctica en su día a día esas relaciones de amo/a y esclavo/a. Como es lógico, ambas posturas han encontrado su mejor lugar de expresión en la Red, y no es difícil encontrar páginas dedicadas a poner a caldo la saga de Gor y otras que enseñan cómo practicar todo lo que se cuenta en ellas. Y no parece que esta polémica haya sentado precisamente mal a la serie, que ya va por 34 volúmenes desde 1967 hasta la fecha, todos ellos obras de culto (u obras malditas, dicen algunos).

Polémicas externas a la literatura ha habido siempre, y seguirá habiendo. Una de las más recientes fue la de «Cincuenta sombras de Grey», de E.L. James, que generalizó el fenómeno del BDSM mucho más de lo que había hecho Gor, llegando hasta un público habitualmente ajeno a estos conflictos (y a veces incluso ajeno a la literatura). Millones de personas leyeron la trilogía, casi siempre más por morbo que por interés cultural, y luego fueron a ver las películas. La historia era sencilla: niña pobre e inocente enamorada de hombretón maduro, rico, malote y experimentado. Podría pasar por una más de las muchas telenovelas de sobremesa, y casi lo fue. Pero aquí lo de «malote» se refería a unos gustos sexuales un poco extremos, de los que ella terminaba por redimirlo, de una forma casi mágica.

50 sombras de Grey

La polémica crea booms de lectores, eso está claro. Pero ¿crea literatura? ¿O la sostiene a largo plazo? Ése es otro tema.

Últimamente ha habido muchas polémicas que implican a escritores y su participación en redes sociales: autores que contestan mal a sus lectores, divas literarias, comentarios xenófobos, machistas u homófobos (que de todo ha habido). Orson Scott Card (creador de «El juego de Ender», novela ganadora del Premio Nébula y el Premio Hugo) fue contratado por DC Comics para escribir la serie de Superman, pero la compañía le retiró la oferta a raíz de unos comentarios abiertamente homófobos del escritor, alegando que «alguien que piensa así no puede tener nada que ver con los ideales del Hombre de Acero»).

Y claro, al final mezclamos los ideales privados del autor con su obra, y el monstruo que fabricara el doctor Frankenstein acaba asumiendo el nombre de su creador, aunque en la novela nunca se le llame así. Y Norman y James acaban siendo el BDSM, y las divas literarias se convierten en sus propios personajes, y a Card le retiran el contrato.

Las redes sociales han reducido la distancia entre lector y autor hasta casi la nada. El problema es que hasta el autor más renombrado es una persona, y todas las personas tenemos nuestro lado malencarado, nuestra ropa interior vieja que nos ponemos para estar en casa, y nuestro día de chándal y coleta. Y no nos engañemos: en chándal y coleta todos perdemos una barbaridad, y más si te pillan con las bolsas del Mercadona y esa gabardina que tienes en el fondo del armario y que ya estaba pasada de moda cuando aún sonaba aquello de «Tigres, tigres, leones, leones…».

Algunos autores aprovechan esa cercanía electrónica para crear polémicas que alimenten su imagen de malote, polemista, torturado por el alcohol y los desengaños y, en general, escritor maldito. Pero eso no crea buena literatura.

Stephen King siempre dice que los secretos de su éxito han sido leer mucho y levantarse muy temprano para poder aprovechar el día en escribir. Joan Manuel Gisbert lleva años visitando colegios para fomentar el hábito de leer y de imaginar, no tiene la vida tumultuosa de Kiko Rivera. Y tampoco ha ido nunca a «Sálvame Deluxe» (que yo sepa, al menos).

Las polémicas crean booms, pero no carreras literarias.

Mi anécdota favorita en esto de las polémicas que venden libros es la de Christie Sims y Alara Branwen, creadoras del subgénero literario de la novela erótica con dinosaurios. En pleno éxito comercial de  «Parque Jurásico», estas dos estudiantes de la Universidad de Texas (son nombres artísticos, no sus nombres reales) empezaron a publicar en Internet breves novelas eróticas protagonizadas por mujeres que mantenían relaciones sexuales con dinosaurios. Los títulos eran explícitos: «Tomada por un T-Rex» «Cautivada por un triceratops». Más allá de lo rocambolesco de la idea, o de que sus portadas sean puro Photoshop cutre, el caso es que han vendido millones y se han hecho de oro. Todo el mundo reconoce que las obras en sí son infumables, pero han generado una polémica (muchos artículos las critican y muchos lectores las siguen) y han aprovechado un mercado editorial que nadie sabía que existía.

Hace muchos años, también se decía que los escritores de folletines y de revistas pulp eran malos, que sus novelas carecían de la más ínfima calidad, y luego resulta que de ahí salieron Dumas, Salgari, Lovecracft o Asimov. Así que igual no eran tan malos.

Pero es que ellos se dedicaban a escribir, no a meterse en líos.

Taken by the T-Rex

Más polémicas literarias, escritores malditos y explicaciones inútiles (pero no más sexo con dinosaurios) en este enlace.