Reseñas aventureras: «El perro», de Alberto Vázquez–Figueroa

Hay escritores cuyo nombre ya supone una garantía de calidad. Puedes adentrarte en cualquiera de las más de setenta novelas de Agatha Christie, las más de ochenta de Emilio Salgari o las alrededor de cuarenta de Arturo Pérez–Reverte con la tranquilidad de que no te van a fallar, pues incluso sus obras menores son excelentes.

Así ocurre con Alberto Vázquez–Figueroa, veterano autor de origen canario, especializado en novelas de aventuras. Periodista e inventor, ha recorrido todo el planeta y ha conocido la bondad más inmensa y la maldad más pura de las que es capaz el género humano. Su madre era la hija del farero de la isla de Lesbos, mientras que su padre fue un arquitecto socialista represaliado por el franquismo. Por esto último, pasó su infancia en el Sahara español, donde descubrió las novelas de aventuras. Se confiesa gran admirador de Joseph Conrad y Jules Verne, de los que aprendió el poder de la literatura para mostrar al lector los rincones más insospechados del mundo. Ha sido profesor de submarinismo, rescatador subacuático y amigo de Jacques Cousteau. Dio la vuelta al mundo en barco, trabajó como corresponsal de guerra en los lugares más conflictivos que pueda uno imaginar y presentó programas de televisión. Pero su labor más intensa, y por la que pasará a la historia, es la de novelista, donde ya ha publicado más de cien obras —y sigue en activo—.

Su especialidad son las novelas de aventuras en lugares exóticos, esas narraciones intensas que no eres capaz de soltar hasta la última página. Su manera de escribir gusta tanto y se ha vuelto tan célebre que ha sido traducido a numerosos idiomas y también adaptado al cine —a veces por su propia mano, en labores de guionista o director—. El desierto del Sahara, Arabia o la América de la conquista son algunos de sus territorios favoritos, en los que demuestra un dominio absoluto de cada región y de los trucos del buen escritor, que engancha al lector sin ofrecerle trucos de mago barato.

Hace años que tengo un propósito para cada verano: aprovechar los días de playa para leer un Salgari, un Pérez–Reverte y un Vázquez–Figueroa. Son los libros perfectos para ese momento de toalla y arena, la evasión completa, el aislamiento de los problemas del mundo. Pues bien, uno de esos tres ya ha caído.

Este año he leído «El perro», una de las obras menos conocidas de Vázquez–Figueroa, y que sin embargo es tan deliciosa como todas las demás.

La sinopsis ya es bastante demostrativa de lo que te puedes encontrar en sus páginas:

«En un penal de América Central, un preso político y un perro se observan fascinados el uno por el otro. Cuando el preso se evade tras herir mortalmente al guardián, el animal, condicionado por su amo antes de morir, se lanza en su persecución. Los dos adversarios se enfrentan en una lucha atroz e infatigable y, a medida que transcurren las semanas, se establece entre ellos una extraña complicidad, hecha de sentimientos tan opuestos como el odio y la autoestima».

Esta novela es una auténtica delicia. Expone de manera brutal los actos de represión que han tenido lugar en tantas dictaduras del mundo —lo que la vuelve tan universal que el autor ni siquiera pone nombre al país en el que transcurren los hechos—, pero además habla sobre las pequeñas revoluciones que ocurren en el interior de todos nosotros, sobre la búsqueda de la justicia social, los sueños utópicos de la adolescencia y el horror que pueden llegar a desencadenar algunos humanos. Habla sobre el mal en todas sus formas y cómo a veces los seres más inocentes pueden volverse colaboradores de ello. En este sentido, el perro —que tampoco recibe más nombre que Perro, en mayúscula, como una idealización de todos los perros de la historia— se convierte en el símbolo de esa transformación que realiza en nosotros la maldad, de cómo un régimen que venera la crueldad sobre otros seres puede sacar lo peor que llevamos dentro. El Hombre y el Perro se enfrentan en un duelo que se extiende a través de la mitad de Centroamérica y se prolonga durante varios meses, en una lucha a muerte que representa el clásico enfrentamiento entre el Bien y el Mal, pero esta vez con dos protagonistas que eran buenos en un principio, y a los que el horror cambió para siempre. Ellos han visto el lado luminoso y oscuro de la existencia, y en su guerra —guerra interna y guerra contra el otro, al mismo tiempo— se pone en juicio quién puede ganar, en último término. Si toda alma puede tener derecho a la redención, después de todo.

Y como ocurre siempre con este autor, el final es sublime, a la altura incluso de «Tuareg», su mejor obra y la más conocida. Un solo día de playa me ha durado, pero ha sido uno de los mejores días de mi vida. O por lo menos de los más intensos.

Más perros, viajes, juicios y novelas de aventuras en este enlace.

Reseñas aventureras: «The barbarian king: La espada rota», de Rosi, Landi, Panciroli, De Luca, Bragalini e Imbrauglio

Hay personajes que trascienden a sus propios creadores y se vuelven patrimonio de todos. Solo le ha ocurrido a unos pocos, pero logran convertirse en valores absolutos, más allá del medio en el que nacieron y de cualquier época concreta. Sherlock Holmes, Tarzán, Superman o Conan son ejemplos de esta curiosa situación.

El cimmerio fue creado por el escritor americano Robert E. Howard en el relato «El fénix en la espada», publicado en el número correspondiente a diciembre de 1932 de la revista Weird Tales. Pero su verdadera fama universal llegó a partir de los años 70, cuando Roy Thomas y Barry Windsor–Smith iniciaron una serie de comics basada en sus aventuras. Desde ese momento, Conan ha aparecido en cómic de manera ininterrumpida, con los lápices de grandes genios como John Buscema, Ernie Chan, Gil Kane o Cary Nord, y magníficos guionistas como el propio Thomas o Kurt Busiek. Cinco décadas de historietas de un nivel de calidad impresionante. ¿Queda algo por contar de las andanzas del bárbaro más famoso de la Edad Hiboria? ¿Y habrá algún loco dispuesto a asumir el reto de medirse con nombres semejantes?

Karras Comics ha iniciado la publicación de «The barbarian king», una serie revolucionaria por muchos motivos: es un Conan clásico, que se cimenta directamente en los relatos de Howard —en concreto, en «La torre del elefante», una de sus mejores historias y de las adaptadas al cómic con más frecuencia—; pero a la vez es rompedor, original y salvaje. El protagonista se aleja de los estándares establecidos por Buscema y es más duro, más feo y con más cicatrices, consecuencia de años luchando en los lugares más terribles. Las imágenes son más crudas, sin las limitaciones que impuso en su momento la censura, y abundan la sangre, los desnudos y la crueldad explícita. El dibujo es respetuoso con el clasicismo de la fantasía heroica y también experimental, sobre todo en las páginas dedicadas al brujo Yara. El cimmerio es un bárbaro de pleno derecho, pero su corte en Aquilonia también es un poco más brutal de lo que estamos acostumbrados a ver, con unas escenas bastante más sucias, más oscuras y más tenebrosas que en otras ocasiones. Y en el fondo parece muy adecuado, ya que estamos hablando de una civilización prehumana, erigida sobre la crudeza de las armas y el salvajismo de sus caballeros.

La historia es un derroche de aventuras: Conan ha alcanzado la tranquilidad como rey de Aquilonia, pero un viejo enemigo al que derrotó al comienzo de su vida como ladrón, el brujo Yara, regresa después de permanecer atrapado durante décadas en otra dimensión, y lo hace con un poder casi infinito. El bárbaro tendrá que enfrentarse al mal, el horror y la locura, lejos de la seguridad de su corte. Y esto no ha hecho más que empezar.

Los guionistas Massimo Rosi y Alessio Landi; los dibujantes Luca Panciroli, Federico de Luca y Alessandro Bragalini; y el colorista Marco Antonio Imbrauglio; con la labor inestimable de El Torres como adaptador de diálogos y la edición de Cristina Carrasco, la rotulación de Monkey Typers y el trabajo de Lucrezia Benvenuti en los logos y el diseño; asumen un tremendo desafío: producir un Conan nuevo para unos tiempos distintos, respetuoso y al mismo tiempo innovador.

Ya no estamos en 1932, ni el personaje nos llega desde una revista pulp americana. «The barbarian king: La espada rota» es el primer volumen de un cómic magnífico, de pura fantasía heroica, que se disfruta igual si nunca has leído nada del personaje como si lo conoces de toda la vida, y tanto si eres un fan acérrimo de este género literario como si no entiendes lo más mínimo de hechiceros, dioses y torres enjoyadas. Es una delicia, un entretenimiento honesto con el lector, y constituye uno de esos pequeños tesoros en cualquier colección de comics, de los que recomiendas sin dudar cuando alguien te pregunta qué puede regalarle a un amigo o qué leer para pasar un buen rato.

Karras Comics está haciendo una labor maravillosa en la edición de comics de fantasía, ciencia ficción y terror, un empeño que, en tiempos como los que vivimos, se vuelve casi heroico y desde luego muy admirable. Con El Torres detrás —lo que ya es una garantía de buen hacer—, están demostrando que vale la pena apostar por ciertas historias, ciertos autores y cierta manera de editar.

«The barbarian king» es una gran serie y su segundo volumen está ahora mismo en preventa. No hace falta decir nada más.

Otras historias de sangre y desnudos, otros bárbaros y hechiceros malignos, y otras locuras semejantes (o no), en este enlace.

Ya está aquí la Revista Inviable, con su número 4

Ya está a disposición del público el número 4 de la Revista Inviable. Igual que los anteriores, se ofrece de manera gratuita, como muestra del compromiso con la cultura que tiene este colectivo.

Esta es la vía de expresión de la llamada «Xeración illada», un colectivo de autores que merece la pena seguir.

En este volumen, correspondiente al mes de julio, podemos encontrar:

Valentín Barreiros escribe «Cincuenta aniversario do Cineclube Padre Feijoo», con una retrospectiva de este emblemático lugar.

En O Gabinete Fontenla de literaturas estrañas leemos «Más animes oscuros», una relación de series japonesas con un claro contenido macabro.

Eladio Medel firma «Izan velas», un poema corto y muy hermoso, de los que merece la pena leer con frecuencia.

Jorge Emilio Bóveda remata su serie de artículos sobre «As viaxes no tempo na literatura», con un buen listado de obras de ficción que tratan el tema.

Xerardo Méndez es el autor de «Un día de febreiro», una historia de ficción que narra cierto golpe de Estado desde una perspectiva poco corriente.

José A. Santos Guede nos ofrece en «José Laurentino Fernández» un breve vistazo a la vida de este caricaturista comprometido, que falleció demasiado joven.

Francisco J. Fontenla versiona en «Os familiares» un poema de H. P. Lovecraft y lo adapta a la idiosincrasia gallega.

Xerardo Méndez homenajea a José María Pérez Álvarez, «Chesi», en su artículo «En peligro de extinción».

En «Vivir para ver», de X. M. Pacho, vemos un relato sobre distopías y sobre cómo se tuercen las cosas.

Ramón Caride completa su serie «Autobiografía dun home ourensán na cultura», con visiones muy interesantes.

Eli Ríos, en «Nós, tamén», ofrece una historia muy sensorial radicada en Auria.

Jorge Emilio Bóveda escribe «Cultura raíña», un relato nada convencional.

César Lorenzo Gil firma «O bisavó escritor de Luz Pozo e a pandemia», un recuerdo muy especial para un autor poco conocido.

Francisco J. Fontenla es el autor de «A pantasma da fraga da neve», una historia de ficción sobre fantasmas y samurais.

Abraham Vila firma «Un grolo mortal: o caso do metílico», un artículo sobre la tragedia que sufrieron tantas personas en su momento.

Manuel López Rodríguez, en «Nós, tamén», aporta un poema muy significativo, sobre todo en estos tiempos.

Gustavo Peaguda escribe «Anxo de cinsa V» un relato–poema muy especial.

Y llegamos a los comics:

«Fiestra rachada», por Vault.

«Warmsee», por David G. Gándara.

Contenido de calidad y gratuito en esta revista que apuesta fuerte por la lectura, en un formato y con un ahínco que resisten incluso las peores crisis mundiales.

Clubes de lectura online: propuestas de julio

Como ya te había comentado en esta misma página, concretamente en este artículo, los clubes de lectura online son la mejor forma de garantizar el hábito de los libros, pero a tu ritmo, sin presiones. Ellos proponen una obra y tú vas abordándola con tranquilidad, sin ningún agobio.

Pues bien, estas son las propuestas que tenemos para el mes de julio:

Lecturas Fantásticas, Club de lectura de fantasía juvenil, tiene como obra del mes «La ciudad de los fantasmas», de Victoria Schwab.

Esta es su sinopsis:

Desde que Cass estuvo a punto de ahogarse (está bien, sí, se ahogó, pero no le gusta pensar en eso), puede correr el Velo que separa a los vivos de los muertos… y entrar al mundo de los espíritus. De hecho, Jacob, su mejor amigo, es un fantasma.

Así que las cosas ya son bastante extrañas en su vida, pero se van a volver más extrañas aún.
Cuando a los padres de Cass les ofrecen realizar un programa de TV sobre los lugares más embrujados del mundo, la familia parte hacia Edimburgo, Escocia. Allí hay tumbas, castillos y pasadizos secretos rebosantes de fantasmas. Y cuando Cass conoce a una chica que comparte su «don», se da cuenta de cuánto le queda por aprender del Velo… y de sí misma.

Cass tendrá que aprender rápido: la ciudad de los fantasmas es más peligrosa de lo que había imaginado.

Y este es el link a la página de la editorial.

En El Club de Lectura de La Sala de Espera, el mes de julio estará dedicado a Pierre Lemaitre, de quien recomiendan la reciente novela «Los colores del incendio».

Esta es su sinopsis:

Ambientada entre 1927 y 1933, esta continuación de las peripecias de la familia Péricourt se inicia con el funeral del patriarca Marcel, una ceremonia multitudinaria a la que asiste todo aquel que es, o aspira a ser, alguien en París. Sin embargo, las cosas no pintan demasiado bien para Madeleine, la heredera del ingente patrimonio familiar. Al suicidio de su hermano Édouard, el héroe desfigurado, el encarcelamiento de su ex marido estafador y la muerte de su padre, se añade la delicada situación de su hijo Paul, un niño de siete años que acaba de sufrir un horrible percance.

Así, en este momento tan vulnerable de su vida, Madeleine debe ponerse al mando de una entidad financiera con la más que dudosa ayuda de un apoderado resentido, un tío codicioso y gris con aviesas intenciones y un joven amante con ínfulas de periodista. Y todo ello en un ambiente de secretos, traiciones, chantajes y artimañas en el que buscadores de fortuna y politicastros sin escrúpulos medran sin control, ajenos a la inminente quiebra bursátil e inconscientes de la hecatombe bélica que se cierne sobre Europa.

Te dejo aquí un artículo publicado en Zenda con el comienzo en exclusiva de la novela.

Mientras, en el Club de Lectura de Novela Histórica van a leer «Las lágrimas de Isis», de Antonio Cabanas.

Esta es su sinopsis:

Antonio Cabanas, uno de los autores de novela histórica más vendidos en español, vuelve al Egipto milenario para narrar la historia de una de las mujeres más poderosas de la antigüedad: la reina Hatshepsut.

Esta es la historia de una reina que desafió al orden establecido para convertirse en el faraón más poderoso de Egipto. Gobernó en el momento de máximo esplendor del Antiguo Egipto, cuando su ejército era el más fuerte del mundo y el reino disfrutaba de gran prosperidad.

Carismática y con una personalidad arrolladora, dejó un inmenso legado artístico. Edificó la llamada Capilla Roja del enorme templo de Amón en Karnak, y de las canteras de Asuán mandó hacer los obeliscos más grandes que se habían erigido en Egipto hasta entonces. Pero fue su propio templo funerario su monumento más impactante: conocido en su época como «el sublime de los sublimes», su estructura en forma de largas terrazas y de rampas con suave inclinación le hacen fundirse a la perfección con la roca y el entorno.

Uno de los misterios en dicho templo radica en una pared en la que se puede observar por un lado a Hatshepsut en actitud amatoria y a Senenmut, el arquitecto, en el otro, como receptor de la pose amatoria de la reina, lo que deduce un íntimo vínculo (prohibido por su linaje) entre el arquitecto y la reina-faraón.

Con esta premisa el autor construye una historia en la que una magnífica historia de amor maldito se cruza con las ambiciones políticas y los juegos de poder. Pasión, ambición, conjuras palaciegas en una novela con una extraordinaria ambientación histórica y la exquisita sensibilidad estilística de Antonio Cabanas.

Te dejo un enlace a la página web del autor.

¿Y bien? ¿Qué te parecen estas opciones? Hay de todos los géneros, para que siempre tengas un libro a mano y disfrutes del mes entre líneas.

Más clubes de lectura y libros variados en este enlace.

Reseñas aventureras: «Batman: La saga de Ra´s al Ghul»

Estos días ha fallecido Denny O´Neill, uno de los mayores genios que ha dado el cómic de superhéroes. Por esa razón le dediqué este artículo en el periódico Vigo É. Pero de paso también he aprovechado para releer uno de sus trabajos más valiosos y con mayor trascendencia hasta nuestros días: «La saga de Ra´s al Ghul». Su trabajo con este personaje fue tan brillante, tan rupturista con todo lo que se venía haciendo hasta entonces y a la vez tan respetuoso con la historia del héroe que merece la pena dedicarle unas líneas.

Ra´s al Ghul apareció por primera vez en Batman #232, de junio de 1971. Fue una de las obras más importantes del dúo formado por el escritor Denny O´Neill y el dibujante Neal Adams. Ambos se habían propuesto recuperar las raíces del Hombre Murciélago, después de que la serie de televisión de Adam West y Burt Ward de los años 60 hubiera desvirtuado sus comics. Durante su larga etapa con el personaje, O´Neill y Adams asumieron de nuevo que Batman debía actuar siempre como un justiciero nocturno, con un código de valores estricto y unas grandes capacidades como detective. Volvía a ser una mezcla entre La Sombra y Sherlock Holmes, movido por una creencia fanática en su papel como héroe, que persigue a los malvados del mundo para que no haya más víctimas como sus padres.

Pero todo héroe necesita un gran villano y en los 70 Batman conoció al que sería su enemigo más peligroso: Ra´s al Ghul. Concebido como la mente criminal más poderosa del Universo DC, Ra´s aúna a personajes tan terribles como el profesor Moriarty —enemigo declarado de Sherlock Holmes— y el doctor Fu Manchú —la adaptación de Moriarty que hizo Sax Rohmer, versión «Peligro Amarillo»—, y también a Shiwan Khan, el antagonista de La Sombra. Ra´s es la mezcla entre el orientalismo que estaba tan moda en esa época y la preocupación por la ecología que tenía Denny O´Neill. Es el genocida que se comporta así por una buena razón —o por lo menos él cree que es una buena razón— y además lo explica de un modo bastante comprensible.

A diferencia de los otros villanos, Ra´s al Ghul —término árabe que significa «La cabeza del demonio»— no quiere dominar el mundo, porque en cierta forma ya lo domina a través de su organización criminal, «El demonio». No, él lo que quiere es salvarlo de la humanidad.

Nacido hace unos cuantos siglos en algún lugar de Oriente Medio, sirvió como médico de un poderoso sultán y, gracias a su posición, descubrió el secreto de las fosas de Lázaro, unos determinados lugares de la Tierra donde la energía primordial podía hacer resucitar a un ser humano. De esta manera obtuvo la inmortalidad, pero a cambio perdió a su esposa, cuando el hijo del sultán la estranguló en un arranque de locura. Desde ese momento se hizo llamar Ra´s al Ghul y se negó a sí mismo la posibilidad de amar a otra mujer. Se dedicó a formar un imperio clandestino que manipulara a los gobernantes y le permitiera conseguir una fortuna. Gobernó en secreto, por encima de reyes y emperadores, restituyendo de vez en cuando su juventud gracias a una nueva inmersión en la fosa de Lázaro.

Sin embargo, con la llegada de la Revolución Industrial, Ra´s entendió que el género humano había crecido más allá de lo permisible y que estaba dañando el planeta con sus máquinas. Por tanto, hacía falta eliminar a una parte considerable de la población mundial, para que el resto pudiera vivir en un mundo sano. De modo que su organización fomentó el inicio de las guerras mundiales y los otros conflictos del siglo XX, pero ni siquiera eso sirvió para sus propósitos. Hacían falta nuevas plagas como las que aparecen en la Biblia, nuevos horrores que superaran con mucho a las guerras.

Por suerte para el mundo, en la época en la que tuvo listas esas plagas ya había iniciado su carrera el Hombre Murciélago, que tomó como misión enfrentarse a los planes de Ra´s. Ambos estaban igualados en sus capacidades físicas y mentales, lo que hizo que la lucha se enquistara, con el agravante de un tercer personaje en esta historia: Talia, la hija de Ra´s al Ghul, que estaba enamorada de Batman.

Igual que ocurría en las historias de Fu Manchú, en las que la asesina Kâramanèh cambiaba de bando por amor al doctor Petrie, aquí Talia ama al Hombre Murciélago hasta el punto de traicionar a su padre. Eso hace que el genio criminal se replantee su conducta y acabe por ofrecerle al héroe la mano de su hija y el mando de su organización. Ra´s admira a Batman por sus habilidades y su tenacidad, aunque no compartan los mismos valores. La respuesta que le da el justiciero ha marcado el cómic americano durante cinco décadas.

Denny O´Neill y Neal Adams crearon un villano formidable que resumía a muchos otros villanos de la literatura popular. El triángulo afectivo, la lucha de lealtades, los valores de cada personaje y su propia capacidad de sobrevivir se ponían en juego número a número. Sensei, la Liga de Asesinos, el Tigre de Bronce o Damian Wayne son algunos de los elementos que rodean a un ser terrible, cruel y sin un asomo de piedad, capaz de los planes más inauditos para eliminar a la especie humana sin que le tiemble un solo dedo.

Porque, como ocurre con los mejores villanos de la historia, él cree que en realidad es el héroe, pero nadie ha comprendido lo que hace.

Más villanos formidables, peligros amarillos y otras locuras semejanes (o no) en este enlace de aquí.

Reseñas aventureras: «Rex Steele, Nazi Smasher», de Matt Peters y Bill Pressing

Hay historias tan divertidas, tan geniales y tan eternas que tienen que volver a la actualidad cada cierto tiempo, pese a todo.

Algo así es lo que les sucede a Matt Peters y Bill Pressing, los creadores de «Rex Steele, Nazi Smasher». Ellos se conocieron durante sus estudios en la Joe Kubert School of Cartoon and Graphic Art, en Dover, Nueva Jersey. Se hicieron amigos al instante y compartieron muchos de sus gustos, entre ellos los seriales cinematográficos de los años 30, auténticas joyas históricas que constituyen el antecedente más claro de las actuales series de televisión. En las primeras décadas del siglo XX se hicieron tremendamente populares esas producciones de unos quince capítulos, con historias tremendistas, aventuras locas, personajes planos y siempre un final abrupto, que dejaba al héroe en peligro mortal hasta la semana siguiente —el famoso cliffhanger, recurso que utilizan casi todas las series modernas—. Cada sábado, los niños de América acudían al cine para descubrir cómo se las había arreglado el protagonista para salir del apuro en el que lo había puesto el villano y en qué nuevas peripecias se vería envuelto. Flash Gordon, Fu Manchú, Terry y los piratas, el Zorro, Buck Rogers, Superman, Batman, el Capitán América, el Llanero Solitario o la Sombra son solo algunos de los muchísimos personajes que disfrutaron de su propio serial, cuando apenas habían pasado unos años desde que el cine contara con sonido.

Peters y Pressing soñaban con homenajear aquellos tiempos simples y puros de la narración, cuando los héroes arreglaban todo a puñetazos y los malos ideaban planes muy complejos que nunca llegaban a funcionar. El día en el que, en la escuela, les pusieron como tarea crear un cómic de tres páginas, ellos idearon a Rex Steele, el defensor de los valores de verdad, justicia y el modo americano de vida. En una época de bandos radicalmente opuestos como la Segunda Guerra Mundial, Rex viaja por todo el mundo desbaratando los planes del ejército nazi, siempre de forma heroica y en el último minuto. Él es la cabeza visible de E.A.G.L.E., una organización americana dedicada a fabricar armamento experimental para la guerra, como la giro–mochila aeromática alfa–9, un ingenio personal que permitirá que los soldados vuelen por sí mismos, sin necesidad de aviones. Rex se ocupa de custodiar la mochila, de la que pretende apoderarse Eval Schnitzler, uno de los mayores genios nazis. El enfrentamiento entre ambos resulta inevitable. Junto a Rex lucha Penny Thimble, la secretaria de E.A.G.L.E., mientras que Schnitzler cuenta con la mano ejecutora de Greta Schultz, una arrogante oficial dispuesta a todo.

Ese es el tono constante en las historietas de «Rex Steele, Nazi Smasher»: la aventura desenfrenada y simplista, con ciudades secretas, experimentos locos y resoluciones fuera de toda lógica. Rex siempre triunfa porque es el héroe, y eso conlleva una evidente burla hacia todo el género, tanto a las versiones de entonces como a las que hemos heredado. Indiana Jones, Rocketeer o Tom Strong son hijos literarios de aquellos seriales, igual que la obra de Peters y Pressing.

Rex Steele vio la luz por primera vez en 1999, en un cómic de solo tres páginas que se incluía en la antología Monkeysuit. En 2004, el director Alex Woo realizó un cortometraje basado en ese cómic, que sirvió para que los autores pudieran finalmente desarrollar al personaje y crear un total de cinco historietas cortas con distintas aventuras del héroe. Estas son las que Aleta Ediciones reunió en 2014 en un único tomo en tapa dura.

Peters y Pressing se ha convertido, con el paso de los años, en grandes figuras de la animación, trabajando para empresas tan importantes como Warner Bros Animation y Pixar. Pero nunca se han olvidado del héroe de mandíbula cuadrada y puños ágiles que crearon en la escuela, solo por diversión, y que luego ha dado tantas vueltas.

«Rex Steele, Nazi Smasher» es un cómic tan divertido que todo el mundo debería leerlo de vez en cuando, solo para desengrasar las neuronas y recordar los tiempos en los que no había más que buenos y malos, y las historias podían enganchar durante semanas, a base de unas buenas peleas y unos finales llenos de sorpresas.

Más héroes de puños ágiles y más cliffhangers en este enlace de aquí.

Reseñas aventuras: «Coraline», de Neil Gaiman

En estos días de cuarentena, una de las mejores formas de compartir lecturas con los demás es participar en alguno de los muchos Clubes de Lectura por Facebook que existen. Si no sabes de qué hablo, puedes encontrar información en este artículo que les dediqué.

Pues bien, uno de los más activos es «Lecturas fantásticas: Club de lectura de fantasía juvenil» (en el que podéis entrar mediante este enlace de aquí). El mes pasado leímos «Coraline», una de las obras más importantes de Neil Gaiman. Si tampoco lo conoces a él, tal vez sea porque llevas treinta años en un refugio antiatómico, sin contacto con el resto de la humanidad. No cabe otra explicación, porque Gaiman es uno de los escritores más reputados del mundo y merecedor de todos los premios imaginables.

De todas formas, te resumo que Neil Gaiman es un autor británico que ha revolucionado el mundo del cómic, la novela, el relato corto y el ábum ilustrado. Creador de auténticas maravillas como «The Sandman», «American Gods», «Mitos nórdicos» o «Stardust», ha vuelto a poner de moda el género fantástico, que gracias a él ha invadido los telediarios, las grandes superficies o las plataformas de streaming. Sus obras han sido adaptadas al teatro, la radio, la animación y el cine, siempre con éxito. Es una figura imprescindible en la historia de la literatura contemporánea y ha llegado a serlo gracias a su dominio, entre otras cosas, de las fuentes clásicas, que reinterpreta, adapta y convierte en productos nuevos, rabiosamente modernos.

«Coraline» es un ejemplo de esta premia. Gaiman publicó la novela en el año 2002 y por ella obtuvo los Premios Hugo y Nebula a la mejor novela corta y el Premio Bram Stoker a la mejor obra para lectores jóvenes. The Guardian la consideró una de las 100 mejores novelas del siglo XXI y en 2009 fue adaptada en forma de película de stop-motion, que también obtuvo un éxito considerable.

«Coraline» funciona como actualización de los cuentos clásicos medievales, con una bruja que devora niños, un gato con capacidades extrañas y un mundo secreto más terrorífico de lo que podría parecer. Comparte algunos elementos con «Las crónicas de Narnia» y, sobre todo, con «Alicia en el país de las maravillas», pero además Gaiman lo viste todo de fantasía, surrealismo y terror. Esta es la historia de una niña que se muda con su familia a un viejo caserón y descubre que hay una puerta que no se puede abrir. Eso, como es lógico, despertará su curiosidad hasta obligarla a encontrar la llave que le permita el paso. Sin embargo, lo que hay al otro lado resulta bastante más oscuro y siniestro de lo que ella habría pensado.

«Coraline descubrió la puerta al poco tiempo de mudarse de casa.

El dificio era muy antiguo: tenía un desván debajo del tejado, un sótano al que se accedía desde la planta baja y un jardín cubierto de vegetación lleno de viejos árboles de gran tamaño».

La novela empieza deprisa, con un orden que no tarda mucho en romperse y una niña aventurera que descubre un mundo similar al suyo, pero habitado por espíritus malignos que llevan décadas encerrando a otros niños como ella. La idea de un universo paralelo a modo de espejo forma parte de los clásicos de la literatura de fantasía y ciencia-ficción, pero aquí asume un tono mucho más siniestro, con una «otra madre» que planea atravesar los ojos de la protagonista con agujas de calceta y coserle unos botones en su lugar, para que no tenga más remedio que quedarse allí. De esta forma, se crea la metáfora de que en ese otro universo los muñecos de peluche se han convertido en amos de la creación y esclavizan a los humanos para jugar con ellos. Uno de los sueños más terribles que puede tener una niña como Coraline.

El propio Gaiman reconoció que esta historia surgió en su cabeza por un hecho casual. Estaba empezando a escribir un cuento sobre alguien llamado Caroline cuando por error tecleó el nombre con la a y la o cambiadas. Eso le hizo pensar en la manera tan simple en que un personaje puede convertirse en otro, que sería como un reflejo suyo pero a la vez diferente. Entonces, ¿quién era esa Coraline de la que había escrito el nombre? ¿Y qué tenía que ver con un espejo? A partir de ahí, su creatividad se disparó.

La novela muesta escenas terroríficas que pueden helar la sangre al lector. En este sentido, recuerda a las truculentas historias para niños de la Edad Media, cuando los cuentos servían para hablar sobre los terrores que había por el mundo. La propia frase de la primera página ilustra sobradamente la intención que tenía Gaiman: «Los cuentos de hadas superan la realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos (G. K. Chesterton)».

Una de las intenciones más loables que puede tener cualquier clase de narración.

Más gatos extraños, brujas con botones por ojos y casas misteriosas (o no) en este enlace.

La Biblioteca del Laberinto completa la saga de John Carter de Marte con «Llana de Gathol»

Por primera vez en mucho tiempo vuelve a estar disponible en el mercado español el ciclo completo de aventuras del capitán de Virginia John Carter durante sus frecuentes viajes al Planeta Rojo, cuyos habitantes denominan Barsoom. La Biblioteca del Laberinto ha llevado a cabo la edición más completa, respetuosa y de mayor calidad de las vistas hasta ahora.

Durante su vida, Edgar Rice Burroughs desempeñó los más diversos empleos: cowboy, buscador de oro, minero, aviador o corresponsal de guerra. Y en varios de ellos tuvo que llenar sus tiempos vacíos con la lectura de revistas pulp de fantasía y ciencia–ficción. Años más tarde reconoció que le había impresionado la baja calidad literaria que tenían aquellas historias, por lo que llegó a pensar que él mismo podría hacerlo mucho mejor que esos autores.

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Más guerreros marcianos, héroes de Virginia y aventuras a vida o muerte en este otro enlace de aquí.

Reseñas aventureras: «El pequeño hoplita», de Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte ha manifestado desde siempre un interés especial por transmitir lo que sabe a los más pequeños, no solo sus conocimientos, sino su fascinación por la historia, los clásicos, la épica y las aventuras. Consecuencia de ello han sido libros como «La guerra civil contada a los jóvenes» (con ilustraciones de Fernando Vicente) o su adaptación para ámbito escolar de «El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha».

«El pequeño hoplita» es una creación parecida.

Hace unos años, Pérez-Reverte creó una colección de álbumes ilustrados con las principales firmas del mercado literario de adultos, para que esos grandes autores se acercaran a lectores jóvenes y estos, a su vez, pudieran introducirse gracias a ellos en el universo de los mayores. Nombres como Almudena Grandes, Juan Marsé o Mario Vargas Llosa pasaron por allí y el evento fue histórico.

El primer álbum fue «El pequeño hoplita», obra del propio Pérez-Reverte y del impresionante ilustrador Fernando Vicente. El resultado es una joya de las que merece la pena guardar generación tras generación y releer cada cierto tiempo, para no perder de vista aquellos conceptos que siempre deben ser defendidos. Ambos autores mezclan la épica, el heroísmo romántico, el sacrificio y la defensa de los valores nobles en una historia corta basada en la de la batalla de las Termópilas. Aquí los espartanos vuelven a defenderse de los persas en un angosto espacio que decidirá su destino, y con el suyo, el de toda la civilización occidental. La libertad es el concepto que los une en una lucha que saben que no pueden ganar, pero es que ganar nunca fue el objetivo.

El punto de vista desde el que Pérez-Reverte y Vicente narran la epopeya clásica es la de un niño que sobrevive a la guerra, lo que aporta el matiz del legado, de lo que aquellos hombres dejaban atrás cuando marcharon hacia las Termópilas y qué pretendían que hicieran ellos. El heredero y el bardo se convierten así en piezas clave del acto heroico, pues gracias a ellos perdura el hecho hasta el infinito.

«El pequeño hoplita» es una narración de héroes que se enfrentan a la muerte con la cabeza alta, como aparecen en tantas otras obras de Pérez-Reverte; pero también es, y aquí viene la difícil mezcla, un cuento para niños, que enseña valores necesarios sin querer moralizar. Eso lo hace recomendable para ellos y sobre todo para leerlo con sus mayores cerca, para que puedan explicarles la verdad que hay en ese álbum ilustrado y por qué es necesario conocerla.

Una delicia que nunca pasará de moda.

Más locuras, hoplitas, reseñas e historias que merece la pena leer en este enlace.

Premios Rosa de los Vientos 2019 a las mejores novelas, comics y álbumes ilustrados

Con algo de distancia tras el final del año y de las fiestas navideñas, hago repaso aquí y ahora de lo leído durante el 2019. Ha sido un año intenso, con un reencuentro inesperado con Robert E. Howard o el descubrimiento de los comics de Thorgal. Aquí va el diario de lectura completo:

ENERO

«Una canica en la palmera», de Rafael Marín (dentro de la antología de relatos «Castillos en el aire»).

«El Barón Rojo», de Carlos Puerta y Pierre Veys (trilogía completa).

«Animales en general», de Gerald Durrell.

«El vagabundo», de Khalil Gibran.

«La peste escarlata», de Jack London.

«Memoria do silencio», de Eva Mejuto.

«70 trucos para sacarle brillo a tu novela», de Gabriella Campbell.

FEBRERO

«Cómo escribir ciencia–ficción y fantasía», de Orson Scott Card.

«Los amotinados del Bounty», de Jules Verne.

«Cartago en llamas», de Emilio Salgari.

«El secreto del orfebre», de Elia Barceló.

MARZO

«Tienes hasta las 10», de Francisco Castro.

«Gotham Central 6», de Greg Rucka y Kano.

«Gotham Central: Josie Mac», de Judd Winick y Cliff Chiang.

«El espíritu de la caverna», de Karl May.

«Los ladrones de cadáveres», de Robert Louis Stevenson.

«El misterio del Dr. Fu Manchú», de Sax Rohmer.

«Té verde», de Sheridan Le Fanu.

ABRIL

«El diabólico doctor», de Sax Rohmer.

«La leyenda del jinete sin cabeza», de Washington Irving.

«El secreto de Gaudlin Hall», de John Boyne.

«A voz das nereidas», de Santiago Lopo.

«Catwoman: El gran golpe de Selina», de Ed Brubaker y Darwyn Cooke.

«Hechos tocantes al difunto Arthur Jermyn y su familia», de H. P. Lovecraft.

«El faraón negro», de Christian Jacq.

«Gotham Central: Servir y proteger», de Ed Brubaker, Greg Rucka y Michael Lark.

MAYO

«El ladrón de la horca», de Bernard Cornwell.

«La torre del elefante», de Robert E. Howard.

«Relatos de piratas», de Arthur Conan Doyle.

«Trafalgar», de Benito Pérez Galdós.

«La hija del gigante helado», de Robert E. Howard.

«Piratas y traficantes», de Moira Butterfield.

«Iridium», de Francisco Castro.

«A lingua das bolboretas», de Manuel Rivas, con ilustraciones de Miguelanxo Prado.

«El dios del cuenco», de Robert E. Howard.

JUNIO

«El Capitán Trueno: Aventuras Bizarras», de Víctor Mora y Luis Bermejo.

«Elric de Melniboné», de Michael Moorcock.

«Historias para disfrutar con la Historia», de Fran Zabaleta.

«La ciudadela escarlata», de Robert E. Howard.

«La reina de la Costa Negra», de Robert E. Howard.

«El valle de las mujeres perdidas», de Robert E. Howard.

«Sombras de hierro a la luz de la luna», de Robert E. Howard.

«Villanos en la casa», de Robert E. Howard.

«El coloso negro», de Robert E. Howard.

JULIO

«Pez de plata», de Jorge Sosa.

«Moby Dick», de Herman Melville.

«Calaveras en las estrellas», de Robert E. Howard.

«Medio rey», de Joe Abercrombie.

«Sombras rojas», de Robert E. Howard.

«Kafka y la muñeca viajera», de Jordi Sierra i Fabra.

«Vindius, el guerrero del norte», de Luis Guillermo del Corral.

«El pequeño hoplita», de Arturo Pérez–Reverte.

«El diablo de hierro», de Robert E. Howard.

AGOSTO

«El samurai del rey: El camino de Levante», de Marcos Calveiro.

«Los Cambiados», de Simón Bellido.

«Es solo trabajo», de J. R. Plana.

«Las Crónicas de Narnia: El sobrino del mago», de C. S. Lewis.

«El pueblo del Círculo Negro», de Robert E. Howard.

«Los antropófagos de Zamboula», de Robert E. Howard.

«Nacerá una bruja», de Robert E. Howard.

«El juego de Ender», de Orson Scott Card.

«Ivanhoe», de sir Walter Scott.

SEPTIEMBRE

«Sidi», de Arturo Pérez–Reverte.

«Las fieras de Tarzán», de Edgar Rice Burroughs.

«El Coyote», de José Mallorquí.

«Bandolero y trovador», de Arnaldo Visconti.

«El oro del rey», de Arturo Pérez–Reverte.

«Espadas y nigromantes», de Fritz Leiber.

«Tarzán y los hombres leopardo», de Edgar Rice Burroughs.

«Los sirvientes de Bit–Yakin», de Robert E. Howard.

«Tarzán: El puente de las lágrimas», de Jaime Brocal Remohí.

OCTUBRE

«Roncesvalles», de Antonio Hernández Palacios.

«Escenarios fantásticos», de Joan Manuel Gisbert.

«El tesoro de Tranicos», de Robert E. Howard.

«O ceo das reixas», de Eli Ríos.

«Crónicas de la Torre: El valle de los lobos», de Laura Gallego.

«Thorgal: La maga traicionada», de Van Hamme y Rosinski.

«Tarzán: El barco de los dioses», de Jaime Brocal Remohí.

«DX», de Eli Ríos.

«La hija de Sherlock Holmes», de Salvador Rodríguez.

NOVIEMBRE

«Superman: El Hombre de Acero», de Brian Michael Bendis y diversos ilustradores.

«El último deseo», de Andrzej Sapkowski.

«El proceso Escorpión», de Marini y Desberg.

«Thor: El Carnicero de Dioses», de Jason Aaron y Esad Ribic.

«La Atlántida», de Pierre Benoit.

«Thorgal: La isla de los mares helados», de Rosinski y Van Hamme.

«Thorgal: Los tres ancianos del país de Arán», también de Rosinski y Van Hamme.

«Thorgal: La galera negra», del mismo equipo.

«Binti: Hogar», de Nnedi Okorafor.

DICIEMBRE

«De correctione rusticorum», de Fran Zabaleta.

«Legado de plumas», de Marina Tena.

«Elric: El trono de rubí», de Robin Recht.

«Superman: La saga de la unidad», de Brian Michael Bendis e Iván Reis.

«Belit de la Costa Negra», de Kate Niemczyk y Tini Howard.

«Más allá del río Negro», de Robert E. Howard.

«Tarzán», de Russ Manning.

«Alex Colt», de Juan Gómez–Jurado.

«El libro de la selva», de Rudyard Kipling.

98 lecturas en total, veinte más que el año anterior, incluyendo novelas, álbumes ilustrados y cómics.

Y entre todas estos tesoros, mis favoritos han sido:

  • En la categoría de novela: «Sidi», de Arturo Pérez–Reverte. La novela del año en todas las listas de ventas y con razón. Un retrato brutal, humano y (precisamente por eso) a la vez heroico del Cid Campeador, alejado del ensalzamiento patrio al que nos habían acostumbrado. Un personaje muy revertiano.
  • En la categoría de cómic: «Gotham Central: Servir y proteger», de Ed Brubaker, Greg Rucka y Michael Lark. Por su desarrollo de personajes complejos, humanos y extraños, en situaciones que se convierten en habituales para ellos, aunque a nosotros nos parezcan demenciales.
  • En la categoría de álbum ilustrado: «El Barón Rojo», de Carlos Puerta y Pierre Veys (trilogía completa). Por su increíble despliegue de ilustraciones hiperrealistas y un guion detallado, que se detiene en las impresionantes batallas aéreas y también en la personalidad del famoso aviador.

Una vez más, he cumplido de sobra mi reto de 52 lecturas para 52 semanas, que seguirá activo para 2020, y quizá incluso pueda llegar a las cien.

¿Y tú? ¿Qué vas a leer este nuevo año?

Más lecturas, héroes, premios y aprendizajes en este enlace de aquí.